«Llevamos enfrentándonos muchísimo tiempo, y ya estoy cansado de perder contra ellos».
Esta frase de Embiid después de que los 76ers forzaran el Game 7 ante Boston era simple en su enunciación pero dura en su trasfondo. Tras una idea tan clara, había amargos recuerdos de muchas derrotas, de hasta tres eliminatorias perdidas ante el eterno rival, de esas noches en las que todo estaba en juego y nada salía. Y quizás, había incluso más. Quizás la frustración trascendía el mero cara a cara ante los Celtics y hablaba de la necesidad de una franquicia de reencontrarse con el éxito.
Una franquicia que estaba harta de que siempre aparezca un nuevo problema físico, de que se le recuerde cada dos por tres que este proyecto no tiene una gran victoria en playoffs, de llevar décadas sin experimentar lo que es vencer en un séptimo partido. Una que el año pasado empezó a ver como todo se desmoronaba y que ha pasado todo el curso remando contra lo improbable con una fe que nadie desde fuera compartía en que alguna vez las cosas tienen que salir bien.
Y que hoy, por fin, con su victoria por 100-109, tiene motivos para sonreír.
Porque lo han hecho. Nadie lo habría dicho cuando hace menos de un mes Embiid era trasladado de urgencia a un hospital, cuando arrancaron la serie perdiendo el Game 1 por 32 puntos o cuando se vieron 3-1 abajo, pero los Philadelphia 76ers han doblegado a los Celtics y han confirmado su improbable e inesperado regreso a unas semifinales de Conferencia. En un Game 7 en el TD Garden, el mismo escenario en el que comenzó su hundimiento en 2023, renacen de sus cenizas.
La revolución de Mazzulla
Este, no obstante, era un séptimo partido que, a diferencia de aquel, los de Pensilvania afrontaban con ilusión. La serie, que había arrancado muy cuesta arriba, se había inclinando poco a poco a su favor y venían de hecho de un dominante Game 6 que invitaba al optimismo. Quizás no por historia, pero por sensaciones llegaban, sobre todo cuando se confirmó la baja de Jayson Tatum, como el equipo superior. Y Joe Mazzulla lo sabía.
Seguramente por eso el técnico planteó un cambio radical en su estrategia, especialmente en su quinteto inicial y su rotación. Baylor Scheierman, Luka Garza y Ron Harper dieron un inesperado salto a la titularidad, Nikola Vucevic fue completamente enterrado en el fondo del banquillo, Hugo González fue recuperado para la causa y, dado su buen impacto inicial, jugó un primer stint bastante largo… El giro en el planteamiento fue radical. Y no está claro que para bien.
Porque lo cierto es que Mazzulla dio a ratos la impresión de estar no improvisando pero sí siguiendo un plan bastante flexible. Como de ir probando cosas a ver qué funcionaba. Y no solo a la hora de dar minutos a algunos jugadores que desaparecían para siempre después de un par de posesiones, sino también a nivel táctico. Mientras que en los 76ers se veía un plan claro en torno a Embiid y Maxey, en Boston no había una solución clara. Solo mil intentos desesperados de encontrarlas.
Los locales probaron una especie de defensa en zona, probaron a jugar sin pívot, a defender a Embiid con bajitos tanto si estaba Queta en pista como si no, a lanzar el dos contra uno en el poste desde lado fuerte, desde lado débil, a defender a Joel sin ayudas, a flotarle… Mostraron cien combinaciones, pero ninguna parecía nunca ganadora, pues incluso aquellas que tenía éxito durante un par de posesiones eran contrarrestadas después. Lo que les hizo lucir siempre como un equipo a contracorriente.
Y así lo refleja el marcador. Boston solo fue por delante durante un total de 31 segundos en el segundo cuarto, y se pasó el resto de los 47 minutos y medio tratando de reducir la diferencia que iban abriendo los de Nurse. Y no consiguiéndolo. Porque siempre había una respuesta. A veces de Embiid, titánico con sus 34 puntos y 12 rebotes; a veces de Edgecombe, consagrado una vez más con sus cinco triples; a veces de George, más discreto pero eficaz cuando debía serlo.
Y a la hora de la verdad, de Tyrese Maxey. Quien, en un clutch en el que temblaban muñecas incluso a los asistentes encargados de pedir el challenge, supo emerger como el único cuerdo en medio del caos.
Cuestión personal
Y es que, incluso en su mencionada inconsistencia, los Celtics lograron en un último estertor reducir una diferencia que había sido de 18 tantos a favor de los visitantes y colocarse solo uno abajo. Cansados de fallar un triple tras otro (13/49), el cuadro local empezó a confiar en la media distancia de Brown, que probó de todo hasta irse a los 33 puntos, y en el poderío interior de Queta para reducir la ventaja a la mínima expresión. Parecía que, aun con casi todo en contra, iba a llegar la remontada.
Pero todo acabó ahí.
Con 98-99 en el marcador, pocos minutos para el final, y el Garden esperando para explotar, los de Mazzulla tuvieron hasta tres lanzamientos para tomar la delantera, pero todos se estrellaron contra el aro tanto como ellos se estrellaron con la realidad que Maxey iba a poner ante sus ojos. Dos velocísimas penetraciones del base dieron de nuevo oxígeno a los 76ers y noquearon a unos Celtics que seguían fallando cada tiro. Y que, aunque comenzaron a hacer faltas a la desesperada buscando el milagro, sabían cuál era su destino.
Lo sabía también Tyrese, que celebraba antes del tiro libre y que, acorde a lo que ha sido la temporada, sostuvo a Philadelphia cuando todo se complicaba. Cuando nadie más podía ni mirar el aro y las rodillas de Embiid parecían empezar a decir basta, se tomó el choque como una cuestión personal y terminó de elevar al equipo al que durante tantos meses ha sostenido casi en solitario. Aunque, si para alguien era personal, era para Joel.
El camerunés sabía que estaba ante su partido más importante en años, y lo aceptó con personalidad y con la determinación a alcanzar el éxito que tantas veces se le ha escapado en su carrera. Se encaró con Brown para marcar territorio, retó a los Celtics cuando osaron jugar sin pívot, silenció al Garden cuando quería impulsar una remontada, y resistió dos golpes en las rodillas que le hicieron salir cojeando y tener que ser asistido en el banquillo.
Embiid getting assistance courtside 🫤 pic.twitter.com/SY8TZhoj4I
— ً ً (@MindOfBron) May 3, 2026
Pero había valido la pena. Porque, por primera vez en quién sabe cuántos años, los 76ers abandonan una serie importante como ganadores. Y ahora, que venga lo que tenga que venir. Porque, justo en la temporada en la que no se contaba con ellos, este equipo ofrece motivos para soñar.
(Fotografía de portada: Winslow Townson-Imagn Images)





