Serie ‘Origen de las franquicias NBA’: el aullido de Minneápolis


La NBA vivía un momento de esplendor y abundancia a finales de los años 80. El dinero engrosaba las arcas de la competición a un ritmo sin precedentes, aprovechando la gran inyección financiera procedente de los acuerdos televisivos. La competición vendía más que nunca al ritmo de Magic Johnson, Larry Bird y Michael Jordan y esto permitió que hasta once equipos se incorporaran a la liga entre 1976 y 1996.

En 1984, los Celtics se coronaban como campeones por 15ª vez en uno más de tantos episodios de aquella legendaria rivalidad entre el Showtime y el equipo de Red Auerbach. A cientos de kilómetros de distancia de Los Ángeles y Boston, los empresarios Marv Wolfenson y Harvey Ratner aunaban sus esfuerzos con el propósito de devolver la NBA a Minneapolis. Hacía 25 años que los Lakers se habían trasladado a California y, desde entonces, la ciudad había quedado huérfana del mejor baloncesto.

Amigos desde la infancia, la pareja había aglomerado una fortuna gracias a sus empresas relacionadas con el mundo inmobiliario y de los servicios de salud. Apoyados en un grupo inversor encabezado por George Mikan, Wolfenson y Ratner presentaron ofertas en firme por tres franquicias: Milwaukee Bucks, San Antonio Spurs y Utah Jazz. En este último fue en el que hallaron una posibilidad real de compra. Los Jazz no habían logrado despegar desde su fundación en Nueva Orleans en 1974 y tras nueve años de sequía, la situación deportiva no parecía mejorar en Salt Lake City. Además, los problemas económicos comenzaban a asfixiar a la franquicia y Sam Battistone había decidido que aquel equipo no era rentable.

Al mismo tiempo que Wolfenson y Ratner negociaban con Battistone, la NBA anunció su intención de añadir entre tres y cinco nuevas franquicias a la liga. Inmediatamente, los dos empresarios se pusieron en contacto con el recién llegado David Stern para presentar su candidatura. Otras ciudades también se mostraron interesadas, la mayoría con un mayor mercado que Minnesota, por lo que creyeron que sus posibilidades de éxito serían muy bajas. Aún así apostaron por el proyecto y siguieron adelante con el plan.

Poco después, Battistone contactó con ellos para informar de las condiciones de compra de los Jazz. Lo más importante, el precio: 16 millones de dólares. Wolfenson y Ratner seguían pensando que conseguir un equipo mediante el draft de expansión no sería posible y aceptaron la petición del propietario. Sin embargo, Larry Miller, dueño minoritario de los Jazz, entró en escena a última hora con una oferta superior con el fin de mantener al equipo en Salt Lake City. La pareja de Minnesota no se amilanó y respondió con una apuesta muy al alza: 24 millones de dólares. En mayo de 1985, Stern intercedió para mitigar el conflicto y llegar a un acuerdo que satisfaría a todas las partes involucradas.

En primer lugar, Miller vencería en su litigio particular y Salt Lake City pudo seguir disfrutando del baloncesto NBA. Battistone recibiría más de 26 millones de dólares en dos plazos a cambio de la propiedad de los Jazz, mientras que a Wolfenson y Ratner se les garantizó la propiedad de una de las nuevas franquicias. Siempre y cuando pudieran ofrecer un nuevo pabellón para albergar al equipo. Una propuesta embrionaria que terminaría por traducirse en la inauguración del Target Center en octubre de 1990 tras una inversión de 104 millones de dólares.

Un año después de zanjarse aquel asunto, la NBA anunciaba las cuatro ciudades que recibirían una franquicia: Miami, Orlando, Charlotte y Minneápolis. Los Heat y los Hornets ingresaron oficialmente en la liga en 1988. Los Magic y los Timberwolves tuvieron que esperar una temporada más.

Cuatro meses antes de que se hiciera oficial la noticia, Wolfenson y Ratner pusieron en marcha un concurso público para dar nombre al nuevo equipo. Los aficionados de todo el estado respondieron con un total de 6.076 propuestas, 1.300 distintas. Timberwolves, que se presentó un total de 17 veces, y Polars fueron los dos finalistas. La decisión final quedó en manos de los 842 consejeros municipales de todo el estado, quienes concluyeron que el apodo ‘Timberwolves’ se adaptaba mejor a la geografía del lugar y definía mejor los valores que debía transmitir la franquicia. Minnesota es el estado con mayor población de lobos grises de todo el país, unos 2.600, tan solo por detrás de Alaska. Otro sorteo sirvió para elegir al ganador entre los 17 participantes que presentaron el nombre ‘Timberwolves’. Este honor recayó sobre Tim Pope, quien disfrutó de un viaje al All-Star Weekend de 1987, celebrado en Seattle, como premio.

Tras el consiguiente ‘bautizo’, los Timberwolves presentaron un nuevo concurso público con el fin de definir el primer logotipo oficial de la franquicia. El éxito fue tan grande que se recibió una cantidad de propuestas cercana a las 2.600, algunas de ellas de lugares tan lejanos como California, Florida, Alaska e, incluso, Noruega. Finalmente sería Mark Thompson, un artista profesional de Austin, Minnesota, quien presentó el característico lobo al que el presidente Bob Stein describiría como “agresivo pero sin llegar a ser siniestro.” Como premio, el autor del logotipo recibió unos nada despreciables 2.500 dólares. Después de unos pequeños matices y ajustes finales de diseño auspiciados por varios expertos en marketing, Wolfenson y Ratner anunciaron el boceto definitivo. El primer uso oficial del logotipo tendría lugar el 17 de septiembre de 1987, día en el que apareció impreso en un cheque por valor de 20.000 dólares donado a la organización sin ánimo de lucro United Way.

Cerradas todas estas ‘formalidades’, el siguiente paso consistió en establecer la columna vertebral deportiva del equipo. Wolfenson y Ratner contrataron como general manager a Billy McKinney, hasta entonces vicepresidente asistente de operaciones de baloncesto en Chicago. El directivo, a su vez, apostó por el experimentado Bill Musselman como head coach. Musselman había dirigido a los Cavaliers durante la temporada 1980-81 y aterrizaba en Minnesota con cuatro títulos consecutivos de la CBA, el último de ellos en los Albany Patroons junto a Tony Campbell, Michael Brooks, Sidney LoweMichael Ray Richardson.

Precisamente, los propios Campbell y Lowe serían dos de las piezas fundamentales de la primera plantilla de los Wolves. También destacarían Sam Mitchell y Pooh Richardson, primera selección del draft (10º pick) en la historia de la franquicia. Doug West sería seleccionado en la 38ª posición del mismo draft de 1989 y completaría una correcta carrera en la NBA.

El seguimiento por parte de la afición fue enorme en su primer año. Mientras el Target Center terminaba de construirse, los Wolves disputaron los partidos como locales del curso 1989-90 en el Hubert H. Humphrey Metrodome, un enorme recinto que, por aquel entonces, era la sede de los Vikings de la NFL y los Twins de la MBL. Así, el gran aforo de las instalaciones (hasta 50.000 localidades en partidos de baloncesto) permitió que más de un millón de aficionados vieran al equipo in situ, estableciendo la mayor asistencia de toda la liga.

Aún así, los inicios deportivos fueron difíciles. Los Timberwolves solo sumaron 22 victorias en su debut, Jim Brewer sustituiría a Billy McKinney como gerente general, Jimmy Rodgers haría lo propio en 1991 como entrenador y el traslado al Target Center amenazó con llevar a la bancarrota al equipo. En 1994, los problemas financieros eran extremadamente evidentes y la mayoría de personalidades afines a la liga asumían que la estancia del equipo en Minnesota había llegado a su fin.

David Stern intercedió alojando el All-Star Weekend de 1994 en Minneápolis, pero fue insuficiente. Los Wolves necesitaban urgentemente 73 millones de dólares y tanto el gobierno local como el estatal se habían negado a intervenir. Así, un grupo inversor de Nueva Orleans presentó una oferta de 152 millones de dólares con la intención de comprar el equipo y trasladarlo a Luisiana. Se llegó a rumorear incluso con el nuevo nombre de la franquicia: Angels o Rhythm, en homenaje a los Jazz.

Cuando el panorama no podía ser más sombrío, una serie de iniciativas solventaron la crisis. Primero se presentaron varias iniciativas ciudadanas con el fin de mantener el equipo en la ciudad. Posteriormente, el comité de reubicación de la NBA no creía que el nuevo grupo inversor fuera lo suficientemente solvente como para asegurar un futuro a largo plazo en Nueva Orleans. Finalmente, un grupo encabezado por el ex-senador estatal Glen Taylor reunió una suma lo suficientemente grande como para comprar los Wolves. La NBA aceptó y Taylor se convirtió en el propietario mayoritario de la franquicia. Top Rank, el colectivo empresarial de Nueva Orleans, se iría a la quiebra poco después. Paralelamente, un recién llegado Kevin McHale seleccionaba a Kevin Garnett en uno de sus primeros movimientos como general manager. De golpe, la suerte de los Wolves cambió y la franquicia dio paso a una pequeña etapa dorada saldada con ocho apariciones consecutivas en playoffs coronadas por las Finales de Conferencia de 2004.


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(Fotografía de portada de Hannah Foslien/Getty Images)


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