¿Un Draft incierto? Vivencias en la piel de Isaiah Thomas


Con la ceremonia del Draft 2020 sin saber ni cómo ni cuándo, cae ideal el recuerdo de Isaiah Thomas, quien ha aprovechado estas semanas convulsas para desgranar la que fue su propia historia.

Su relato NBA se mueve con la gracilidad de un tuareg por el lomo de un camello:

  • Puesto 60 del draft (2011), al límite de no ser escogido.
  • 2 veces All-Star (2016-2017), miembro del All-NBA (2017) y candidato al MVP en su mejor temporada en los Celtics.
  • Actual agente libre, tras su anodino paso por Nuggets y Wizards, y sin equipo alguno que lo quiera en su rotación.

Subidas y bajadas, todas ellas, que empezaron con una vital decisión. Cuando en su año junior (tercero de universidad) y con todavía otro más por delante para echar su nombre al cáliz, decidió que ya estaba bien: que era entonces o nunca.

Un curso más desplegando su talento en la NCAA no iba a derribar los prejuicios de aquellos que, por entonces, no hubiesen sabido apreciar su ya enorme talento. Creyó (en él) y apostó. Todas las fichas al centro de la mesa al borde mismo de la roca de Preikestolen.

“A los chicos que depositan su nombre ahora en el Draft les diría sólo una cosa”, comenta el point guard, leyendo la coyuntura, para The Undefeated. “Tienen que tomar la mejor decisión para sus vidas. Esto no se basa en hacer simplemente lo que quieres o lo que te apetece. Sopesa cuáles son los puntos fuertes y débiles de la situación. Asegúrate de qué ventajas y desventajas arrastras contigo, y lo que es más probable que ocurra y lo que no. Y luego, una vez hecho todo esto, trata de tomar una decisión.

Yo era un junior cuando me presenté al draft. Aún me quedaba un año por delante. Anoté en un papel mis pros y mis contras y todo lo que podía ocurrir, desde que no fuese elegido por nadie hasta caer en la segunda ronda y que luego nadie me diese una oportunidad y con cero ingresos de por medio, no sabiendo qué hacer después.

Mi decisión final fue que debía apostar por mí mismo. Lo vi claro. Sentía que un año más en la universidad no iba a cambiar nada ni me iba a servir de nada. Y, por supuesto, el  lockout (las negociaciones estaban tensas en aquel instante y el cierre patronal se respiraba denso en el ambiente) rondaba en mi cabeza.

La mayoría debieron pensar, probablemente, que estaba loco ‘¿Qué está haciendo? ¡Aún tiene un año por delante! Puede seguir en la universidad. Hay demasiadas incógnitas sobre un posible lockout’. Pero la decisión estaba tomada. E hice de tripas corazón.

23/6/2011: noche sobre el alambre

Así pues, decidí volver de regreso a Seattle para ver la ceremonia del Draft en el gimnasio la facultad de Washington con mis compañeros de equipo; mientras, mi familia se había quedado en los colegios mayores celebrando una pequeña draft-party; pero yo prefería estar centrado en lo mío.

Sabía que tenía un par de opciones de que me escogieran al final de la primera ronda. Pero no había nada seguro. De hecho sabía que lo más plausible era que escuchase mi nombre en la segunda ronda.

Pero entonces la segunda ronda llegó… y empecé a oír nombres tras nombre… sin que pudiera responder al mío.

No me pudo la ansiedad, pero la negatividad empezó a cernirse sobre mí hasta que, tras los picks de Lakers (los angelinos disponían de dos postreras segundas rondas) vendría el final. Y todo se habría acabado. Pero sabía que ellos estaban a la caza de un base, y previamente me habían dicho que si seguía disponible, irían a por mí.

Entonces (en esa ventana de tres-cuatro minutos entre dos picks), llamé a mi madre. ‘¿Estás bien?’, me preguntó. Yo ya estaba pensando en abandonar las instalaciones y poner rumbo a casa. Mi madre entonces me dijo: ‘Continúa creyendo en Dios y en tu destino. El draft todavía no a terminado’.

Pero yo ya no dejaba de preguntarme: ‘¡Diablos! ¿Habré tomado la decisión equivocada?’

Entonces fue cuando recibí la llamada de Byron Irvin, mi agente. Me dijo que los Kings iban a escogerme con su último pick. Y cuando efectivamente ocurrió, fui feliz.

Obviamente no quería ser elegido el último. Quería salir más arriba. Pero se había cumplido un sueño… oír mi nombre reverberar en una ceremonia del draft.

‘He sido drafteado. Y sé que si me dan una sola oportunidad, sabré sacarle todo el partido del mundo'”.

El lockout

Sí, Isaiah, aunque over the edge, había sido elegido en el draft. No obstante, los rumores de lockout no eran en vano, y el acuerdo entre propietarios y sindicato no vio la luz hasta el 8 de diciembre de 2011, quedando reducidos los 82 partidos de siempre a sólo 66.

“No sabía cuanto iba a durar. No hubo Summer League. Y yo estaba en plan: ‘¿Qué voy a hacer ahora? No tenía ni idea de cuándo iba a dar comienzo la temporada, entonces pensé en otras cosas que podía hacer durante ese receso.

Estaba de vuelta en Tacoma, Washington, y no había ningún partido serio que jugar. Esa fue la parte más dura, porque justo el curso en la NCAA estaba empezando. En algún lugar de mi cabeza resonaba:  ‘¡Carajo, tú podrías estar jugando ahí!’. Pero a pesar de todo sabía que había tomado la decisión acertada. La universidad era solo un paso más. Un puente intermedio.

En aquel entonces conocí a Jamal Crawford y Jason Terry, quienes me ayudaron mucho en esos días. Aún estaba viviendo en el que era mi estudio durante la universidad. Mi novia de aquel entonces (que ahora es mi mujer) vivía allí conmigo. Y ella se quedó embarazada. No podía parar de pensar: ‘Algo tiene que ocurrir ya (respecto al lockout); necesito dinero para poder pagar tanto doctor’.

Afortunadamente la gente de mi alrededor me apoyaba. Tenía comida en la mesa, un lugar donde vivir y todo iba relativamente bien. Me mantenía en forma y entrenaba lo que podía. Sin embargo, ya empezaba a valorar el tener que irme a jugar durante un tiempo al extranjero, no sólo por mí, sino por mi familia.

Y fue justo por fin cuando dieron la gran noticia. La probabilidad de que la temporada comenzase antes del 25 de diciembre cobraba forma. Recuerdo aquel día. Un paso más cerca de cumplir mi gran sueño”.

California: abriendo hueco

Me escogieron por una razón. Muchos ‘segunda ronda’, especialmente los del final, no llegan siquiera al training camp”.

No le falta razón a Isaiah. De los últimos diez elegidos solo otros cuatro llegaron a debutar en la NBA, y aparte del point guard tan solo E’Twaun Moore mantiene cierto estatus en la liga–.

“Que me llevasen al training camp sin haber pasado por la Summer league ya significaba mucho. Fui allí en ‘modo superviviente’ para intentar conseguir un contrato. Perseguía a mis rivales por toda la cancha. Me esforcé al cien por cien. Mi mentalidad siempre fue la de ‘tengo que destacar como sea. No puedo quedarme fuera’. Sin embargo sabía que las posibilidades de que lo lograse no eran altas.

Entonces mi agente me llamó en mitad del training camp y me dijo: ‘Los Kings quieren firmarte un acuerdo de tres años’. Y a continuación comenzó a darme todos los detalles, incluido que se trataba un contrato no garantizado. Pero a mí eso no me preocupa lo más minimo. Ahí ya no dudé: ‘Estoy dentro. Yo me encargaré del resto’.

No tenía nada que perder. Era el pick 60. La guinda del pastel”.

Al principio Thomas apenas contaba con minutos sobre el parquet. Por delante tenía, como él mismo rememora, a Jimmer Fredette, Marcus Thorton y Tyreke Evans–.

Iba a amortizar cualquier oportunidad minúscula que me dieran. Los últimos 30 segundos antes del descanso. Cinco minutos en el último cuarto cuando fuésemos perdiendo de veinte o de treinta… me daba igual; tan solo pensaba ‘Ok, dejadme demostrar a toda esta gente a qué mundo pertenezco’.

Una decisión valiente

En febrero, por fin, el por entonces entrenador de Isaiah en los Kings, Keith Smart, se le acercó y le dijo. ‘Estoy pensando en hacerte salir de titular. Y necesito que juegues bien. Solo quiero que lo tengas en mente'”.

Ambos, así era, se jugaban mucho con ese paso. Para el coach implicaba sentar a Fredette, todo un pick 10 del draft y estrella absoluta de los Cougars de Brinham Toung en la universidad. Para Thomas era una oportunidad con tintes de ultimátum. Una especie de Linsanity en su primer partido con minutos de verdad en los New York Knicks. Necesitaba una gran actuación. Una actuación soberbia. O volvería a lo profundo del banquillo y a los garbage time.

El resto es historia. Thomas terminó en el 2º Mejor Quinteto de Rookies y pronto empezó a destacar como un anotador eléctrico, convirtiéndose en el director de orquesta y faro referente del juego de los Kings. Tanto creció que las ambiciones de la franquicia se le quedaron pequeñas y solo un traspaso podía colmar toda su hambre. Phoenix fue la lanzadera, y Boston la ciudad que siempre le estuvo esperando.

C’est la vie

La cadera y Danny Ainge fueron dos obstáculos imprevistos de opuesta índole en mitad un hermanamiento que, por cómo se había fraguado y los frutos que en tan poco tiempo había dado, debió durar mucho más.

Aún así, Isaiah arriesgó. Envidó. Volvió a elevar la apuesta… y bueno… puede que no se llevase el bote.

Pero creo podemos decir, sin el menor miedo a equivocarnos, que sí; que el playmaker de 1,75 acertó de lo lindo al presentarse al draft como jugador de tercer año de los Huskies de la Universidad de Washington. Bendito último pick.

(Fotografía de portada de Maddie Meyer/Getty Images)


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