Utah ya disfruta del mejor Mike Conley


La primera temporada de Mike Conley en Utah fue especialmente difícil. Su transición como base multiusos tras toda una carrera en Memphis hasta Salt Lake City no siguió el guión esperado. Precisó de tiempo, ajustes y mucha paciencia. El camino estuvo repleto de malas actuaciones y problemas físicos que perjudicaron sustancialmente esta adaptación.

Una lesión muscular en el tendón de la corva lo mantuvo fuera durante casi veinte partidos entre diciembre y enero del pasado curso. Para Conley, aquel episodio fue el colmo de su frustración. No solo por su ausencia sino porque, además, esta coincidió con una racha de diez victorias consecutiva de los Jazz. Y exhibiendo un gran nivel de juego.

Su gran versatilidad siempre había supuesto un plus vital para los Grizzlies. Y más importante aún que sus numerosas virtudes lo era su altruismo y su tendencia natural a jugar por y para los demás. Sin embargo, en ese momento parecía que su presencia en la pista empeoraba el rendimiento colectivo de los Jazz. Estaba muy feliz por los resultados. Sin embargo, su preocupación salía a relucir en privado. “No quería ser la razón por la que fueran un paso atrás cuando me recuperara”, reconoció el base en una entrevista para The Athletic.

Durante años, el de Indiana ha sido uno de los point-guards más subestimados de toda la NBA. Compartir época con un elenco de bases de muy buen nivel y jugar en mercados pequeños no ha hecho justicia a su rendimiento. El mejor ejemplo de este ostracismo lo demuestra su prácticamente inexistente palmarés individual: ni participaciones en el All-Star Game ni presencia en ninguno de los mejores quintetos de la temporada. Su papel de chico bueno y tranquilo se ha visto recompensado, pero de otra manera: tres premios al Jugador Más Deportivo del Año y otro al Compañero del Año. Y esto mismo es lo que explica su deseo por encajar y aportar en la tierra de los mormones.

Esta temporada esa presión e inquietud parecen haber desaparecido. El viejo Mike Conley ha regresado. Ese Mike Conley capaz de controlar un partido de manera milimétrica mientras desmonta la líneas defensivas rivales. El base está promediando 17,8 puntos y 5,7 asistencias, con un acierto exterior del 42,5% que, de mantenerse, sería el más alto de su extensa carrera. Y los Jazz lo han aprovechado para asentarse en la cuarta posición de la Conferencia Oeste.

“Estoy feliz por formar parte de esto y por poder ver crecer el proyecto”, afirmó el jugador. “El año pasado fue muy difícil para mí. Pasé por muchas cosas a nivel personal. Pero pude progresar, aprender y aprovechar ese regreso durante los playoffs en la burbuja. Es mucho más fácil al jugar con el mismo grupo y el mismo sistema. Eso ha marcado la diferencia.”

Conley nunca había tenido que hacer frente a una curva de aprendizaje similar. Su llegada a Utah supuso la primera vez que compartía cancha con un jugador de las características de Donovan Mitchell, quien precisa constantemente del balón en sus manos. Hasta entonces había sido el encargado de liderar las labores de creación de su equipo, surtiendo de balones a Marc Gasol y Zach Randolph en la pintura. En esencia, sus compañeros de equipo de gran calibre y calidad habían sido, principalmente, big mens.

No obstante, ya durante los partidos previos a la suspensión de la temporada por el COVID-19 había rendido a un mejor nivel. Este fue todavía mejor durante la burbuja de Orlando, quedando este difuminado por un triple suyo que no entró y que le podría haber dado la clasificación a su equipo en primera ronda de los playoffs. Se trataba, sin duda, de pequeñas señales previas de lo exhibido en estas primeras semanas de competición.

“Lo más importante de Mike es que se le ve cómodo”, afirmó Donovan Mitchell. “Simplemente está haciendo lo que sabe hacer. Ese es el Mike Conley que todos conocemos y al que todos esperamos ver más.”

Es evidente que su comprensión ofensiva del sistema de Quin Snyder es mucho mejor en su segundo año. Y esta comprensión le ha permitido recuperar las cosas que mejor sabe hacer: la ejecución del pick-and-roll, la creación de sus propios tiros y la capacidad de dividir la defensa penetrando a canasta.

Una mejoría vital más allá de sí mismo. Los Jazz han apostado por Mitchell como su base titular de futuro y la presencia de Conley le permite repartir la responsabilidad mientras aprende de él las artes del oficio. A menudo, Snyder apuesta por repartir los minutos de ambos para garantizar la presencia en pista de un catalizador ofensivo en todo momento. Posteriormente, ambos son los encargados de cerrar los partidos, combinando sus fortalezas individuales para complementarse entre sí. Ha habido momentos en los que la ofensiva se atasca o la toma de decisiones no es la idónea, pero todo entra dentro del propio proceso de aprendizaje.

“Ha sido capaz de ser más instintivo”, afirmó Snyder. “Las cosas llevan su tiempo y es importante recordarlo. Son tipos que están descubriendo cómo jugar juntos y ayudarse entre sí. Y eso es algo que podemos seguir mejorando.”

Lo más importante quizá es que Conley ha aprendido a ser más agresivo dentro de un nuevo sistema que abraza directamente los dictámenes del pace-and-space. Los Jazz están jugando a un mayor ritmo, lo que significa más posesiones, más tiros y más importancia y necesidad de sincronización de todos los componentes. A medida que el equipo explora todas estas posibilidades lo único que queda por esperar es una mayor consistencia y pulir los defectos. Pero podría decirse que Conley ha sido el jugador más regular y sólido hasta el momento dentro de una temporada en la que los Jazz tienen puestas grandes esperanzas de cara a lo que puedan lograr en un futuro no muy lejano.

(Fotografía de portada de Al Bello/Getty Images)


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