Brooklyn Nets: experimento con gaseosa


Brooklyn respira intranquila. Los Nets no tienen rumbo alguno. Y si lo tienen, no es ni mucho menos el adecuado. La explosión de los 76ers les ha dejado con el trasero al aire, permitan la expresión, ya que están en el fondo de la clasificación y sin ninguna aspiración. Lo curioso es que en el caso de ese otro equipo era evidente que había tanking de por medio, pero en el de ellos no está tan claro.

No se dejen llevar porque anoche rompieran una racha de 11 derrotas seguidas con un partidazo en Nueva Orleans. No habían ganado este año y acompañan a sus vecinos de la Gran Manzana con las peores rachas desde el día de Navidad. Tampoco se dejen llevar por el hecho de que dentro de pocos días volverá Jeremy Lin de una lesión que le ha cortado la constancia. No son excusas suficientes. Este equipo es un experimento con gaseosa, y no es de La Casera.

Los Nets son el único equipo que aún no ha llegado a los dos dígitos en el casillero de victorias, y llevamos ya casi tres meses. Un desastre, vaya. Más si cabe por lo que se avecina, que pinta más negro que la camiseta visitante del equipo.

Datos para la desesperanza

La temporada no les ha podido ir peor. Y mira que alguno en las oficinas se lo debió oler, ya que bajaron alrededor de un 25% el precio de las entradas del Barclays Center del pasado curso a este viendo que iba a ser complicado convencer a la gente. Y ‘sólo’ es el quinto equipo que menos gente lleva a su pabellón, aunque estar situado en Brooklyn es la principal razón para ello.

En cuanto a las estadísticas de juego, pues igualmente mal. No alcanzan el top-10 en ninguna de las clasificaciones colectivas y son, por ejemplo, el equipo que más balones pierde (¡más de 17 por partido!) de toda la liga. Esto es el tedio, porque no sólo pierden mucho sino que es que ni siquiera destacan en algún aspecto concreto. Así, difícil saber por dónde empezar a meterle mano para mejorar.

Planificación errónea

Tampoco es que Sean Marks, quien se estrenó el pasado verano como mánager general de la franquicia, esté siendo la panacea. Algún pequeño error ya le ha condenado, como absorber el contrato de Greivis Vasquez para acabar echándole sin haber llegado a jugar siquiera cinco partidos.

Y se ha rendido con Anthony Bennett, que seguía ofreciendo muchas dudas pero con el que no se ha tocado la tecla correcta. No deja de ser un jugador elegido como nº1 de un draft y ellos no dejan de ser uno de los mejores equipos en los que podría haber despegado de una bendita vez. El canadiense fue cortado y buscará esa oportunidad en Fenerbahce.

Otra cosa es que Marks y los demás vengan arrastrando una serie de malas decisiones encadenadas unas detrás de otras. La “herencia recibida” a la que aluden tanto algunos políticos debe ser algo parecido a esto.

Con muchos cadáveres a la espalda

Todo pasa por una razón. En el caso de Brooklyn, la mayoría de los males modernos pasan por aquel megatraspaso con Boston. Entendiéndolo en toda su forma, que es lo que hay que intentar hacer, fue una hipoteca de la que los intereses a pagar son casi peor que lo prestado. Tres rondas de primer nivel de draft y otra con derecho a ella, la de este próximo verano, es demasiado peaje para un viaje que acabó con un coche en la cuneta y unos tripulantes sin seguro.

Era un naming nuevo para la franquicia tras dejar Nueva Jersey y había que intentar venderlo. Era un propietario relativamente nuevo y debía lucir como elemento de poder, renovación y fuerza. Y la última pieza del puzzle para que la franquicia se estableciera como dominante era llevarse a estrellas contrastadas, que es lo que hicieron. “Fue una operación de marketing”, admitieron algunos directivos. “Go hard”, les rapeaba el mismo Jay-Z. Era todo grandilocuente pero las piezas rimaban mejor por separado que en grupo.

Ninguno de los cinco importantes, Pierce, Garnett, Williams, Johnson y Terry, está ya en el equipo. De lo poco que queda de aquellos días de luz es Brook Lopez, que sigue siendo el estandarte de la plantilla pero al que también quieren traspasar. Para un piedra que ya está puesta y aguanta el peso, le quieren dar la patada. Se hace complicado comprender tal nivel de rocambolesco plan que alguien ha pensado —si es que lo han hecho— para el equipo.

Protagonistas de lo que viene

Mikhail Prokhorov. El dueño de la franquicia desde 2009. Tener a un millonario ruso como propietario es pintoresco, qué duda cabe. Falta ver si el camino es largo, como él ha asegurado a puerta abierta, o tiene intención de vender, como él ha insinuado a puerta cerrada. Una “espantada” en un momento tan crucial podría suponer que hubiera que empezar desde aún más abajo.

Boston Celtics. Ya les birlaron a Jaylen Brown (#3) en 2016, pero con el récord que llevan será de cajón que los verdes ejerzan su derecho a llevarse el más que posible #1 del draft en este 2017. Vamos, que a los Nets el perder no les sirve para nada este año.

Kenny Atkinson. Vaya estreno, ¿eh? Es para preguntarse qué se le estará pasando por la cabeza. El primer entrenador con nacionalidad española en dirigir a un equipo de la NBA no está teniendo el debut deseado. Aunque, mirándose en el espejo de 76ers y Brett Brown, sería deshonroso y embarazoso que le hicieran comerse este marrón para luego darle boleto antes de que el equipo muestre signos de mejora.

Como elemento vertebrador de todo ello, la plantilla. Trece de los quince jugadores del roster tienen menos de 30 años y ocho de ellos son nacidos en los años 90. Lo malo es que la reconstrucción implica formación, porque muchos de los jóvenes están lejos de un nivel de top-10 generacional. Repescados como Justin Hamilton, descubrimientos como Sean Kilpatrick, rebotados como Spencer Dinwiddie… Muchas dudas de si son los adecuados para ser el futuro de la franquicia. Muchas dudas de qué futuro tiene la franquicia.


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