Phoenix Suns: cuánto mimbre y qué pocas cestas

El despropósito se ha instalado en los desérticos parajes de Arizona. Por lo menos, en el lado más naranja del prisma. Sería irrisorio negarlo. Phoenix es uno de los equipos que pasa por esa fase de reconstrucción que ya viene durando unos años sin encontrar aún algún resultado colectivo tangible. Y es en esa palabra, colectivo, en la que hay que centrarse.

Los Suns, una franquicia no de las clásicas pero tampoco de las más modernas, es una de las que están por encima del 50% de victorias (a día de hoy, 2144-1820) y ha tenido dos etapas de gloria por encima de cualquier otra. Una es en la que estuvo inmerso Charles Barkley, más tirada al individualismo y aura de El Gordo, y otra en la que Steve Nash fue el epicentro de un auténtico terremoto que ha dejado tocado -para bien- a una generación entera de espectadores. Son dos modelos, dos formas de llevar un equipo, pero dos ejemplos que no son los de hoy en día.

, el dueño de la franquicia, es un millonario de esos que busca el constante éxito. Vamos, un millonario cualquiera. Y en el deporte encuentra esa dualidad entre pasión trivial y rentabilidad económica. El hombre hace lo que puede. Según ha calificado ESPN esta temporada, es el peor propietario de la . Ahora también compagina Phoenix Suns con el R.C.D. Mallorca de la liga española de fútbol. A equiparar dónde tiene más problemas…

Lo de los Suns es, en buena parte, una crisis de identidad. La época del run&gun en la que Mike D’Antoni era el director de orquesta está todavía fresca en la retina porque en una década no han tenido otros referentes. Ahí tenían una idea clara de juego, ir a por todo y con todo en ataque para ir despiezando al rival a base de abrasarle a puntos. Cuando el equipo se fue diluyendo ya en la segunda decena del siglo, con Alvin Gentry como coach, los rescoldos del fuego se mantenían calentitos y el estilo se podía ver en algunas facetas, pero eso ya ha acabado. Jeff Hornacek fue alabado por su trabajo allí, pero estuvo lejos de lograr algún resultado. Ahora el marrón es para , que además se está enfrentando a su primer trabajo como entrenador-jefe en la NBA. Todo un reto por delante.

Excesiva juventud

Tras los últimos acontecimientos históricos en la franquicia, sucedidos en los últimos 15 días, como los 70 puntos de Devin Booker en Boston, las preguntas como ésta no dejan de surgir. ¿Y qué es lo que verdaderamente le falta a los Suns para subir un peldaño en la escalera del nivel? Por separado están destacando muchos de sus jugadores, pero en conjunto, por ahora, son una calamidad.

La falta de gen competitivo dada la temprana edad que muchos de ellos tienen todavía es una gran razón. Falta de poso, experiencia y oficio, algo que no deja de ser exculpable. Pero en esta juventud extrema, que ha tenido su punto álgido hace unos días cuando Watson alineó el quinteto titular de menos edad en toda la historia de la NBA, hay lagunas. Por equiparar, hay otros dos equipos como Milwaukee Bucks o Minnesota Timberwolves que son igual de jóvenes pero con mucha mejor proyección de cara a la opinión pública como plantillas que pueden llegar a hacer algo grande dentro de unos años si siguen así. ¿Por qué no en los Suns?

Un proyecto no puede estar compuesto sólo por jóvenes. Ni siquiera los que están empezando a reconstruir, ni siquiera los que empiezan de cero. Por mucho que el núcleo sea ése, el de chicos que aún tienen acné juvenil, no puede ser una dirección única. Y en Phoenix está pasando eso. La sapiencia que pueden transmitir los veteranos es lo primerísimo, algo por donde comenzar los cimientos. La sabiduría que se transmite en esas relaciones entre jugadores viejos y jóvenes, como la que se establece cuando un padre enseña a un hijo, no se paga con subidas salariales.

Los Suns tienen a dos jugadores como Bledsoe y Knight que ya llevan años y encima son realmente buenos, aunque se opacan por jugar en el mismo puesto. Y Leandrinho Barbosa y Tyson Chandler (y Dudley casi también) ejercen como veteranazos, esos a los que dirigir la mirada para saber si estás haciendo algo mal o no. Pero… para de contar… porque no hay más. Es poco. Cualquier estructura de este tipo no se mantiene así. No estamos hablando ya de meterse en playoffs ni nada de eso, es no hacer el ridículo. Si no fuera por las exhibiciones individuales puntuales, lo hubieran hecho y en gran medida.

Lo que dicen los números

El gran valor de los equipos que destacan por su aspecto ofensivo y llegan a ser históricos es que, en algún punto, no descuidan la defensa. En el caso de estos Suns, ni una cosa ni la otra.

Diseccionemos un poco su ataque: son el segundo equipo que más faltas fuerza (22,2) y no les sirve para nada; también son el segundo equipo que más tiros de campo lanza (88,2) pero sólo desde cerca; es el equipo que más tiros de dos asume y el que más tiros libres convierte, pero en ninguna de las dos facetas están entre los mejores; y el pánico al ttiple, sabiendo que no destacan en ello, les condiciona a directamente no mirar aro desde lejos (cuarto equipo con menos triples lanzados y encestados, primero en menor porcentaje de puntuación llegando por esa vía); ser un equipo que destaca en rebotes y robos le saca de muchísimos apuros.

La forma de atacar es, por lo menos, sospechosa. Porque no tiene sentido. Para empezar, un equipo con un engañoso muy buen ritmo anotador, dado porque tiene más oportunidades que otros, pero con ritmo de juego entrecortado por faltas recibidas y cometidas, donde tienen uno de los volúmenes más altos. ¿Corres o no? Se equiparan a los Warriors como equipos cuyo mayor porcentaje de puntos les llega al contraataque, siguiendo esa filosofía del run&gun, pero no son equipo: el ratio de asistencias es el peor (14,4) y la comparativa en asistencia por pérdida es la peor (1,25), sólo los Raptors tiene peor porcentaje de asistencias. Sin filtro.

Y de la defensa, mejor no hablar. Pero por cumplir el expediente… Para empezar, son el equipo que más puntos recibe (112,9). Pero lo malo es la actitud, que reproducen cosas en defensa que les dan ventajas en ataque o al contrario, dejan huecos donde a ellos no les dejan. Expliquemos: son el equipo que mejor porcentaje en triple permite (38,3%); después de correr para un lado no lo hacen para el otro, porque sólo los Lakers permiten más puntos en transiciones rápidas (16); y, tras robar y no aprovecharlo, les roban a ellos el balón y se convierten en el 4º equipo que más puntos deja escapar en ello (18,1).

Phoenix espera más

La mejor temporada de Eric Bledsoe, con un peso capital en la sostenibilidad de la temporada. En Marquese Chriss se ve a un interior duro y concienzudo, un pelín problemático, pero con habilidad por encima y por debajo del aro. Tyler Ulis debuta con un buen rendimiento y T.J. Warren hace números de titular consolidado pese a no serlo. Dragan Bender es un proyecto aún por hacer, se le concede el beneficio de la duda tras una complicada temporada como novato. Tyson Chandler recuperando el buen tono de poste que tenía hace ya algunos años. Derrick Jones, sabiendo que un rol pequeño pero potente es lo que conviene. Devin Booker haciendo historia, sin más ni menos.

Hay mimbre de sobra. Falta que se materialicen en cestas.

Son un grupo joven, inexperto pero con unos resortes estilísticos y de calidad en la más pura expresión que da opción a mirar un poco más allá del tanking. Un poco más de brega, algún jugador de los que pelea a la extenuación y gente que sepa de vestuarios de este estilo, un pelín lánguido, haría que los Suns fueran considerados un poco más peligrosos por los rivales de la fuerte Conferencia Oeste.


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