¿Qué Kyrie Irving podemos esperar para esta temporada?

5 de abril, 2018. Se confirma oficialmente que Kyrie Irving se ha de perder lo que resta de temporada y, lo que es más importante, no podrá estar en unos playoffs propicios para que los dieran rienda suelta a la furia que habían ido sembrando durante el curso.

La fractura rotuliana sufrida en las Finales de 2015 fue la culpable de toda esta tortura para el jugador. Cuando se le intervino para extraerle dos tornillos implantados en su rodilla izquierda, el equipo médico encontró una infección bacteriana en la rótula del point guard. La mala suerte que había golpeado a los verdes con la prematura lesión de Gordon Hayward volvía a hacer su aparición para retirar, de la forma más inesperada, a Irving de la contienda.

Desde entonces, el jugador no ha parado de trabajar en un mix de gimnasio, fisioterapia y cancha de entrenamiento. Los médicos le dijeron que hasta dentro de cuatro o cinco meses, como fecha mínima, no podría volver a estar al cien por cien de su maltrecha rodilla. Ahora, ese plazo está a punto de expirar y es el momento perfecto para chequear cuál es el estado físico y mental en el que se encuentra. Produce sensación de alivio escuchar a Irving cuando relata cómo son sus sensaciones después de tantos meses de lucha y agonía.

“He estado trabajando para ser más fuerte y tengo una mayor consciencia d elo que mi cuerpo necesita en el día a día”, comentaba el jugador en declaraciones realizadas para ESPN. “Me he pasado el verano intentando que mi rodilla izquierda alcanzase el mismo nivel que la derecha. Y ahí es donde hemos llegado”.

Irving ya no tiene dolor. Ha ido progresando en la intensidad de los entrenamientos y los técnicos de Boston hablan maravillas de su capacidad para darlo todo en cada jornada. Advierten algo distinto en él: cada día ha logrado estar bastante mejor que el entreno anterior. Además, ha estado probándose en workouts con Jamal Crawford, Zach Lavine, Jayson Tatum y hasta con su amigo y enemigo a la vez, Kevin Durant.

Como él mismo ha señalado, está completamente listo para empezar a competir. Y eso, en un jugador con el talento que tiene Irving, son palabras mayores. “Los partidos que tenemos por delante son el siguiente nivel. No me puedo creer lo que estamos siendo capaces de hacer ya. No puedo esperar a comenzar”, advertía. Como apunte final, el cuerpo técnico del equipo no se plantea ponerle restricción de minutos para el nuevo curso.

El nivel esperado

Una vez Irving siente que la plenitud física, es momento de sacar el bisturí para diseccionar qué es lo que puede aportar a los Celtics este año. El conjunto dirigido por es, sin duda, uno de los equipos que más ha sabido sobreponerse a los contratiempos; son capaces de reinventarse desde la desventaja y eso moldea una fortaleza mental que les hace un equipo peligroso sea cual sea la circunstancia de esa noche, y sea quien sea el jugador que les falte.

A este poderoso cóctel de jugadores que el año pasado sacaron la mejor versión de sí mismos – o, mejor dicho, Stevens les sacó – ahora unimos que Hayward irá apareciendo poco a poco, y que tenemos a un Irving que declara sentirse listo para competir, lo cierto es que los Celtics son una de las estructuras más poderosas que encontramos en la liga. No solo en el despoblado Este.

Irving se encuentra en su madurez profesional. Con 26 cumplidos el pasado marzo, el base tiene ante sí la oportunidad que llevaba buscando desde que pidió salir de Cleveland. Pero esto no solo va de tener que demostrar a su franquicia y aficionados, que también, sino de demostrarse a sí mismo que puede. Que todas esas ideas que pasaron por su cabeza cuando se enfrentó a LeBron James no son producto de su imaginación.

Durante gran parte de la pasada temporada, en la que sumó un total de 60 encuentros, Irving demostró estar completamente implicado en la idea de juego que propone Brad Stevens. La cierta dejadez defensiva de la que hizo gala en muchas ocasiones durante su etapa en Ohio pasó a un segundo plano en Massachusetts. Irving ofreció una versión más intensa en la defensa, tanto en ayudas como a la hora de cortar líneas de pase. Sabemos de sobra que estas no son sus principales cualidades, pero nos demuestra que la dedicación con la que afrontó su llegada a los Celtics era plena. Y ahora, tras arrastrar el calvario de la rodilla durante meses, todo indica que vamos a volver a ver a un Irving tan disciplinado en la parcela defensiva. Además, tiene a Jaylen Brown como escudero para taparle las carencias. Más no se puede pedir.

En ataque es donde más se expresa su liderazgo. Los puntos se le caen de las manos, pero eso ya es algo que sucedía en los Cavaliers. Este año todo apunta a que le veremos en su versión más líder: esa en la que no solo se genera sus tiros, sino que logra creárselos a sus compañeros. Su capacidad para desbordar y romper el esquema defensivo del rival solo admite comparación con tres o cuatro jugadores más de la liga, y eso ha de usarse para ahondar en los espacios.

Un líder logra diferenciar cuándo es el momento más indicado para tomar responsabilidades y echarse al equipo a los hombros: situaciones en las que se complican partidos, en las que el marcador está igualado cuando el tiempo agoniza o en encuentros de la máxima exigencia de playoffs. Ahí es donde debe aparecer Irving porque, de hacerlo con la correcta mesura y precisión, los Celtics no tienen rival en el Este.

Su futuro

Otra pata del análisis recae sobre la situación contractual de Irving. Para la siguiente campaña posee una opción de jugador por valor de 21,3 millones de dólares, pero la lógica invita a pensar que saldrá al mercado a buscar un máximo salarial. Algunos rumores le colocan en el objetivo de franquicias con el espacio suficiente para darle a Irving todo aquello que pida por su boca; otros, le sitúan a largo plazo en Boston. Solo que con los bolsillos más llenos que lo que puedan estar actualmente.

La única realidad es que Irving tiene ante sí un año de reivindicación, como acabamos de desgranar, pero también de constatación profesional. Le toca demostrarle al mundo NBA que merece cada dólar que gana, porque afronta un año de salida al mercado. Y este, como hemos visto ya en casos de jugadores lesionados como DeMarcus Cousins, es tan implacable que es capaz de obviar el talento innato para darle prioridad al momento exacto de la decisión.

Si cuando tenga que ser agente libre Irving no ha ofrecido la mejor de sus campañas, la oferta no va a ser tan alta como él quisiera – al menos en la teoría, que luego tenemos casos de jugadores que, gracias a los poderes de negociación de sus representantes, son capaces de arañar contratos que no merecen –.

Aparte de lo económico, en Boston ya atesora el cariño de una de las mejores aficiones de la liga y tiene las llaves de una franquicia cargada de historia. Si alguno dudaba de que el juego que pretende y despliega Boston le hace tener menos protagonismo, y de ahí que pudiera plantearse irse a otro equipo, es menester que mire cómo fue su implicación en las tareas trazadas por Stevens y, en menor medida, cómo se ha expresado delante de los micros cuando le han preguntado cómo se siente en los Celtics o cómo arengaba a sus compañeros durante los playoffs.

Sabiendo que Irving tiene apta su rodilla, sabiendo que ya se ha mostrado receptivo a adaptar ciertas condiciones de su juego a las maneras tan efectivas de Stevens, sabiendo sus aspiraciones por firmar un contrato mastodóntico, y sabiendo que ahora ya sí solo depende de él afianzarse como el jugador franquicia de una plantilla bien armada (y no en reconstrucción ni en horas bajas), lo único que podemos esperar es ver al mejor Irving que jamás hayamos visto en la NBA. Detallados, tiene todos los factores a su favor. Incluso el de la actitud. Si los aplica con la inteligencia que se presupone a un jugador de su nivel, tampoco descartemos que cuando llegue abril se coree aquello de “MVP, MVP, MVP” en el TD Garden. Tiempo al tiempo.