Los peores contratos firmados en el mercado de 2018


La época veraniega se presta como ninguna otra a establecer juicios de valor sobre determinados movimientos. La temporada de traspasos hace que se viertan diversas opiniones sobre cada fichaje, pero, estén más o menos justificadas y cimentadas en datos y sensaciones, solo el tiempo acaba permitiendo saber cuáles fueron acertadas y cuáles no. Nadie como él determina si aquel jugador en cuya explosión se confió estaba realmente sobrepagado, si tenía sentido apostar por ese otro jugador veterano, o si era necesario añadir a un hombre a esa posición.

Precisamente por eso, ahora que ha pasado un año, es hora de repasar lo que se hizo en la agencia libre de 2018, arrancando por los peores contratos firmados en la misma. ¿Qué incorporaciones han funcionado peor en relación calidad/precio? ¿Cuáles se han vuelto tóxicas antes de lo esperado? Vamos con ello.

Chris Paul

Tras quedarse a las puertas de eliminar a los Warriors en los playoffs de 2018, Houston tiró al casa por la ventana para dar continuidad al proyecto y renovó por un contrato máximo a Chris Paul. Ya en su momento se intuía que este acabaría volviéndose tóxico, pues el base llegaría a los 36 años con un salario de unos 44 millones de dólares, pero la idea era clara: sacrificar el medio-largo plazo para seguir siendo una potencia en el presente. Algo así como lo que han hecho los 76ers con Horford.

La cuestión es que ni eso se cumplió. CP3 jugó la peor temporada de su carrera, los Rockets se quedaron lejos de ser los de la 17/18 (no solo por su culpa, claro está), y su contrato pasó a convertirse en una carga pesadísima de la que Morey logró librarse recientemente con el traspaso de Westbrook. Ahora es OKC quien carga con él, y, aunque todo apunta a que su intención es darle salida, cuesta imaginar a muchos equipos a quienes les compense hacerse con Paul en estas condiciones. De hecho, los rumores ya apuntan a que el base arrancará la temporada en Oklahoma dadas las dificultades para encontrarle un nuevo destino.

DeAndre Jordan

Tras llevar años queriendo hacerse con sus servicios, los Dallas Mavericks incorporaron por fin a DeAndre Jordan a su plantilla, a quien firmaron por ni más ni menos que 23 millones de dólares. Es cierto que los texanos, que contaban con una plantilla muy joven y barata, podían permitirse sobrepagar a algún veterano que pudiera dar un impulso, pero incluso partiendo de esa premisa no tardó en hacerse evidente que el pívot no encajaba en aquel proyecto. De hecho, a mitad de curso fue traspaso a los Knicks, que por aquel entonces aún soñaban con ser un superequipo en 2019 y recibían con los brazos abiertos a cualquier jugador cuyo contrato terminase el pasado mes de junio.

La cuestión es que este contrato parece haber sido incluso más perjudicial para el propio Jordan, quien, al ser expiring, dio muchas veces la sensación de jugar solo para engordar sus números. Esto sumado al hecho de salir de un entorno competitivo como los Clippers le hizo perder bastante caché, y pasó de ser un jugador bastante codiciado a uno por el que muy pocos parecían dispuestos a apostar. Es más, según indican los rumores, su fichaje por los Nets este verano se debe más a factores personales (su buena relación con Durant) que deportivos.

Dwight Howard

Lo que a priori parecía una apuesta poco arriesgada no tardó en convertirse en el enésimo patinazo de unos Wizards que no levantan cabeza. Pese a estar lejos de su prime, Howard se presentaba como una incorporación interesante capaz de dar un plus a la plantilla, pero las cosas se fueron torciendo a medida que sus problemas físicos se iban confirmando como más graves de lo que parecían. En total, Dwight solo disputó nueve partidos en todo el curso, y dio más problemas que beneficios a un vestuario en el que no reinaban precisamente la paz y la tranquilidad.

Este verano, a falta de otras opciones, Howard ejerció su player option de 5,6 millones, una cifra que hoy en día nadie parece dispuesto a asumir. De hecho, los capitalinos traspason al pívot a Memphis hace unos días, y todo apunta a que es cuestión de tiempo que los de Tennessee opten por rescindir su contrato. Veremos si estamos ante un Carmelo Anthony 2.0 o si todavía hay alguien que cree que merece una oportunidad.

Tyreke Evans

Suena raro decirlo hoy en día, pero cuando Tyreke Evans aterrizó en Indiana estaba llamado a ser el hombre que diera un impulso definitivo a la franquicia. Su rendimiento en los Grizzlies había sido maravilloso, y nadie dudaba de que su aportación desde el banquillo haría de los Pacers uno de los equipos más completos del Este. Los 12 millones de dólares anuales que firmó estaban más que justificados.

Ver para creer. Si bien los de McMillan firmaron una campaña espectacular, echaron en falta la aportación del que parecía destinado a ser uno de los mejores sextos hombres de la competición, especialmente tras la lesión de Oladipo. Para colmo, la NBA le ha sancionado con dos años de inactividad por violar la política antidrogas, culminando un descenso en picado de lo más decepcionante.

Aaron Gordon

El tema de Gordon es delicado, ya que hace un año apuntaba bastante más alto de lo que lo hace ahora mismo y la apuesta de los Magic resulta en parte comprensible en una época en la que los salarios de 20 millones anuales están casi a la orden del día. El problema no es tanto el contrato en sí como las implicaciones que este puede tener de cara al futuro de una franquicia en la que el alero ya no parece llamado a ser el líder.

Orlando está en una especie de medio camino entre el proyecto actual (Aaron, Vucevic, Ross) y el de futuro (Isaac, Bamba, Fultz), y si bien estos últimos no han terminado aún de explotar tienen tiempo y potencial de sobra para acabar llegando al nivel que se esperaba de ellos. Si esto ocurre, será entonces cuando el salario de Gordon puede acabar siendo una molestia de cara a las renovaciones. No obstante, el alero es aún un jugador joven, y si bien viene de un año relativamente decepcionante está a tiempo de seguir creciendo y volver a hacernos cambiar de opinión sobre este contrato.

(Fotografía de portada: Matthew Stockman/Getty Images)


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