Cleveland sobrevive a la garra de los Raptors

Los de Ohio igualaron la intensidad canadiense para ganarse el billete a la segunda ronda

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Por Aitor Darias

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Había siete comensales esperando en la mesa, pero por fin está ya completa. Pese a que se creía que serían de los primeros en llegar, los Cleveland Cavaliers han sido el último equipo en sumarse a las semifinales de conferencia, algo que han logrado tras imponerse por 114-102 en el séptimo partido a los Raptors. Unos Raptors que han peleado, que han luchado, que han bajado el partido al barro. Pero que, con todo, no han podido.

Y es que a la hora de la verdad ha acabado pesando la diferencia de experiencia y de galones entre ambos equipos. El haberse visto en situaciones similares, el saber encajar los golpes, el saber gestionar el paso de los minutos. Pese a que el ímpetu inicial de Toronto los pilló un poco por sorpresa, los de Ohio terminaron dominando el choque y teniéndolo bajo control durante toda la segunda mitad, lo que dio lugar a un cierre relativamente plácido fruto de su temperamento y saber estar.

Allen y Strus, Strus y Allen

Y no necesariamente por obra de sus dos hombres más importantes. Mitchell y Harden influyeron, sí, el primero con sus arreones anotadores y el segundo con su capacidad para viajar al tiro libre, pero ambos se quedaron lejos de tener una noche brillante. Quienes la tuvieron fueron, curiosamente, dos hombres de rotación.

Uno de ellos fue Max Strus, conocido principalmente por su tiro exterior pero que se convirtió durante todo el choque en un perro de presa como pocos hay en la liga. Fue él quien ayudó a los locales a elevar el tono físico para igualar la excelente salida de los Raptors, y a base de generosidad en el esfuerzo y sacrificio fue ganando protagonismo en un choque que exigía lo que él traía. Forzó faltas en ataque, provocó pérdidas, capturó rebotes ofensivos…

Fue seguramente el primero que entendió a qué quería jugar Toronto y el primero en responder. Y aunque quizás se excedió en una acción en la que pareció asestar en un cabezazo a Scottie Barnes, fue precisamente su exceso de revoluciones lo que lo convirtió en el instigador del equipo.

Pero aun con esas, fue Jarrett Allen quien realmente dominó el encuentro y quien hizo que se rompiera de forma definitiva. El mismo Allen que, como ha ocurrido en otras postemporadas, venía siendo bastante cuestionado y que sin embargo en la segunda mitad pareció un hombre jugando contra niños cuando, debido a los problemas de faltas de Mobley, parecía que los de Atkinson podían tener problemas en el juego interior.

Sus 22 puntos y 19 rebotes cuentan gran parte de la historia, pero no toda la historia. Allen fue realmente un monstruo en la pintura y, por primera vez en toda la serie, se hizo gigante ante un rival falto de centímetros y sin recursos para pararlo. Su dominio era tal que llegó a fallar un tiro libre, coger su propio rebote y finalizar con un mate mientras el resto miraba y se preguntaba de dónde había salido esta versión, con la que hizo a Cleveland marcharse 22 arriba y anunciar a los Pistons que ya tienen rival.

Errores de principiante

Técnicamente estos Raptors no son un equipo sin experiencia en playoffs, pues hombres Barrett, Poeltl o incluso el propio Scottie Barnes han vivido en sus carnes lo que es una postemporada. Pero cierto es que, en este proyecto y con este nivel de responsabilidad, esta era la primera vez para la grandísima mayoría. Y, aunque las ganas no han faltado, han acabado pagando la novatada.

La segunda mitad fue para los de Rajakovic una dolorosa sucesión de errores de principiante que los fueron alejando cada vez más de un partido al que habían entrado con muy buen pie. Había un plan y voluntad de seguirlo, con un altísimo nivel de energía y movilidad, un alto ritmo de juego y el acierto acompañando para lograr buenas ventajas al inicio y ganarse el derecho a soñar, pero cuando los Cavaliers apretaron llegaron los nervios. Y con ellos, el desastre.

El desacierto en el tiro, tanto en el triple como en situaciones más sencillas, fue un problema, pero estuvo lejos de ser el único. Pérdidas tontas que regalaron puntos gratis, prisas innecesarias, personales evitables que regalaron tiros libres y cargaron de faltas a varios hombres, desesperación… A la vez que Cleveland iba encontrando argumentos para dominar, Toronto iba cavando su propia tumba, y el intento de arreón final llegó demasiado tarde y sin demasiada fuerza como para cambiar nada.

Su futuro estaba ya decidido, y con el sonido de la bocina su temporada llegó a su fin con un sabor amargo que empezará a endulzarse a medida que el tiempo y las perspectiva les hagan valorar lo logrado. Lo siguiente será aprender de lo no logrado para regresar a este mismo escenario con armas para superarlo. Pero eso ya, como pronto, dentro de un año.

(Fotografía de portada: Ken Blaze-Imagn Images)

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