Serie ‘Origen de las franquicias NBA’: poniendo a Dallas en el mapa

Proseguimos con nuestro viaje a la historia de la NBA en esta nueva entrega sobre el origen de las distintas franquicias que componen la competición. En él nos sumergiremos en décadas pasadas para adentrarnos en diversos aspectos como la fundación del equipo, el origen de su nombre y los posibles traslados que se hayan dado. Es decir, arrojar algo de luz sobre la etapa primigenia de cada una de ellas. En el artículo de hoy, los Dallas .

Primera entrega: Utah Jazz


Corría el año 1978 y Gran Eckardt tenía un plan. Al empresario no le iban las cosas nada mal en sus numerosos negocios pero en su interior también ardían inquietudes deportivas. Después de darle muchas vueltas al asunto en su cabeza se reunió con el abogado Doug Adkins para trasladarle su propuesta: otorgarle a la ciudad de Dallas una franquicia de la NBA.

Eckardt necesitaba recaudar capital para afrontar su ambiciosa empresa y por ello acudió a Adkins, quien rápidamente le dio el contacto de uno de sus clientes, , propietario de Home Interiors and Gifts, una compañía de objetos de decoración para el hogar con presencia en toda Norteamérica.

Las conversaciones acabaron en un punto muerto y Eckardt retiró su propuesta, la cual, no obstante, cautivó a Carter. Le sobraba el dinero y su esposa, Linda, había jugado a baloncesto durante su estancia en el Duncanville High School, por lo que decidió seguir adelante con el plan a modo de regalo para ella. “A partir de ese momento, se trataba de cumplir el brillo en sus ojos cuando le dije que tendríamos una parte de un equipo de la NBA”. Ya había meditado en alguna ocasión la idea, pero esta nunca se le había presentado tan de cerca y se puso manos a la obra.

Mientras tanto, en la NBA se cocían cambios. Necesarios, algunos. El seguimiento de la liga estaba cayendo en picado: los pabellones no se llenaban y la audiencia televisiva había caído un 26%. En consecuencia, la temporada 1978-79 cerró con cuantiosas pérdidas entre 18 de las 22 franquicias participantes. Uno de esos equipos especialmente azotado por el decreciente interés fueron los Buffalos Braves. Norm Sonju, propietario y general manager de la franquicia, decidió entonces que era de momento echar el cierre y trasladar muy lejos de allí a un equipo herido de muerte. Si bien terminarían encontrando refugio en San Diego –renombrados ya bajo el nombre de Clippers–, el plan de Carter llegó a oídos de Sonju y decidió hacer las maletas él también, pero rumbo a Texas.

En Dallas, el alcalde Robert Folsom –previamente propietario y presidente de los Chaparralas de la ABA– haría las presentaciones y ambos empezarían a trabajar para cumplir el objetivo de devolver un equipo profesional de baloncesto a la ciudad. Sonju y Carter intentaron comprar tanto los Milwaukee Bucks como los Kansas City Kings, pero en ambas negociaciones se toparon con la negativa a reubicar los equipos. Así, la única solución viable era apuntar al draft de expansión. Precisamente, durante la celebración del All-Star Game de 1979, el comisionado Larry O’Brien había anunciado que la NBA añadiría dos nuevas franquicias en la temporada 1980-81 con el fin de reactivar y dinamizar la competición. La situación era perfecta.

Durante diez meses, los dos excéntricos personajes trabajaron codo con codo para atraer la atención de inversores minoritarios con los que reunir los ocho millones de dólares que exigía la NBA como canon de entrada. Entre los 18 inversores interesados se encontraban los cantantes Willie Nelson y Glen Campbell y el actor James Garner. Cuando todo parecía hecho, la organización subió este canon hasta los 12 millones. Carter y Sonju no se lo podían creer, mientras cinco inversores secundarios se retiraban tras este inesperado cambio de guión. Un aumento al que tampoco pudieron hacer frente en Minnesota, donde se estaba fraguando la que debía ser la segunda franquicia en incorporarse y que, finalmente, tendría que esperar hasta 1989 para ingresar en la NBA.

Con el reloj en contra, Carter llamó por teléfono a Sonju y le pidió si podían verse ya mismo. En una servilleta del restaurante Coco’s, Carter trazó la contraoferta por la cual su compañía Home Interiors y él se comprometían a cubrir la mayor parte de los 12 millones de dólares finales exigidos. Pero con una condición: los pagaría a plazos hasta 1982, en lugar de adelantar seis millones como había solicitado la liga.

“Don se puso de pie en aquel restaurante y dijo: ‘Bien, vamos a comprar el equipo”, recordó Sonju en una entrevista de 2018 para el Dallas News. “Fue un gesto muy significativo. Obviamente, yo no soy un hombre rico. No podía hacerlo sin que Don me brindara su apoyo financiero. Y Don no podría hacerlo sin que yo hubiera hecho todo aquel trabajo previo. Ese matrimonio nos permitió conseguirlo.”

Tan solo dos semanas después, el 1 de mayo de 1980, O’Brien llegaba a la estación ferroviaria Union Station de Dallas y un par de horas después firmaba el contrato por el cual los Mavericks se convertían en la 23ª franquicia de la NBA.

Historia de un nombre y un logo

Para dar inicio a su andadura en la NBA, la franquicia contó con la inauguración del Reunion Arena, un pabellón con capacidad inicial para 17.772 aficionados que precisó de una inversión previa de 27 millones de dólares. Por aquel entonces, los asientos más caros costaban 15 dólares, en comparación con los alrededor de 630$ de su precio actual. Pero faltaban otros dos flecos igual de importantes: un nombre y un logotipo.

Para el primero, Don Carter y Norm Sonju llevaron a cabo un concurso público anunciado a través de la estación de radio WBAP de Dallas. Se recibieron más de 4.500 propuestas, las cuales fueron recogidas y deliberadas por un reducido comité de cinco miembros. Tras un largo de debate y un estudio de cada una de las propuestas recibidas, tres de ellas superaron el corte: Mavericks, Wranglers y Express.

La decisión final recayó en manos de Carter, quien no dudó ni un segundo en decidir cuál sería el nombre del equipo del cual era el principal propietario. Al igual que ocurre con San Antonio, el término ‘Maverick’ tiene su origen en la aclamada serie de vaqueros protagonizada por James Garner emitida en Estados Unidos entre 1957 y 1962.

Carter siempre fue un enamorado de la vestimenta cowboy y todo aquello que tuviera relación con el western y el denominado ‘Salvaje Oeste’. Hasta sus últimos días de vida, ya con el equipo en manos de Mark Cuban, era habitual verle en el American Airlines Center con su característico sombrero blanco de vaquero. Una vestimenta tan especial para él que fue la encargada de adornar el primer logotipo de los Mavericks.

Antes de dar inicio la temporada, la cúpula de los Mavericks recibió otra inesperada noticia que hacía tambalear su estructura, esta vez a nivel deportivo. Las condiciones volvían a cambiar y Larry O’Brien anunciaba que, en vez de tener el primer pick del draft, no iban a poder elegir hasta la undécima posición. Pese al sustancial descenso supieron moverse muy bien e incorporaron a Kiki Wandeweghe, uno de los principales jugadores de la UCLA subcampeona de la NCAA de 1980. Sin embargo, el rookie se negaría a jugar para los texanos y en diciembre sería traspasado a los Nuggets. Junto a él aterrizarían, tras el consecuente draft de expansión, Geoff Huston, Jim Spanarkel, Tom LaGarde, Abdul Jeelani o Bill Robinzine, del cual ya os conté no hace mucho su trágica historia.

Como era de esperar, la franquicia texana pagó la novatada y concluyó su primera temporada en la NBA con el peor balance de toda la competición (15-67). Este varapalo, no obstante, les permitiría, esta vez si, garantizar la primera elección en el draft de 1981, en el cual seleccionarían a Mark Aguirre, uno de los anotadores más prolíficos de la historia. Pero eso, amigos míos, ya es otra historia.


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(Fotografía de portada de Ronald Martinez/Getty Images)


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