La ley de la gravedad concede un Game 7 a los Raptors

Una canasta milagrosa de Barrett mantiene con vida a los canadienses y lleva la serie de vuelta a Cleveland

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Por Aitor Darias

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En 1687, Isaac Newton estableció en su Ley de la Gravitación Universal que dos objetos cualesquiera se atraen siempre con una fuerza directamente proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de las distancia que los separa. Una ley que, en uno de los aros del Scotiabank Arena, parece funcionar de manera especial.

En el mismo aro en el que hace ya casi siete años Kawhi Leonard anotó su legendario tiro ante los 76ers, un increíble bote ha vuelto a dar una victoria vital a los Toronto Raptors. Una quizás no tan gloriosa pero desde luego igualmente urgente, pues, con su triunfo por 112-110, los canadienses han evitado la eliminación y forzado el Game 7 ante los Cavaliers para tratar de lograr el pase a la segunda ronda.

Un triunfo que ha llegado con una indiscutible dosis de suerte.

Todo lo que sube tiene que bajar

Los Raptors pusieron el balón en juego con 11 segundos para que terminara el tiempo extra, 11 segundos que podían ser los últimos de su temporada si no eran capaces de sumar una canasta. Aunque no puede decirse que hicieran mucho por demostrar esa necesidad. Sin demasiadas ideas, los de Rajakovic dieron el balón a Scottie Barnes para que se estrellase contra la defensa de Dean Wade, y, sin otra cosa que hacer, este sacó el balón a R.J. Barrett para que este lanzase un triple bien punteado.

Un triple que, con la mano de Mobley delante, falló. O eso pareció durante dos segundos.

En una increíble carambola, el balón se elevó varios metros en el aire antes de caer dentro del aro mientras el pabellón, que contenía aún la respiración, estallaba en júbilo. Una vez más, en el mismo punto y de forma similar, la fortuna había sonreído a los suyos. Los Raptors, como se confirmó cuando Mobley falló el triple sobre la bocina con el que intentar dar el triunfo a Cleveland, seguían vivos.

Y aunque el azar jugó un papel innegable, el final de partido fue uno de esos casos que demuestran que la suerte hay que buscarla. Y es que, si Toronto llegó a los segundos finales en posición de anotar el triple ganador, fue por haber provocado una pérdida de balón de Mobley cuando, con 109-110 y el reloj de posesión casi a la par que el de partido, el pívot esperaba quizás ser objeto de falta. Pero cuando Murray-Boyles llegó a su lado, fue para provocarle una pérdida que se confirmó después como fatídica.

Rozando el déjà vu

El caótico desenlace evitó a Toronto repetir el amargo cierre del Game 5, en el que, tras dominar durante gran parte del encuentro y contar con ventajas de dobles dígitos, el choque se les escapó en el último cuarto. Esta vez, los de Rajakovic sufrieron aún más para anotar en el tramo final y dejaron escapar una diferencia aún mayor, pero lograron sacar fuerzas de flaqueza para dar un final distinto a la misma historia e irse como vencedores.

Lo cual vuelve a dejar sensaciones confusas a la hora de afrontar con mayor o menor nivel de optimismo el decisivo séptimo encuentro. Por un lado, con Scottie Barnes brillante en los dos aros, un Collin Murray-Boyles incansable, y Ja’Kobe Walter cubriendo con sus triples el vacío anotador dejado por la baja de Ingram, han vuelto a contar con argumentos deportivos para creer en sus opciones. Por otro, en una serie tan pareja, los problemas ofensivos en el clutch pueden acabar saliendo muy caros.

(Fotografía de portada: Nick Turchiaro-Imagn Images)

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