Episodios VII y VIII de The Last Dance


(Esta serie de textos fueron publicados durante la emisión de The Last Dance en extranbamaniacs.com y los recuperamos ahora para que los pueda leer más gente).

El 23 de mayo de 1994 las portadas de los periódicos en España estaban protagonizadas por Luis Roldán. Los más veteranos del lugar recordarán perfectamente este nombre; los más jóvenes no tendrán idea de quién hablo y ni falta que hace. En la sección deportiva lo más llamativo era que la Selección Española ya tenía repartidos los dorsales para el Mundial. El fútbol entraba en la era moderna y por primera vez los equipos iban a asignar nombre y número a los jugadores para toda la temporada. Estados Unidos 94 iba a ser el primer gran evento en el que se viera esta novedad. Zubizarreta se quedaba el 1, mientras que Guardiola con el 9 y Luis Enrique con el 21 rompían normas.

Sin embargo a mí ese día no me preocupaban ni Roldán ni Zubizarreta. El pensamiento se me iba una y otra vez al único partido de la jornada NBA que se había disputado durante la madrugada. Knicks y Bulls llegaron al Game 7 en Nueva York y los de Pat Riley consiguieron quitarse el complejo ante Chicago ganando 87-77 y eliminando al rival que les había apeado de la competición los dos años anteriores.

Ese 87-77 fue un auténtico jarro de agua fría cuando me desperté a las 6:30 de ese lunes. Salté de la cama, fui corriendo al salón, encendí la televisión y pulsé el botón del teletexto, el “Internet antes de Internet” como leí hace años. Unos segundos después estaba visualizando el 87-77 que significaba que la temporada de Chicago había terminado por muy injusto que pareciese.

En The Last Dance se comenta algo de la campaña 1993-94 de los Bulls, pero no mucho, centrando casi toda la narrativa en el plante de Pippen en el tercer partido de la eliminatoria contra los Knicks. Y qué queréis que os diga, ese equipo merece mucho más que un par de minutos.

Los Bulls 93-94 —como podrían serlo los Raptors 19-20— son uno de los equipos inolvidables de la historia NBA por realizar una temporada fuera de toda lógica. El verano anterior habían perdido al mejor jugador de siempre en la liga, el que anotaba más de 30 puntos por partido y metía las canastas importantes. No había forma de sustituir esa pérdida, los Bulls estaban sentenciados y los más optimistas no les daban más de 50 victorias.

Pero apretaron en defensa, jugaron a uno de los ritmos más bajos de la competición, anotaron lo imprescindible y seguían siendo un rival al que nadie quería enfrentarse. Como en los años anteriores. En la 92-93, con Jordan, Chicago ganó 57 partidos; en la 93-94, sin él, fueron 55 las victorias. Bajo el mando de Scottie Pippen los Bulls ganaron un número de partidos impensable, porque hoy en día sigue sin haber otro caso en la historia de la NBA en el que un equipo que haya perdido a un jugador de 30 puntos y al año siguiente haya ganado siquiera 45 partidos.

Y hay que recordar que los Bulls de 1994 fueron eliminados de manera injusta. En el Game 5 de semifinales de conferencia perdieron en el último segundo por una falta fantasma. Iban ganando y los Knicks fallaron el último tiro restando dos segundos. Aquel partido les hubiese dejado 3-2 disputando el sexto choque de la serie en casa. Y quién sabe, pero en las Finales del Este esperaba Indiana, equipo al que Chicago había ganado 4-1 en los enfrentamientos directos durante la temporada. Y en Finales puede que Olajuwon hubiese sido demasiado como para contenerle, pero en temporada regular terminaron 1-1 en enfrentamientos entre ellos.

Sí, son varios “y si”, pero lo cierto es que los Bulls de los tres All-Stars (Pippen, Grant, Armstrong) y Phil Jackson tenían opciones reales de plantarse en las Finales de la NBA y optar al anillo. 


El final de la temporada regular 93-94

Chicago tuvo en su mano el mejor balance de la Conferencia Este y así haber conseguido el factor cancha para las tres primeras rondas. Se quedaron a un paso de conseguirlo y eso les condenó en playoffs, porque la ventaja de campo se tornó como fundamental en las eliminatorias por el título de ese año: nada menos que siete series llegaron al límite y en seis de ellas ganó el equipo con el partido definitivo en casa.

Terminando la temporada regular, el 18 de abril, las cosas estaban muy igualadas. Atlanta (55-24), Chicago (55-25) y New York (54-25) se estaban disputando el Este y a los Bulls les hubiera bastado con ganar los dos partidos que les quedaban en casa para cerrar la regular season como líderes de la conferencia. Solo tenían que ganar a Boston y Nueva York. Sin embargo perdieron tras dos prórrogas con los Celtics y también sucumbieron ante los Knicks, por lo que Chicago (55-27) se quedó tercero de conferencia por detrás de Atlanta (57-25) y Nueva York (57-25). Esas dos derrotas cambiaron el destino de aquellos playoffs.

El mejor y peor Pippen

22 puntos, 8,7 rebotes, 5,6 asistencias, 2,9 robos y 0,8 tapones con un 49% en tiros de campo. El curso 93-94 de Scottie Pippen fue tan bueno como para establecerle como uno de los mejores jugadores de la NBA de largo. Tercero en la votación al MVP de la temporada detrás de Hakeem Olajuwon y David Robinson, MVP del All-Star de Minneapolis, líder de los Bulls en puntos, asistencias y robos, octavo de la NBA en puntos, segundo de la NBA en robos, primer equipo All-NBA, primer equipo All-NBA defensivo… 

Fue una campaña espectacular la de Pippen, manchada sin duda por su pésima decisión de no querer salir a pista en el momento decisivo de la temporada en la serie contra los Knicks. Por eso su migraña en 1990 y su espantada en 1994 son dos momentos malos en su carrera que siempre son recordados a la hora de hablar de él.

El All-Star de Armstrong y su salida de Chicago

B.J. Armstrong fue una de las piezas clave de los Bulls del primer three-peat y en la primera campaña sin Jordan dio un paso al frente. Subió sus prestaciones de 12,3 puntos a 14,8 y fue el tercer máximo anotador de Chicago ese curso. Suficientes puntos para… ser All-Star. Es una de las anécdotas de aquel año, pero Armstrong fue premiado con la titularidad para el All-Star de 1994 siendo el tercer jugador más votado de toda la lista solo por detrás de Charles Barkley y Shaquille O’Neal.

Armstrong recibió más votos que Kenny Anderson, Mark Price, Stacey Augmon, Mookie Blaylock, Isiah Thomas, Joe Dumars, John Starks, Reggie Miller o Penny Hardaway. (De hecho estos dos últimos no fueron ni al All-Star).

¿Cómo es posible que Armstrong fuese tan votado e incluso que fuese All-Star? Aparte de que en los 90 no había tantos bases de primer nivel como estamos acostumbrados en los últimos años, B.J. recibió el favor del público porque los aficionados querían a un exterior de Chicago en el equipo y él fue quien recibió de herencia parte de los votos que hubiesen sido para Jordan.

Así de loco era lo de Jordan. Si no está él que venga su sustituto.

Por terminar con Armstrong, queda contar cómo fue su salida de los Bulls. En 1995 entraban dos equipos nuevos en la NBA, Vancouver y Toronto, y la Liga organizó un draft de expansión por el que los 27 equipos ya establecidos podían proteger a ocho jugadores de su plantilla mientras que el resto quedaban disponibles para ser elegidos en el draft por Grizzlies o Raptors si así lo consideraban oportuno.

Jerry Krause no tenía interés en mantener a Armstrong en el equipo una vez que tuvo a Jordan de vuelta, así que optó por liberarle de cara al draft de expansión. Y como lo que dejaron disponible los equipos era el fondo del fondo de armario, Armstrong era claramente el mejor jugador en el draft y fue seleccionado en primer lugar por Toronto. Desafortunadamente para los Raptors Armstrong rehusó presentarse a la pretemporada y tuvieron que traspasarle a los Warriors por bastante poca cosa.

El cambio de pabellón

“Luc, Steve y otros el primer año estaban con la inercia de los tres campeonatos que habíamos ganado en 1991, 1992 y 1993, pero no tenían nada que ver con aquello. Por formar parte de los Bulls ahora no significa que puedas estar de broma o a medio gas”.

Esas declaraciones las dice Michael Jordan para justificar la intensidad de la pretemporada de 1995 y cómo se llegó al puñetazo que dio a Steve Kerr en esa época. Sin entrar en el debate de si la actitud de Jordan para con sus compañeros debe tomarse como ejemplo o no, hay otro detalle que el documental no cuenta.

Los Bulls se cambiaron del Chicago Stadium al United Center en el verano de 1994. El cambio de pabellón fue otro añadido más a la pérdida de Horace Grant, el principal motivo por el que los Bulls 94-95 eran un equipo de media tabla hasta el regreso de Jordan. Los miembros de Chicago dijeron esa temporada que jugar en un nuevo pabellón limitó en mucho el factor cancha a su favor, algo que se demostró en temporada regular (7 derrotas más que el curso anterior) y en playoffs. En las semifinales del Este los Bulls, ya con Jordan en el equipo, solo fueron capaces de ganar un partido a Orlando jugando en Chicago.


Sin piedad

El nombre de Darrick Martin probablemente no te diga nada. Un jornalero de la liga que llegó a la NBA en 1995 desde la CBA, una liga de segunda. En su carrera pasó por Minnesota, Vancouver, Clippers, Sacramento, Sallas, Italia, Rusia, de vuelta a Minnesota y Clippers y final en Toronto. Disputó un total de 514 partidos en la NBA promediando 6,9 puntos y 2,9 asistencias. Nada del otro mundo. Un jugador que ni siquiera estaba en la clase media.

A Michael Jordan eso le daba lo mismo. Si eras su rival podía machacarte sin piedad como nos estamos hartando a ver en The Last Dance. Lo que viene es un ejemplo de esa competitividad, una anécdota contada por el desaparecido Flip Saunders, entrenador de los Wolves:

“En nuestro pabellón él y Darrick Martin tuvieron un partido duro entre ambos. Cuando fuimos a su ciudad un par de semanas después no le dejó pasar de media cancha. Hubo un momento en el que le dijo a Darrick ‘Te voy a mandar de vuelta a la CBA’. Lo cierto es que no le pude poner en la segunda parte y Jordan, al pasar por nuestro banquillo, nos dijo ‘No sabía que lo conseguiría en una sola mitad’”.

El partido de la gripe (o intoxicación)

Los dos últimos episodios del documental se centrarán en las dos últimas temporadas de Jordan en Chicago. ¿Qué veremos de la 96-97? Aparte de las 69 victorias —que no fueron 70 o 71 por dejarse llevar—, podemos apostar sobre seguro que aparecerá ‘el partido de la gripe’, el Game 5 de las Finales de 1997 en Salt Lake City. Aquel día Jordan jugó enfermo, probablemente intoxicado por comer una pizza en mal estado la noche anterior.

Tenía fiebre, malestar, cansancio y una cara que daba pena verle. Pero su carrera anticipaba que saldría a la pista a luchar. La presión que él mismo se ponía. Steve Kerr, hace 20 años hablando sobre ese partido:

“Me preguntaron ‘¿Qué crees que va a pasar? Michael está enfermo’. Yo les dije que ‘probablemente meta 40 puntos’. Pues Michael salió a jugar, metió 38 y ganamos. Esas expectativas acerca de una persona son irracionales. No le envidio para nada. No sé cómo lo hace, pero logra rendir al máximo siempre”.


MJ y los entrenamientos ausentes

En el final del episodio VII vemos a Jordan pedir una pausa en la grabación. Las lágrimas se le están formando mientras habla de los motivos por los que no fue visto como “un buen tipo”. Él explica que sus ex compañeros pueden decir lo que quieran, pero que nunca les pidió algo que él no estuviese haciendo.

Pero en la temporada 1997-98 Jordan debía estar tan cansado de todo que hasta él dejó de entrenar. Él mismo lo explicó en abril de 1998, antes de los playoffs:

“No creo que este sea nuestro mejor equipo. Los equipos de los tres primeros campeonatos eran más equilibrados, más jóvenes, más ágiles. Y el deseo era mucho mayor. Es fuerte ahora, pero por entonces teníamos a un montón e jugadores que no habían ganado nada. Ahora es fácil caer en la complacencia. Es algo humano. Me ha ocurrido a mí. Dejé de entrenar esta temporada durante tres semanas y media. Pasé de los entrenamientos, tomé atajos. Y me afectó en la pista. Algo humano. No te das cuenta hasta que ves señales en tu juego. Se lo dije a Phil Jackson una mañana, ‘Estoy tomando atajos creyendo que conseguiré los mismos resultados y eso no puede ser’. Así que volví a entrenar y hacer lo necesario. Me encuentro mejor físicamente y como persona. Me levanto a las 8 todos los días en lugar de a las 9. No me estoy ablandando”.

Phil Jackson al término de la temporada regular

“Es nuestro último año. Para Michael, Scottie, Dennis, Steve, Luc, Jud Buechler y algún otro es este. Queremos que sea un buen final porque creo que tras terminar la temporada nos separaremos. Tenemos ritmo, pero se está terminando. Hace tres años no podíamos predecir ni proyectar que Jordan y Rodman competirían a este nivel con la edad que tienen. Nadie ha visto algo igual. No lo podíamos predecir. Yo desde luego que no. Le dije a Jerry Krause que nunca había visto a un gran base o escolta jugar a un alto nivel con 34 años. Y Michael tiene ahora 35. Si yo me marcho y él se retira por ello creo que afectará a la NBA. Pero Michael y yo hemos hablado de nuestro futuro y él me dijo, ‘Phil, haz lo que tengas que hacer’. Y yo le dije, ‘Michael, por favor, que tu decisión no tenga que ver conmigo’”.

“En cualquier caso tenemos otras cosas en las que pensar, como ganar un sexto título”.

Contra los Pacers

De la 97-98 solo nos queda ver la eliminatoria contra los Pacers y las Finales NBA contra Utah Jazz. Que no es poco. La serie contra los Pacers fue una pesadilla para Chicago. Perdieron en sus tres visitas a Indianápolis por siete puntos en total y se vieron abocados a un séptimo partido en el United Center que durante muchos minutos pareció la tumba de la dinastía. Nunca estuvieron tan cerca de caer los Bulls de los 90 con Jordan a pleno rendimiento como aquel día ante los Pacers. Por eso en el episodio VIII Reggie Miller dice que él cree que eran mejor equipo que Chicago. Veremos en detalle esta serie en el documental.

No quiero dejar de recordar otra anécdota sobre ese humor tan curioso que tenía Phil Jackson. En esos playoffs los jugadores de Hornets y Pacers se afeitaron las cabezas en señal de solidaridad y de hacer equipo y Phil Jackson dijo lo siguiente: 

“Me hubiera gustado que los blancos se hubiesen echado bronceador instantáneo en las cabezas. Smits, Divac, Mullin… parecían bombillas encendidas por la pista”. 

Puro Phil.

Disfrutad de estos dos últimos episodios.


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(Fotografía de Jonathan Daniel/ALLSPORT/Getty)


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