Warriors-Grizzlies, el récord más fácil del mundo

Esta noche, cuando los relojes de la Península marquen las 04:30, la ‘Ley de Murphy’ se pondrá en marcha una vez más. Este principio, de índole pesimista, nos viene a anunciar que “si algo puede salir mal, saldrá mal”. Aplicado al caso que nos concierne, toma presencia a modo de —desgraciada— casualidad espacio-temporal.

La NBA no estuvo hábil a la hora de augurar dos hechos históricos que podían acaecer en la última jornada liguera. Históricos y absolutamente únicos; uno por irrepetible, y el otro por lo exageradamente complicado de que se den los requisitos para su consumación.

Esta noche Kobe Bryant se retira. Antes, el Staples Center (y un puñado de millones de telespectadores) presenciará su último partido como jugador de baloncesto. Simultáneamente, en el Oracle Arena (y ante el ávido seguimiento de otro puñado de millones de telespectadores) los Golden State tratarán la gesta de las gestas en temporada regular: alcanzar las 73 victorias y dejar el casillero de derrotas sólo en nueve.

Juanlu ya se ha encargado de encogernos el miocardio con Mr.Bryant mientras la NBA nos lo adereza con no pocos montajes y conglomerados de vídeo. Así que vamos, pues, con el otro 50% que da sentido al inoportuno teorema.

Prohibido relajarse

Los Memphis Grizzlies, tal y como los veremos esta noche, no parecen dignos merecedores de la tensión que generan; del temor que producen. Y es que, lo que tras ganar a San Antonio parecía un mero trámite, un rutinario peaje de autopista, conforme se acerca la hora del primer —y último— balón al aire… la saliva comienza a hacerse densa en el paladar.

O eso es lo que espero. Es lo mejor que podría sucederle a los integrantes de los Warriors. Porque la inquietud, el nerviosismo, son sinónimo de adrenalina; de concentración. De ser así, con el primer reloj de posesión se romperá un dique… y sálvese quien pueda. Intensidad, vehementes marcajes y un ataque ansioso por derrumbar a su rival al primer mazazo; eso es lo que provoca un excedente de adrenalina repentinamente liberado. Pero además, ese simple amago de miedo en las personas (y talento) adecuadas, es capaz de acabar con la amenaza antes siquiera de que ésta empiece a existir.

Una andanada de triples de Stephen Curry; una salva perimetral  incontenible en un solo cuarto de ; media parte de defensa agobiante de Draymond Green, y el récord será suyo.

Pero para que esto ocurra hay que desconfiar. Creer que el trabajo está hecho antes de tiempo no es una opción. Acudir al sorteo de Champions, ver salir las dos bolas, leer en la del rival ‘VfL Wolfsburg’ y verse en semifinales, sería un tremendo error. Sumado a un pequeño recordatorio: aquí no hay partido de vuelta.

Un desafío “sencillo”

Pero ser tentados por la ‘relajación del crack’ es inevitable. Dejando el dramatismo a un lado, la lógica matemática tiene bastante claro lo que debe pasar esta noche. El conjunto de Golden State no vencía en el San Antonio desde hacía 30 años, los llevaban invictos en casa toda la temporada, Popovich salió con prácticamente todo… y aún así vencieron para igualar el imposible récord de los Chicago Bulls.

Hoy, la historia no puede ser más distinta y halagüeña. El Oracle es un fortín casi tan inexpugnable como lo ha sido el AT&T Center: un notorio 38-2. Y enfrente ya no estará San Antonio, ni tampoco los Grizzlies; sino una caricatura de estos que lucirá mismo logo y equipación.

Desgranemos como la ocasión merece a este conjunto de remiendos, pero único capaz de hacer trizas el súmmun de los récords.

Los Grizzlies de hoy

El elenco que comanda , por increíble que parezca, tiene asegurados los Playoffs. Sólo que los que hoy son, no son los que empezaron. Ningún equipo en la historia ha alcanzado la postemporada usando más de 23 jugadores en su roster. Memphis lo va ha hacer habiendo alineado a 28.

Mientras es él y su banda la que recibe loas por todos los frentes, no duda en destacar también el tremendo mérito de sus contrincantes esta noche. “Creo que es una de las historias más impresionantes de este año en la NBA,” ha asegurado Steve Kerr.

Un total de 12 jugadores de los Grizzlies se han perdido en conjunto 291 partidos debidos a lesiones o baja por enfermedad. Sólo los New Orleans Pelicans se han visto peor tratados en este aspecto.

“Hemos sido golpeados en la cabeza con todo aquello que te pueden golpear,” afirma Joerger, tremendo mérito el suyo.

Un sendero tan desolador ha obligado a la gerencia a avanzar improvisando. Se han vuelto expertos en localizar básquet potable en las ligas menores y oasis recónditos. Han firmado contratos de 10 días a ocho jugadores distintos, de los que tres de ellos han perdurado. , Xavier Munford y, el último,  han firmado hasta el final de la temporada bajo las severas reglas de la NBA. Otro que también cumplió durante su escaso tiempo, Briante Weber, también ha visto asegurado su futuro en los Miami Heat.

Y vamos con los que no están. Atención; de carrerilla dolerá menos. Marc Gasol, , (ya despedido) ¿No son tantos, verdad? Pero este es uno de esos casos donde la cantidad queda marginada por lo denso de la calidad. Es más. podía haberme detenido en el segundo.

Y aún así, los de Tennessee no procrastinaron, hicieron pronto los deberes (42-38) y se aseguraron seguir compitiendo en la segunda quincena de abril por sexto año consecutivo. Pero hoy con, cuasi-literalmente, otro equipo, la historia ha cambiado un poco. Sólo una victoria —ante unos Bulls perdidos— de los diez últimos enfrentamientos. Estuvieron cerca de sumar otra. Fue el 9 de este mes; el partido concluyó 99-100 ¿Su rival?, los Warriors.

Los protagonistas esta noche

Para salvar los muebles —y para ello sólo deberán vencer al que aspira ser estadísticamente mejor equipo de la historia— el técnico tendrá a su disposoción a un grupo de curtidos veteranos. Matt Barnes, ,  y . No, estos no son de los que se dejan ganar fácilmente.

Entre los demás oseznos destaca la presencia de Jamychal Green, un portento atlético, y de un siempre impredecible . Y con esa artillería es con lo que saldrán a combatir al equipo que lleva meses acaparando las 3/4 partes de la información NBA por su insaciable capricho de batir récord tras récord. Es como tratar de convencer a un arquero arapahoe que tiene posibilidades ante un soldado napoleónico y su letal mosquete.

Algunos datos

Para hacernos una idea todavía más clara de lo (presuntamente) desiquilibrada que estará la balanza esta velada, atendamos a los líderes en las distintas categorías.

  • Puntos: Domina, quien sino, Stephen Curry (29,9), seguido por Klay Thompson (22,2). El primer grizzlie es Marc Gasol, (16); ausente.
  • Asistencias: Aquí manda Draymond Green, con 7,4 pases de canasta. Le secundan Curry (6,4) y Mike Conley (6,1); este último ausente.
  • Rebotes: Otra vez Green (9,5) seguido por un grizzlie activo, Randolph (7,9) y el australiano Andrew Bogut (7,1).
  •  Porcentaje en tiros de campo: Al vacuo 67,3 de Wright (ausente, por supuesto) le persigue el 62,5 de Bogut.
  • Tapones: Gobiernan los 1,62 pinchos de Bogut. Tras él, nuevamente Green (1,35) y los irrelevantes por incomparecencia 1,35 chapas de Gasol.
  • Robos: No hay mejor ladrón que Curry (2,14), pero tampoco podemos desmerecer nunca a una fiera incasable en estos lares como es Tony Allen (1,72).

Unos datos muy crudos. Un desnivel demasiado pronunciado. Una proeza a todas luces inviable… tanto como lo era que los peores Lakers de la historia ganaran a los mejores Warriors de siempre.

¿Imposible o improbable?

Los que no somos acérrimos sentimentales de los Warriors puede que esperemos el show de esta noche con expectación pero con relativa tranquilidad. Nada como ver un gran partido donde nuestros sentimientos son ajenos. Dar hype a que se dé la sorpresa hoy en el Oracle no es más que sensacionalismo típico de periodistas.

Pero dice también la estadística que hay más probabilidades de que “nos parta” un rayo a que ganemos el Gordo de Navidad. Sin embargo, las colas se suceden incansables año tras año en todas las administraciones llegada la fecha, inmune a este porcentaje.

Y hoy en Córdoba, al salir a la calle, el cielo nos ha sorprendido con una buena. La gente esgrimía con firmeza sus paraguas mientras los más desamparados se escabullían en los portales o avanzaban a duras penas bajo la irregular presencia de alfeizares y balcones. Pero no he vislumbrado ninguna mirada temerosa al cielo. Ningún rezo suplicante. Todos parecían intuir, con seguridad, que hoy, no serían el improbable blanco de ese rayo intempestivo.