¿Por qué nadie habla de Goran Dragic?


A principios de temporada, el espejo devolvía a los Miami Heat una imagen bastante pipiola. De franquicia bien entrenada y dirigida —muchos años del Spo-Riley— pero a la que faltaba materia prima para montar un rascacielos de postín. Pudieron pescar a Jimmy Butler en verano (2019), aunque tal golpe de efecto tampoco elevó demasiado las expectativas externas: Butler se ha ido allí a tomar el Sol y a vivir un último gran contrato con la toalla y el bañador a mano, se oía en media NBA.

Pues va a ser que no.

Los Miami Heat han resultado una de las sensaciones en la Conferencia Este y en toda la Liga. Además de un período regular por encima de los radares, su barrida en primera ronda de playoffs (4-0 a Indiana) confirma que el experimento tenía componentes muy, muy engrasados. Mucho más de lo que se pensaba. Por supuesto que Butler —una bestia— ha sido crucial en el compuesto; también ha estado bien la pérdida de ruedines de Bam Adebayo, quien se va pareciendo más al uro que los Heat eligieron en el draft de 2017… El equipo entero es una filarmónica, atestado de jóvenes pero con una sonoridad veterana…

Y si otra cosa ha funcionado en Miami durante lo que llevamos de temporada y, sobe todo, playoffs ha sido Goran Dragic.

El base esloveno ha tomado contacto con la postemporada escupiendo fuego y endureciendo las escamas. Es uno de los secretos para que los Heat hayan elevado todavía más el pistón en el comienzo de la etapa reina anual.


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