Lonzo Ball, crecimiento entre voces divergentes

¿Qué hacer cuando se reciben consejos contrapuestos? Ese es justo al dilema que se enfrenta . Aterrizado en la NBA con flashes disparando a cada paso, el rookie de los ha tenido que convivir con una observación casi enfermiza cuando salta a cancha. En este periodo —poco más de un mes— ha habido luces y sombras. Sus porcentajes en los tiros están muy lejos de lo deseado, pero ello no le ha impedido ser el jugador más joven de la historia en conseguir un triple-doble.



Ball está dejando a su paso tanto aplausos como críticas, algunas bastante exageradas al tratarse de un chico de 20 años que recién inicia su carrera. La cuestión es que esa presión, la de quienes esperan más desde ya, no llega solo desde fuera. Su padre, , quiere que tanto el equipo como él sean más competitivos.

“No parece estar jugando por nada. Ve a por la victoria. Haz lo que sea necesario. Ha estado alejado de mí demasiado tiempo. Veo tendencias en su juego, están intentando tratarlo como a un niño. Son blandos. No saben cómo entrenar a mi hijo. Le digo que vaya a por la victoria. Que deje de perder el tiempo”, así de tajante se muestra a Bleacher Report el progenitor, quien afirma que en ningún caso se trata de un tema personal con su entrenador, : “No tengo problema con Luke, solo con la derrota”.

Ese es el planteamiento de LaVar, quien entiende que ganar está por encima incluso del camino para conseguirlo. Convencido de que sus hijos —como ya sabemos son tres—, han nacido para ser los mejores, quiere que eso quede claro desde el primer momento. Walton tiene otra idea.

“Este es un gran momento para aprender que todos en la NBA son buenos. El hecho de que ganemos dos veces a un equipo no significa que seamos mejores que ellos” explicó en relación a la derrota con Phoenix tras ganarles dos veces anteriormente.

“A medida que construyes vas camino de ganar, pero nunca se hace sin dificultades. Nunca se trata de tener piezas e ir avanzando sin tropezar. Todos los equipos pasan por esto. Lo importante para nosotros es que aprendemos de nuestros errores, mantenemos nuestra cabeza alta, seguimos trabajando y avanzando para llegar a donde todos queremos estar”, comenta en un mensaje que transmite paciencia a los suyos. Y una vez más, LaVar rechaza tal planteamiento.

“No se trata de eso. ¿Ser paciente con él? No hay paciencia cuando no se está ganando. Están dejando que sea demasiado fácil perder al decir que son un equipo joven. ¡Olvídate de ello! Diles que necesitan ganar. Tienen el talento suficiente. Si juegas en casa y pierdes no puedes estar bien. Es por ello que están tranquilos cuando pierden por cinco o seis puntos…”.

Esas son las dos voces con las que debe lidiar Lonzo para acabar alcanzando el estatus de estrella en la liga. Su padre, quien ha dirigido su carrera en todo momento, le pide que se olvide de reconstrucciones y enseñanzas para demostrar ya su nivel. Su entrenador le arropa para que pueda ir mejorando sin que el peso de tener que ganar ya lo aplaste. Por ahora nos muestra su gen competitivo. “Nunca voy a decir que perder está bien. Nunca he jugado para perder y no voy a empezar ahora”, alega Lonzo.

Ingram, ¿el ejemplo?

Puede ser. En estos momentos tiene los mismos años que Ball (20) pero vive ya su segunda temporada en la NBA. La de novato no fue un camino de rosas. Siendo número 2 del Draft como Lonzo, desde el primer momento se vio que estaba demasiado verde. Sus prestaciones fueron discretas y ya hubo quien dictó sentencia. Ha pasado un año y ha mejorado en todo. Son 14,8 puntos con un 44,6% en tiros de campo, un paso al frente ostensible que se extiende al resto de facetas del juego. Lonzo es hoy un jugador con lagunas, pero en un año puede eliminar muchas de ellas si trabaja sin sobresaltos.