Episodios IX y X de The Last Dance: después, la nada


Se habían dado las circunstancias perfectas. La absorción de la ABA. Larry Bird y Magic Johnson cayendo en los dos equipos que más títulos tenían y además rodeados de compañeros de nivel histórico. Cuatro drafts entre 1984 y 1987 que aportaron 14 miembros del Salón de la Fama. Shaquille O’Neal. El Dream Team. El lento pero seguro y arrasador ascenso de Michael Jordan y los Bulls. 

No fue raro por tanto que casi 36 millones de personas vieran en Estados Unidos el sexto partido de las Finales de 1998 entre Chicago y Utah.

El crecimiento que experimentó la NBA a lo largo de las dos décadas anteriores sirvió para que la Liga fuese conocida en todo el mundo y su competición se identificase con excelencia y espectáculo. El no va más. Al igual que si tu jamón de York era de la más alta calidad decías que era ‘el Ferrari de los jamón York’, ahora también presumías de tu puesto de trabajo en una gran empresa de aire acondicionado diciendo que tu empresa era ‘la NBA de los aires acondicionados’.

Pero entre todos lo fastidiaron. Si ya era una misión imposible cubrir el hueco que parecía que iba a dejar Michael Jordan con su segunda retirada, hacerlo en medio de la que fue la peor temporada de la historia moderna de la NBA lo fue aún más. Propietarios y jugadores rompieron la convivencia laboral en el verano de 1998 —unos días después del sexto anillo de los Bulls— y mantuvieron un lockout de más de seis meses que desconectó al aficionado medio de la liga. Cuando decidieron enterrar el hacha de guerra, Michael Jordan dio la puntilla con el anuncio de su adiós.

Lo que vino después fue un absoluto desastre sin que pudiera ser maquillado por la presencia de Grant Hill, Shaquille O’Neal, Kobe Bryant o Kevin Garnett. Un mercado de agentes libres y una pretemporada que tomaron un total de doce días. El primer año sin All-Star en medio siglo. Una regular season reducida de 82 partidos por equipo a 50 que tuvieron que jugar en 90 días. Tres partidos en tres noches como modo de vida. Decenas de jugadores pasados de peso. Ninguno en plena forma. Multitud de lesiones. Cuatro puntos anotados menos por equipo que la anterior temporada. La anotación más baja desde que existía el reloj de posesión. 

Lo dicho, el peor baloncesto que ha ofrecido la NBA en décadas según confirman todos los que formaron parte de aquel circo.

(Es por eso por lo que la NBA no la va a fastidiar de igual modo durante la era del coronavirus. Si la temporada vuelve, que parece ser que sí, lo hará después de que los jugadores hayan estado entrenando un mínimo de cinco o seis semanas).

Ese nefasto curso de 1999 tuvo consecuencias en el interés de los aficionados. La asistencia a los pabellones descendió durante los siguientes años, pero no tanto como el brutal descenso del 40% en los datos de audiencias televisivas de partidos de temporada regular entre el final de Jordan y la campaña 2000-01.

Uno de los que abandonó a la NBA fui yo. Salvo un par de partidos de las Finales de 1999, no vi nada de esa temporada. La retirada de Jordan, la consiguiente destrucción de la plantilla de Chicago y el lockout de más de 200 días hicieron que por primera vez me tomase un respiro de la liga. No recuerdo exactamente cómo tomé esa decisión o si llegué a tomarla en lugar de llegar a ella de forma natural por desencanto y desmotivación. Los anteriores años habían sido muy intensos. Había seguido la NBA al día llegando a comprar periódicos de importación para poder saber más de lo que pasaba al otro lado del charco. Y había animado a los Bulls como un chicagüense más, así que ver a Jordan retirado, Pippen traspasado, Phil Jackson desaparecido y a Rodman, Kerr y Longley cambiando de equipo fue demasiado como para querer asimilarlo. Es como si llevases años comiendo caliente cinco veces al día y de repente tuvieses que tomar un solo plato de gachas de avena cada 24 horas. Yo no quería eso.


¿Documental o serie?

Más de cien entrevistados entre compañeros, rivales, entrenadores, amigos, enemigos, periodistas hermanos, su madre… Pero la persona que probablemente más sabía de él en la década de los 90 no sale. ¿Dónde está Juanita Jordan, la ex mujer de Michael Jordan? En ningún sitio salvo en un par de fotos.

Juanita, la persona con la que tuvo sus tres primeros hijos, estuvo sentada al lado de Jordan en las conferencias de prensa de 1993 y 1999 en las que anunció sus dos primeras retiradas, acompañándole en dos momentos clave de su carrera. Una vez que se consumó su divorcio en 2006 —tras un proceso iniciado en 2002—, estaba claro que ninguno de los dos iban a volver a salir juntos en público muchas más veces. 

Si esperábamos un documental sobre Michael Jordan, Juanita debería haber estado ahí. Sí o sí, de hecho. Si lo que queríamos era un documental solo sobre Jordan y los Bulls, se la podría obviar. Pero Jason Hehir, el director, ha tocado ambos palos. Tanto Michael Jordan la persona como Jordan y los Bulls. Es por eso por lo que no encaja mucho que salga la figura de Gus, el guardia de seguridad al que Jordan tomó como padre hasta su muerte, pero no veamos nada de Jordan con sus hijos. O de Juanita por poco que fuese, aunque fueran tres frases guionizadas previa firma de nuevas páginas en el contrato que ambos deben tener para prohibirles hablar uno del otro. Gus, en esta narración, sirve para edulcorar por indicaciones de Jordan y sus asesores.

Sin embargo no quedaba otra. Este proyecto no hubiese salido adelante sin el beneplácito de Jordan porque él era quien tenía el control sobre las grabaciones de vestuario de la temporada 1997-98. Y siendo él una de las figuras más importantes de la industria deportiva, la cara de una empresa que factura miles de millones de dólares al año, no iba a permitir que su imagen pudiese quedar por los suelos si al director del documental le daba por presentarle con mal enfoque y en el proceso sacaba lo que no debía.

No es un documental, no es una serie. ¿Es una serie-documental? Acabado sobre la bocina, por cierto. Originalmente The Last Dance se iba a estrenar el 2 de junio a caballo entre partidos de las Finales NBA 2020, pero la pandemia del coronavirus sirvió para que los que mandaban en el producto planificaran un adelanto. El 16 de marzo, con la temporada parada y la NBA y ESPN deseosos de contenido, el director informó que solo estaban terminados los tres primeros episodios y que no podría terminar los otros siete hasta mediados de mayo. Como pronto. Valoraron empezar las emisiones cuanto antes y emitir diez capítulos en diez semanas, pero al final optaron por estrenar a mitad de abril con un menú de dos capítulos por semana siendo el 17 de mayo el último estreno. El director y su equipo trabajaron a destajo y a distancia, cada uno en su casa, y el 10 de mayo, con una semana de plazo, completaron el último episodio. Y respiraron, supongo.

La foto del último tiro

La número uno entre las cien mejores fotografías deportivas de todos los tiempos de acuerdo a Sports Illustrasted. Fernando Medina, un inmigrante cubano que acabó siendo el fotógrafo oficial de Orlando Magic, fue quien realizó la que probablemente sea la foto más famosa de Michael Jordan y de toda la NBA, The Last Shot.

El buen trabajo de Medina hizo que la NBA y Getty Images contasen con él también para All-Stars y Finales, por lo que el 14 de junio de 1998 estaba en el sitio perfecto para capturar un momento histórico del deporte.

Medina ha hablado hace poco con NBA.com contando que una vez que vio que Jordan iba camino de la canasta lo único que que quería era asegurarse que la fotografía saliese encuadrada y horizontal y que tenía claro que Jordan intentaría el último tiro.

“En la imagen puedes ver, si lo encuentras, a un chaval con una gorra negra de los Bulls levantando las manos al cielo. Él sabe que el tiro va a entrar. Las expresiones de la gente es lo que hacen grande esa fotografía. Eso y el reloj, porque quedaban 6,6 segundos, es su sexto anillo, es su sexto intento, él mide 6-6, fue en junio. Todos esos seises son de locura y añade algo a la imagen”.

(No podemos publicar la fotografía ya que no tenemos la licencia de NBAE/Getty; la nuestra es una más básica de Getty. Puedes consultar la imagen desde aquí).

Medina tuvo la suerte de estar en el hotel de los Bulls tras el sexto anillo y suyas son también algunas de las fotos más divertidas de aquellos minutos de algarabía.

El segundo adiós

El 13 de enero de 1999, Jordan y los Bulls reunieron a cientos de periodistas en el United Center para anunciar su segunda retirada en seis años. Jordan había esperado hasta el último momento antes de iniciarse la temporada para comunicar su decisión al equipo, aunque en las últimas semanas cada vez llegaban más indicaciones que apuntaban a que la despedida era inminente. Los Bulls ya tenían a otro entrenador y Phil Jackson estaba en periodo sabático, por lo que Jordan se quedó sin su entrenador fetiche al que agarrarse para seguir compitiendo.

“He jugado lo mejor que he podido. He intentado ser el mejor jugador de baloncesto posible. Pensé en simplemente despedirme con dos palabras, ‘Me marcho’, pero me di cuenta que debía a mis aficionados algo más que eso. Mentalmente, estoy exhausto, no tengo desafíos. Físicamente, me encuentro bien. Es un momento perfecto para marcharme. Estoy en paz con mi decisión”.

Un baloncesto diferente

  • Kawhi Leonard, MVP de las Finales 2019: 28,5 puntos de media, el 25,5% de los puntos de su equipo. Versión avanzada: 122 de offensive rating por 116 de su equipo.
  • James Harden, máximo anotador de la temporada 18-19: 36,1 puntos de media, el 31,7% de los puntos de su equipo. Versión avanzada: 116,6 de offensive ratingpor 114,9 de su equipo.
  • Kevin Durant, MVP de las Finales 2017: 35,2 puntos de media, el 28,9% de los puntos de su equipo. Versión avanzada: 139 de offensive rating por 121,3 de su equipo.
  • LeBron James, MVP de las Finales 2016: 29,7 puntos, de media, el 29,6% de los puntos de su equipo. Versión avanzada: 114 de offensive rating por 109,1 de su equipo.
  • Michael Jordan, MVP de las Finales 1998: 33,5 puntos de media, el 38% de los puntos de su equipo. Versión avanzada: 111 de offensive rating por 105,5 de su equipo.
  • Michael Jordan, MVP de las Finales 1993: 41 puntos de media, el 38,4% de los puntos de su equipo. Versión avanzada: 119 de offensive rating por 113 de su equipo.

El baloncesto de ahora no es el mismo del de hace veinte o veinticinco años. He querido recopilar los datos de algunos de los mejores jugadores de nuestro tiempo y compararlos con los de Michael Jordan en sus terceras y sextas Finales para ponerlos en perspectiva. La versión de Durant en 2017 fue devastadora (fijaos en sus números por 100 posesiones, ¡en unas Finales!), pero lo de Jordan era inaudito por llegar a ese porcentaje de anotación de su equipo. Prácticamente el 40% de los puntos dependían de él. Y en su último partido en las Finales, el del sexto título, metió 45 de los 87 puntos de los Bulls, el 51,7%.

El de entonces era un juego diferente, no se abusaba del triple tanto como se hace ahora, la defensa colapsaba cerca de la pintura y cada canasta, sobre todo en playoffs, era una pequeña batalla. En las Finales de 1998 ni un solo equipo alcanzó los 100 puntos en seis partidos y únicamente dos veces los Bulls superaron los 90. Por eso 35 o 40 puntos de entonces son más que 35 de en 2020.

Un viaje a Miami para ver a Jordan

Muchos lo sabréis, algún despistado tal vez no, pero Michael Jordan volvió a la NBA en 2001 después de tres temporadas de descanso. Lo anunció un par de semanas después del 11S y regresó para jugar en Washington Wizards. Su primera temporada en la capital de Estados Unidos no fue mala, pero con 38 años ya no era ni mucho menos un candidato al MVP y una lesión en la rodilla en la parte final de temporada arruinó las posibilidades de los Wizards de meterse en playoffs. De paso, empeoró el rendimiento de MJ de manera definitiva.

A los aficionados eso ya poco nos importaba, lo único que queríamos era disfrutar de los partidos que le quedasen. Así que en 2003, junto a un buen amigo, cometí una de las locuras de las que jamás me arrepentiré. En un periodo de 48 horas hice el trayecto Madrid-Miami-Madrid para poder ver en directo a Michael Jordan unas semanas antes de que se retirase por tercera y última vez. Los que hayáis leído esta serie de cinco textos recordaréis que años antes había intentado verle jugar y lo más cerca que me quedé fue de su estatua, pero esta vez lo conseguí.

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(Si te fijas verás que Jordan está justo detrás del jugador que va a lanzar el tiro libre. Los de la foto somos los dos que un par de meses después volvimos a Canal+ a ver un partido con Antoni Daimiel y Andrés Montes. Spoiler: yo me dormí).

Despedida

Con este texto cierro la serie de cinco domingos especiales dedicados a The Last Dance. Michael Jordan es el deportista más importante de la historia por su influencia deportiva y mediática, por haberse convertido en un icono de la cultura popular y por la huella que dejó —y sigue dejando— sobre el deporte, el marketing y los negocios desde que su estrella comenzase a brillar más que ninguna otra. Como me dijo Pepe Brasín hace unas semanas, “Michael Jordan es el padre del deporte moderno”.

La serie-documental es un producto que me ha proporcionado horas de diversión viéndola y un nuevo periodo de disfrute escribiendo y hablando sobre ella ya que abarca un periodo que conozco bastante bien. A modo de colofón, esta semana publicaré un nuevo podcast analizando los meses posteriores al sexto título y lo que ocurrió en ese tiempo. Contaré además con un invitado especial perfecto para cerrar la saga, Gonzalo Vázquez. 

Espero que todos estos artículos y podcasts sobre Jordan y los Bulls (ya van 21 publicaciones en texto y audio) te hayan gustado y que, si no lo has hecho aún, te animes a suscribirte a Extra nbamaniacs para que puedas seguir leyendo y escuchando contenidos de este tipo sobre la NBA. Sin publicidad, clickbait ni chorradas, como me gusta decir a mí.

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(Fotografía de Matthew Stockman/Allsport)


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