Episodios III y IV de The Last Dance


(Esta serie de textos fueron publicados durante la emisión de The Last Dance en extranbamaniacs.com y los recuperamos ahora para que los pueda leer más gente).

El 3 de enero de 1997 me estaba muriendo. Una meningitis, no recuerdo ya si bacteriana o vírica, estaba acabando conmigo. Me trasladaron a la UCI y advirtieron a mis padres: hay muchas posibilidades de que su hijo no lo cuente. Un día después estaba mucho mejor. El tratamiento de emergencia surtió efecto y mi cuerpo respondía. Superada la jornada más crítica, en aquel momento me quedaban solo 48 horas de UCI y doce días más de hospital, pero entonces yo eso no lo sabía y para esta historia no tiene mayor importancia.

El caso es que mi padre, en uno de esos dos ratos diarios que dejaban acceder a los familiares a la UCI, entró a verme y me dijo que cuando saliésemos de esa me llevaría a Chicago. A ver a los Bulls de Michael Jordan. 

“Imposible”, contesté. “No se pueden conseguir entradas. Está todo vendido y además sería carísimo. No podemos hacerlo”.

“Lo intentaremos, te lo prometo”, concluyó él antes de irse a El Corte Inglés con la tarjeta a plazos a encargar regalos sorpresa para los Reyes Magos.

A mis 17 años yo no tenía trabajo ni dinero para hacer un viaje así. Mi padre tampoco podía asegurar que me llevaría a Chicago por mucho que le gustase complacer el que entonces era mi gran sueño. 

Entre los antibióticos y los médicos salí de aquella prueba sin mayor esfuerzo por mi parte que tener que aguantar en el hospital quince días de hastío y algunos dolores. Yo había hecho mi parte, pero mi padre tenía casi imposible cumplir con la suya. Así que terminó la temporada 1996-97 en la NBA y yo celebré el título de los Bulls en el salón de mi casa diez días antes de hacer la Selectividad mientras seguía sin saber que la pizza más famosa de Chicago era muy diferente a cualquier cosa que me imaginase

La siguiente campaña, la de The Last Dance, también acabó igual: conmigo dando botes a las 5:50 de la mañana y de paso despertando a mi padre. Apareció en el salón para ver por qué su hijo estaba haciendo muchísimo más ruido del necesario y yo le conté con una excitación incontenible que acababa de pasar ésto:

Le estaba explicando cómo había sido el último robo y la última canasta de Michael Jordan con la camiseta de los Bulls. No habría más.

Año y pico después de la noche del sexto anillo mi padre y yo estábamos a las puertas del United Center el día de Acción de Gracias a las nueve de la mañana. No había partidos NBA en Chicago porque los Bulls estaban en su tradicional circus trip camino de San Antonio y al ser Thanksgiving todo estaba cerrado. Tuvimos que hablar con el guardia de seguridad para contarle la típica batallita que para ti es la más importante del mundo y para el que se lo cuentas no significa nada:

—Buenos días. ¿Podría dejarnos pasar al recinto para acceder a la estatua de Michael Jordan?

—…

—Es un día raro, sí, pero es que venimos aposta desde España a ver la estatua.

—…

—No podemos volver otro día, mañana volamos.

—… Ok.

De los Bulls de Jordan ya solo quedaba el recuerdo y una estatua a 6.500 kilómetros de nuestra casa, pero fuimos allí porque no ir no era una opción. Mi padre lo había prometido. Y yo por fin planté los pies en el lugar que me había quitado el sueño desde hacía solo un lustro porque antes no existía.

Elio en Chicago.jpg

Episodios III y IV

Sobre Doug Collins y el cambio de entrenador

No voy a ser yo quien diga que en este documental se están contando mentiras si son los propios protagonistas quienes lo están recordando. Sin embargo creo que se ha vendido que el cambio de Doug Collins por Phil Jackson sirvió para que Jordan compartiese más el balón y anotase menos. Al final puede ser que lo más que influyera fuese la propia evolución de Jordan. Jordan nunca promedió más asistencias que las que dio en el último año de Collins (8 por partido, décimo de la NBA) y repartió más con Collins en tres años (6,2) que en cada uno de los dos three-peats (5,7 y 4). Por no decir que Jordan siguió siendo el máximo anotador de la NBA en las siete temporadas que le entrenó Jackson.

Plot twist: cuando Jordan volvió al baloncesto en 2001 eligió a Doug Collins como su entrenador en los Wizards.

La hartura de Jordan y de todos

Otro de esos momentos que no habíamos visto antes. El equipo del documental está grabando en el vestuario mientras Jordan habla con un periodista.

—Me hiciste un favor con ese artículo el otro día. Te lo agradezco.

—¿Qué artículo?

—El que dice que dejen de preocuparse por lo que vaya a hacer y vivan el presente. No se preocupen por el año que viene. Déjenle en paz. Dejen de preguntarle sobre lo que va a ocurrir. 

—Yo también estoy harto de ello. 

—Estoy hartísimo. Voy a dejar de hablar con vosotros.

—Simplemente di “siguiente pregunta”.

—Si vosotros ya no lo hacéis, son los de las otras ciudades. Es eso lo que me mata.

De ahí salta la imagen a no sé cuantas preguntas iguales en diferentes ciudades a lo largo y ancho de Estados Unidos. Oakland, Atlanta, New York. ¿Es la última vez que vendrás a la ciudad? ¿Es la última vez que vendrás a la ciudad? ¿Es la última vez que vendrás a la ciudad?

A Jordan se le ve con buena cara ante las cámaras y en la mayoría de las ocasiones sonríe al oír las preguntas. Pero cuando finaliza una de las sesiones ante los medios se ve que abandonando el corrillo de periodistas le cambia el semblante. Está harto.

Como Phil Jackson de entrenar durante nueve años sin descanso. Como Scottie Pippen de la directiva. Como los periodistas de Chicago de Rodman y Rodman de los medios según se desprende de sus declaraciones emitidas en el episodio III: 

“En este equipo no es solo baloncesto lo que tenemos que soportar. Es la presión de todas las mierdas de alrededor. Yo jugaría gratis, te pagan por toda la mierda que tienes que soportar tras salir de la pista”. 

Es muy difícil pensar que hubiese podido haber un intento de séptimo anillo.

Carmen Electra

Tras Madonna, la novia más famosa de Rodman fue Carmen Electra, presencia inesperada al comienzo del episodio IV. La que fuese playmate ha hablado con Los Angeles Times y nos deja unas cuantas perlas que reproduzco aquí sin añadir yo mucho más por mi parte:

“Me invitó a un partido en Chicago y al poco ya estábamos enamorados”.

“En esa época tenía veintipico años. Me encantaba beber e ir a las discotecas. Me convertí en uno más de los chicos del grupo”.

“Un día los Bulls no tenían entrenamiento y Dennis me dijo que tenía una sorpresa para mí. Me vendó los ojos y nos subimos a la moto. Cuando me quitó la venda estábamos en el centro de la pista de entrenamiento de los Bulls. Fue una locura, como dos niños en una tienda de caramelos. Comimos unos helados de la nevera y tuvimos sexo por todo el maldito lugar. En la sala de fisioterapia, en la sala de pesas. Obviamente en la pista. (Risas). Siendo honesta creo que Dennis no entrenó tan duro jamás en su vida”.

(Spoiler: es probable que veamos a Electra de nuevo en el episodio X ya que estuvo dentro del vestuario de los Bulls cuando ganaron el título).

La migraña de Pippen

—Ese es el partido de la migraña de Pippen, ¿verdad?

Michael migraña Pippen.jpg

Muchos no habían oído hablar de esa historia hasta hace poco (lógico, ocurrió hace 30 años), pero en su momento fue uno de esos partidos que quedan en el recuerdo por algo extraño.

El 3 de junio de 1990 Pippen coqueteó con el hundimiento de su carrera. Hizo un partido nefasto a causa de una migraña y su dolencia se vendió como una debilidad. Algo tipo ¿Ves? Este tío no vale para los momentos difíciles. Vuelve a mirar la cara de Jordan en la imagen que tienes una líneas más arriba. Ahí es cuando le dicen “Ese es el partido de la migraña de Pippen, ¿verdad?” y en su gesto podemos ver por qué aquel dolor de cabeza fue tan cuestionado. Incluso dentro del propio equipo.

93-74 perdió Chicago. En los anteriores 97 partidos de esa campaña los Bulls no hicieron una anotación tan horrenda como aquel domingo de marras. Un ratingofensivo de 89,5 puntos que por comparar a mala leche palidece con el de los Bulls 2019-20, segundo peor de la NBA con 105,8.

Pero no solo Pippen fue un desastre con sus 2 puntos, 4 rebotes y 2 asistencias tras 1 de 10 en tiros en 42 minutos. Horace Grant resultó el segundo máximo anotador del equipo con 10 puntos y 3/17 en 45 minutos. Craig Hodges 8 puntos y 3/13 en media hora. B.J. Armstrong 2 puntos y 1/8.

Los Bulls se hundieron y cayeron por tercer año seguido contra el odioso enemigo de Detroit. Habla muy bien de Jordan, Pippen, Grant, Jackson y Krause superar un nuevo bofetón sin volverse locos y sin perder la confianza. Al año siguiente llegó el 4-0 y el famoso no saludo de los Pistons.

Episodios V y VI

La Santísima Trinidad, Rodman y… Steve Kerr

El otro día contaba en Twitter que me chirriaba bastante que a Kukoc se le hubiese dado de lado de tal forma en The Last Dance. “Es pronto”, decían algunos. “Todavía queda documental”, dijeron otros. En teoría Toni Kukoc aparecerá en los episodios V y/o VI, pero eso ya no vale para recuperar su sitio en esta historia ante el gran público. Ilustro gráficamente ese pensamiento con la la siguiente imagen que lleva distribuyendo ESPN desde no se sabe cuando para promocionar el proyecto:EWpG2u6WoAUIGNq.jpg

Veremos a Kukoc en los episodios V o VI —no le van a obviar al cien por cien—, pero el hecho de salir tan tarde y que aparezca Kerr más que él hace que el documental no me resulte perfecto. Por mucho que Kerr sea interesante en 2020 por lo que ha conseguido en los últimos años. Es una tontería, pero yo quería que cada uno ocupase su lugar real en la narración y seguramente Kerr esté de acuerdo conmigo.

En memoria de Kobe

El episodio V tendrá una parte dedicada al All-Star Game de 1998. En ese partido Kobe retó a Jordan y supongo que de eso y de otras cosas hablarían con él para el documental a mediados de enero, unos días antes de su muerte. La vida son momentos.


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