Lo han hecho. Comenzaron con dudas, se complicaron la vida mucho más de la cuenta y llegaron a parecer condenados en el Game 6, pero los Detroit Pistons han acabado sacando adelante su serie ante los Magic. Una de las que parecía más desigual, en la que casi nadie apostaba por el upset, y sin embargo una de las que ha requerido esperar hasta el último día para conocer el desenlace. Pero al final, con un 116-94 en el marcador, no ha habido giro final que arruinase las expectativas iniciales.
Y lo cierto es no ha habido ni siquiera demasiadas dudas al respecto. Orlando peleó hasta el final en el quinto y tuvo el sexto en sus manos, pero con la llegada del séptimo encuentro se ha ido deshaciendo y apenas ha podido presentar batalla a un rival que dio continuidad a la inercia cogida en la segunda mitad del Game 6. Una segunda mitad en la que, como hoy, fueron más equipo en todos los sentidos. Lo cual volvió a ser sinónimo de triunfo holgado.
Carga de caballería
Uno de los grandes problemas de Detroit a lo largo de toda la eliminatoria ha sido la increíble dependencia de Cade Cunningham en casi cada aspecto del ataque. El base pudo tener mayor o menor acierto, mayor o menor cuidado con el control de balón, pero era difícil reprocharle nada al verlo obligado a generar todo por su cuenta y al comprobar la escasísima ayuda que le brindaban los que habían sido sus escuderos durante todo el año.
Pero así debe ser para dar algo de épica a la historia. Los Rohirrim cargaron al amanecer sobre el abismo de Helm y los caballeros del Valle irrumpieron a última hora en la batalla de los bastardos. Así como los secundarios de los Pistons han esperado hasta el último momento para dejar su huella en la serie.
Cade fue, con 32 puntos y 12 asistencias, el líder una vez más, pero estuvo arropado como nunca. Tobias Harris, su único socio fiable en el resto de noches, fue incluso más allá y ejerció de segunda estrella con 30 tantos; Jalen Duren, desbordado en más de una ocasión, se hizo más grande que nunca en la pintura hasta sumar 15 puntos y 15 rebotes; Daniss Jenkins, irreconocible hasta el momento, tuvo por fin su dosis de acierto y anotó 16 tantos…
Tobias Harris in Game 7? OUTSTANDING.
— NBA (@NBA) May 3, 2026
🎯 30 PTS, 5-7 3PM, 11-18 FGM, DET W
Harris and Cade Cunningham become the 11th duo in NBA history to each total 30+ PTS in a Game 7! pic.twitter.com/XmeBjfQKO8
Al fin había en pista un equipo demostrando recursos propios de un primer clasificado. Al fin había una forma de volver a hacer humana a la defensa de Orlando.
La primera carga llegó al final de la primera mitad, con un parcial de 15-4 impulsado por Harris que llevó la diferencia a los dobles dígitos, y a partir de ahí los de Michigan nunca miraron atrás. La segunda mitad abrió con una imagen igualmente dominante, y, con cada vez más hombres entonados, la brecha fue creciendo hasta los 25 puntos. Y a partir de ahí, solo fue cuestión de no perder más balones de la cuenta y dejar correr el tiempo hasta la bocina final.
Banchero busca ayuda
Los de Florida, por el contrario, vivieron la situación opuesta a los Pistons. Si en estos el contexto favorable hizo que hombres hasta ahora desaparecidos dieran por fin la cara, en el cuadro de Mosley hubo un solo jugador tratando de rebelarse contra lo inevitable. El que, pese a haber sido uno de los principales señalados durante la decepcionante liga regular, ya se quedó solo buscando la proeza en el Game 5 y experimentó un déjà vu en el regreso de Detroit.
Porque si a alguien no pueden ponerse pegas hoy es a Paolo Banchero. Quizás sí otros días, pero hoy el alero hizo todo lo humanamente posible para estirar la vida de unos Magic que, sin él, se habrían quedado sin opciones en cuestión de segundos. Suyos fueron los primeros 11 tantos visitantes, y tuvieron que pasar casi nueve minutos para que llegara una canasta no anotada o asistida por él. Mediado el segundo cuarto, 19 de los 35 puntos visitantes llevaban su firma.
Y claro, llegados a ese punto, los Pistons tuvieron claro qué tenían que hacer en defensa.
Paolo terminó con 38 tantos pese a medirse a un rival que, llegado a cierto punto, no disimuló su intento de invitarle activamente a soltar el balón, pero su esfuerzo fue como echar leña a una hoguera en medio de un diluvio. El resto trató de sumarse a la causa a base de una presión a toda pista que provocó alguna pérdida local, pero nunca hubo la consistencia anotadora o el nivel de caos suficiente para darle la vuelta a un -20 en cuestión de un par de minutos. Lo que había era esto. Y para bastante ha dado.
Porque perder en un Game 7 era mucho más de lo que se esperaba al iniciar la serie, pero hacerlo cediendo un 3-1 hace inevitable sentir un gusto bastante amargo acerca de lo que pudo ser. Y, lo que es más interesante, obliga a la franquicia a preguntarse si esta serie ha sido un oasis en el desierto o la confirmación de que había algo en este proyecto. Porque, cuando toque tomar decisiones, será necesario saber qué son estos Magic para darles una dirección.
(Fotografía de portada: Rick Osentoski-Imagn Images)





