Plan NBA anticorrupción: una transición entre institutos, NCAA y el Draft


La de David Stern en 2005, fue una victoria por mayoría simple, muy lejos de la mayoría absoluta y a varios pársecs del consenso. Su triunfo a la hora de establecer un límite de edad para presentarse al Draft de la NBA, fue un triunfo ético y moral, pero que no tuvo en cuenta todas las subtramas que iba, no a provocar, pero sí a potenciar y disparar a niveles exponenciales.

De aquellos polvos, estos lodos

La NCAA y sus acólitos, universidades e institutos, se han convertido en una radiografía localizada y perfecta de la inconciliable relación que guardan las economías y políticas occidentales desde hace más de tres décadas. La NBA decidía, en el año 2005, crear compartimentos estancos y con altos grados de autonomía. La universidad se convertía —a no ser que el jugador se decantara por un prematuro arranque profesional en el extranjero— en un peldaño imposible de saltar. Los ojeadores desaparecían de los pabellones de la escuela secundaria, y con ellos sus suculentos, tentadores y poco educativos cheques.

Ceder tal grado de autogestión, ha sacado a la luz la parte más vulnerable del sistema. Escándalos económicos —sobornos, fraudes, malversación— han avergonzado a universidades y a algunos de sus más ilustres miembros. A Rick Pitino le ha tocado ser cabeza de turco, y su fulminante despido actuó de medida ejemplarizante.

Ronda de audiencias

En este escenario, la NBA ha tomado la decisión de que es hora de volver a tomar cartas en el asunto e intervenir. Diversas fuentes de ESPN informan que el comisionado Adam Silver estudia un plan de choque para poner fin a esta economía sumergida que tanto daño está haciendo a la fase embrionaria del profesionalismo; la guardería de la NBA.

En estos días, Silver y un grupo de asesores se encuentran recorriendo el país, concretando reuniones y recopilando información de todas las partes afectadas e interesadas en este proceso de armonización. La gira incluye encuentros formales con la NPBA —Asociación Nacional de Jugadores de Baloncesto— para discutir sobre la consabida norma de edad, conocida como one and done —”uno y listo”, aludiendo al año imprescindible y suficiente que tienen que transcurrir los jugadores en la facultad antes de presentarse al Draft—.

Línea de crédito para las jóvenes promesas

El borrador de este nuevo plan se sustenta sobre la siguiente idea. La NBA establecería contacto directo con las mayores promesas de cada instituto del largo y ancho del país, proveyéndoles de recursos y herramientas para que puedan seguir desarrollando su juego en una atmósfera de preparación de élite. Esto formaría parte de una alternativa a la Universidad, siempre bajo la tutela de la NBA, en la que estos jugadores estarían legalmente habilitados a percibir un salario, ya fuera procedente de alguna de las franquicias de la Liga o de alguno de los conjuntos de la G League.

¡Clinc, caja! Justo lo que jugadores como Michael Beasley, exigían como cambio imprescindible en la política de la NCAA.

Un salto paulatino

Así pues, desde la NBA se marcan dos líneas de acción. La primera en los institutos, y la segunda en ese limbo temporal que es el primer año de universidad.

Las fuentes señalan que Silver podría presentar un plan ya elaborado en los próximos meses, aunque previamente se espera un informe de la NPBA a lo largo de la primavera, una vez concluya esta ronda de reuniones y comitivas.

“Estamos buscando cambiar la relación que tenemos con los jugadores antes de que lleguen a la NBA”, ha dicho un alto oficial de la Liga a ESPN. “Este es un desafío complejo, y todavía hay mucho que discutir sobre cómo lo vamos a implementar, pero todos vemos la necesidad de intervenir”.

G League, la nueva cantera

En los últimos días, dos voces únicas como las de LeBron James y el expresidente de los Estados Unidos, Barak Obama, han hecho un llamamiento precisamente en esta dirección, requiriendo que la G League se convierta en una opción para aquellos jugadores de instituto no quieran o puedan optar por el peaje universitario.

En idéntica dirección y con mismo trasfondo, se ha expresado el presidente de la NCAA, Mark Emmert, quien ha dicho que encuentra absurdo que tantos y tantos jugadores pasen un único año en la universidad como stop insoslayable previa postulación al Draft.

La idea de Cuban

Otro camino que se erige como alternativa al concepto de expansión de la G League, es una especie de academia pre-Draft extra-universitaria de alto rendimiento, la cual lleva varios años encima de la mesa a modo de propuesta; su máximo impulsor es el dueño de los Dallas Mavericks, Mark Cuban. Un modelo que tiene como patrón de imitación las canteras de los clubes de fútbol europeo.

Fuentes de ESPN indican que, aunque esta opción también ha sido profundamente estudiada, por ahora pierde fuerza en pos de la idea de una G League a modo de viaducto y lanzadera.

Cifras; ¿cuánto pagar?

El objetivo es diseñar un híbrido lo suficientemente competitivo a nivel económico para evitar que los jugadores se lancen precipitadamente al extranjero o, peor, acepten acuerdos clandestinos y fraudulentos a edades adolescentes, como ha venido sucediendo todos estos años a niveles de corrupción insospechados.

Actualmente la G League acepta en sus filas a jugadores de 18 años, pero sus salarios no son rival ante las ofertas de los grandes clubes internacionales.

Lo máximo que puede ganar un jugador de la G League por temporada son 26.000 dólares, mientras que recientes prospects del Draft que eligieron volar lejos de sus hogares, como Brandon Jennings, Emmanuel Mudiay o Terrance Ferguson, se embolsaron más de un millón al año mientras esperaban el día de la ceremonia de su selección.


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