Cunningham compra dos días más de vida

El base salió ganador de un increíble duelo con Banchero y salva el primer match ball para Detroit

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Por Aitor Darias

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Si los playoffs son de por sí el escenario que forja a las grandes superestrellas, hay dos tipos de partidos en los que se crean de verdad las leyendas. Dos tipos de partido opuestos pero precisamente por eso similares en este sentido: partidos a vida o muerte, en los que una derrota supone la eliminación; o partidos ganar una serie, en los que es necesaria una última victoria, la más difícil de conseguir, para tumbar al rival. Es ahí donde surgen las actuaciones verdaderamente memorables.

Y esta madrugada en Detroit, ha habido de ambas, aunque solo uno podía resultar ganador. Y ese ha sido Cade Cunningham.

El base ha comandado a los Pistons a un triunfo por 116-109 que pone el 3-2 en su serie ante los Magic y los mantiene con vida, algo que ha hecho con 45 puntos a remarcar por mil motivos. Por su determinación a la hora de la verdad, por echarse a la espalda el ataque de los suyos, por superar el récord anotador de la franquicia en un partido de playoffs… Pero sobre todo, por levantar de la lona a un equipo que parecía hundido tras el Game 4 y hacerle creer que es posible darle la vuelta a esto.

Otro tablero de juego

Dicho cuarto partido destacó por muchas cosas, pero desde luego una de ellas no fue el nivel de eficiencia ofensiva. En una serie ya de por sí carente de grandes recitales ofensivos, ambos equipos bajaron del todo al barro en un choque plagado de lucha, energía y sacrificio pero también de mucho desacierto. Lo cual podía hacer imaginar que este Game 5 iba a moverse en un territorio parecido, pero hicieron falta pocos minutos para descartar por completo esa hipótesis.

Desde el inicio se vio un nivel de fluidez y acierto muy superior en ambos equipos, sobre todo en unos Pistons que, con 38 tantos, firmaron el cuarto más anotador de la serie y dejaron claro que no había salido a la pista dispuestos a posar pacíficamente el cuello en la guillotina. Y aunque en los primeros minutos esta fue una declaración más bien coral y colectiva, con la llegada del segundo cuarto se dio el megáfono a un solo hombre y se le dejó alzar la voz.

Y entonces comenzó el show de Cunningham.

Si de algo no se ha podido acusar a Cade en esta serie es de no asumir galones y tratar de tirar del cuadro de Bickerstaff, pero nunca hasta ahora lo había hecho con la solvencia y el acierto desplegados en un segundo cuarto en el que llegaron 24 de sus puntos. Lo que otros días eran tiros errados, hoy se convirtió en una canasta tras otra. Decisiones que otros días eran cuestionables hoy eran más fáciles de defender. Así, se fue forjando su exhibición. Y así, se fue construyendo la ventaja local.

No obstante, casi más meritorio que el tramo en que anotaba sin parar fue el tramo en que más sufrió para hacerlo. Y es que el último cuarto, en el que cada posesión se pagaba con sangre, en el que había tres jugadores en el suelo luchando por un balón divido cada 30 segundos, en el que cada canasta requería un sacrificio a los dioses del baloncesto, fue también él quien apareció. Menos veces, sí, pero lo hizo cuando contaba.

Cunningham solo convirtió dos tiros en el cuarto periodo, pero ambos valieron para apagar un incendio que, con los Magic armados con un arsenal de triples y un bidón de gasolina, no paraba de crecer. El primero, llegando a la pintura para sumar desde la media distancia, mantuvo a raya la reacción visitante; el segundo, que colocó el 114-109 a falta de 32 segundos, prácticamente la extinguió por completo. Y con ello, se aseguró de que la temporada 25-26 siga en activo para los Pistons.

Algo que, sin embargo, no habría podido hacer en solitario. La anotación de Tobias Harris, la energía del incansable Ausar Thompson o el pequeño paso adelante de Jalen Duren, aún lejos de su mejor versión pero más decente que otras noches, fueron la ayuda que Cade necesitaba para decantar de su lado la balanza en un cara a cara que, al menos en lo numérico, terminó empatado. Porque delante había un hombre con tantas ganas de cerrar la serie como él de mantenerla viva.

La némesis (casi) perfecta

Si Cunningham terminó con 45 puntos en su haber, no fue menos un Paolo Banchero que está usando esta serie para acallar todas las críticas recibidas en temporada regular y que se quedó cerca de poner la guinda con una actuación magistral. Sin Wagner a su lado, el alero hizo de primera y segunda espada a la vez, comandando a los suyos en anotación, en asistencias y en todo lo que tuviera que ver con la generación ofensiva. Y que aun así, tuvo temblando a ratos al Little Caesars Arena.

Y es que si Cade tuvo que emerger como héroe en los últimos minutos fue porque Paolo se empeñó, con un sensacional acierto exterior, en ir reduciendo diferencias hasta dejar en una sola posesión una brecha que llegó a ser de 15 tantos al inicio del último cuarto. Pero que él, con sus 18 puntos en los últimos 12 minutos, casi hace desaparecer prácticamente en solitario.

Y sin embargo, su noche quedó manchada por un pequeño detalle que el destino quiso hacer más que relevante. Pues, así como Cunningham no perdonó desde el 4,60 y convirtió los 14 tiros libres que intentó, el italiano se quedó en un 5/12 que lastró su actuación y que significa que perdonó siete puntos sencillos en una noche en que los suyos perdieron por… siete puntos.

Y aunque sería injusto achacarle la derrota por ese detalle, es difícil no tener la sensación de que se quedó en un 9,9 cuando la situación requería el 10 perfecto. Una sensación que tendrá que usar como combustible para rendir aún mejor y culminar la machada en el Game 6.

(Fotografía de portada: Rick Osentoski-Imagn Images)

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