Los ‘no tan nuevos’ Denver Nuggets


Dejando a un lado el mercado de cortados protagonizado por Lakers y Nets, Denver es el candidato al anillo que más se ha reforzado durante la ventana de traspasos. Los Nuggets aprovecharon la desintegración de Orlando Magic para hacerse con los servicios de Aaron Gordon a cambio de Gary Harris, RJ Hampton y una primera ronda protegida para el draft de 2025.

Desde el primer momento, la operación parecía una gran noticia para todas las partes. Denver recupera un perfil que han echado de menos durante toda la temporada tras la marcha de Jerami Grant en la pasada agencia libre. Y Aaron Gordon llega a un contexto que le aliviaba de carga en la creación de juego, lo cual podría ayudarle a tapar carencias mientras sacaba a relucir sus virtudes.

Impacto inmediato

El alero tan solo ha jugado tres partidos con su nuevo equipo, pero ya deja muestras de lo que puede significar esta unión. Centrarse en su aportación numérica puede dejar un poco frío, ya que suma 11 puntos y 4 rebotes por noche. Sin embargo, los Nuggets funcionan como un reloj con él. En los 84 minutos que ha estado en pista, Gordon registra el mejor rating ofensivo y defensivo de todos los jugadores que suelen formar parte de la rotación. Esto implica que por cada cien posesiones, Denver es 29 puntos mejor que sus rivales cuando juega su nuevo alero titular.

Pero lo interesante es ver cómo impacta su presencia en cancha, pues parece llevar toda la vida jugando en el sistema de Mike Malone. En Orlando, Gordon se veía perjudicado por la falta de jugadores que generasen ventajas para el resto, especialmente tras la lesión de Fultz. Ahora, la presencia de Jokic y Murray le relegan a un papel de anotador de apoyo que apenas le pide juego con balón y autosuficiencia. Gracias al juego de cortes que alimenta el pívot serbio, el alero puede explotar su ventaja física atacando el aro sin balón en una zona que el esquema tiende a vaciar.

El cambio ya se ha hecho notar. Gordon tira menos y con mayor acierto. De 11,7 tiros ha bajado a 8,7, convirtiendo solo un 0,1 menos —de 5,1 a 5—. En parte debido a que casi todos sus lanzamientos llegan en acciones sin bote y más de la mitad de estos a menos de tres metros del aro. El único debe se encuentra en el apartado del tiro es el triple, donde también tira menos —de 4,5 por partido a 2,7— pero con un pobre 25% de acierto. Aunque si se acerca al 32% que promedia durante su carrera —alcanzando cifras cercanas al 37% en las dos últimas temporadas— podría suponer otra gran noticia para su nuevo equipo.

Los grandes números ofensivos de Gordon coinciden con un momento especialmente dulce de Michael Porter Jr. y lo que parece un repunte en el rendimiento de Jamal Murray. Después de ser uno de los protagonistas de los últimos playoffs, el base estaba dejando una temporada con más destellos que regularidad, obligando a que Nikola Jokic asumiese muchos más tiros que otras temporadas. El pívot ha cumplido más que de sobra con una temporada que le coloca como aspirante al MVP. Pero de cara a postemporada, los Nuggets necesitan una versión de Murray como la que se ha dejado ver las últimas semanas.

Músculo y centímetros para sumar atrás

Vaticinar su encaje en ataque no era muy complicado. El equipo de Nikola Jokic es el lugar perfecto para cualquier pieza con el anhelo de descargarse de responsabilidades ofensivas. Más llamativa resulta la mejora automática que experimenta el equipo con su llegada a la parcela defensiva. Denver ha pasado de recibir 111 puntos por cada cien posesiones a recibir tan solo 104, pasando de la 16ª mejor defensa a la 7ª. De hecho, desde el All-Star las prestaciones defensivas del equipo habían bajado hasta el puesto 21 de esta lista.

La introducción de Gordon en el sistema defensivo añade un físico portentoso a una defensa que defiende más por acumulación de kilos y centímetros que por fundamentos defensivos como tal. Aaron no es ningún especialista, pero sumarle a una rotación basada en el cambio defensivo con perfiles como Michael Porter, JaMychal Green, Will Barton o PJ Dozier, todos aleros de envergadura que pueden defender casi cualquier posición en cancha, hacen que el bloque sea difícil de mellar. Concretamente para equipos de marcado carácter exterior, ya que chocar en cada bloqueo con jugadores así acaba desgastando. No es casualidad que las victorias hayan llegado contra los Hawks de Trae Young, los Clippers de PG y Kawhi y unos Sixers sin Embiid. A estos últimos anulándoles completamente en su juego a media cancha.

El salto cualitativo en defensa puede suponer un factor clave de cara a los posibles enfrentamientos contra la élite de la Conferencia Oeste. Jazz, Suns y los ya mencionados Clippers, son equipos que, especialmente en playoffs, van a depender de sus exteriores. A los que sumar Dallas o Portland, y el año pasado se vio cómo Denver le puede seguir el ritmo ofensivo a quien sea en postemporada. Estando así las cosas, la única amenaza que se atisba irresoluble es la misma que el año pasado: unos Lakers con Davis sano. Emparejamiento en el que quizás la llegada de McGee pueda aportar, aunque ahora mismo sea una incógnita.

Aún así, a Denver todavía le queda un mes de competición para ver cómo el equipo de dorado y púrpura cae posiciones sin sus dos estrellas, alejando el que ahora mismo sería su enfrentamiento en primera ronda. La llegada de Aaron Gordon; la mejora de Murray y Michael Porter Jr y el nivel MVP de Nikola Jokic hacen que en la recta final de Denver solo quepa el optimismo.

(Fotografía de portada de Ashley Landis – Pool/Getty Images)


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