Brooklyn Nets: un problema de extremos


Ha sido llegar Harden (y perder a Dinwiddie, Levert y Allen), y entrar de lleno en el Libro Guinness de los Récords. Para lo malo y también lo bueno. Es la comidilla de Twitter en temática NBA. Un dato rimbombante y revelador que, en un sólo tuit y sin necesidad de recurrir al ‘abro hilo’, te lo cuenta prácticamente todo.

“Los Brooklyn Nets, desde el debut de James Harden con su camiseta, son el mejor equipo ofensivo de todos los tiempos y, a su vez, el peor equipo defensivo de todos los tiempos”.

Pongamos esta frase en contexto por si, por sí sola, no os hace explotar la cabeza. Comencemos por el ataque, y para ello nada mejor que recordar la vigente plusmarca en este distrito. Muchos sabréis respuesta, pues la tenemos de lo más fresca: la establecieron los Mavericks de Luka Doncic el año pasado: 116,7 de Offensive Rating.

Pues bien, sólo llevamos un cuarto de (atípica) fase regular, pero el dato, ya os adelanto, va camino de ser pulverizado.

Este primer tuit de StatMuse (de los varios que os voy a colar) es del 1 de febrero, es decir, de hace tres días. En ese lapso hasta la publicación de este artículo, los Nets han jugado dos partidos más: Wizards y Clippers; y como ya sabemos, los marcadores finales han distado mucho de asemejarse a aquellos de los Grizzlies del grit&grind.

Indefendibles

Dani Rovira diría de estos Nets que atacan como h***dep*** y encestan como cabr***. Y perdonadme, pero es que sin tacos con censura (o cumplidos sin censura) se me queda corta la semántica para describir la burrada de este equipo con su recién acuñado Big Three; tal y como debió soñar Sean Marks cuando hizo su all-in, la realidad, por ahora, iguala a la fantasía.

A diferencia de OKC (Russ, George, Melo), que jamás fluyó, o Miami Heat (LeBron, Wade, Bosh), que necesitó de unos cuantos encuentros para desinhibirse, los Nets de Steve Nash están penetrando hasta el gangbang el aro rival, sin ninguna piedad, ética ni consideración. Con un esquema poco depurado hasta el momento salvo que abusan del small ball más multi y antitiposicional, el arrollador talento de sus piezas individuales, el altruismo que está habiendo entre ellas y el contar ya con toda la experiencia del mundo a sus espaldas (Irving, con 28 años, es el más joven de los tres y ya se conocen, además, del Team USA) está siendo suficiente para que, en labores de ataque, funcionen como un MacBook nada más desembalar. Como un auténtico tiro.

Pero como decimos, todo esto tiene su lado maniqueo. Los Nets van a lo grande; a lo Casino Royale, donde si no te queda cash igualas la apuesta con las llaves del coche. Y a partir de ahí el cálculo se convierte en un sencillo juego de suma-resta.

Pasacalles en defensa

Por ser totalmente justos y ajenos al viento de cola (atizar Nets en general y a Harden en particular es tentador en la sección del post que viene ahora), haré notar tres cosas.

Primero, que la muestra todavía es débil. Nueve partidos no son suficientes, especialmente para medir el nivel (real o potencial) en defensa de un equipo recién concebido; pues no sólo es la capacidad de implicación de cada jugador lo que cuenta, sino el necesario proceso de adaptación, de entendimiento, de química y de asentamiento en un sistema que haga paliar los lógicos desajustes de tres jugadores que están tan habituados a ser la piedra angular en ataque, como el eslabón débil (salvo KD) a la hora de pringar, así como un resto de plantilla que vive a la expectativa.

En segundo lugar, que no solo al Big Three le es atribuible este festival de puntos concedido en defensa, pues de hacerlo estaríamos exonerando injustamente a Steve Nash, cuyas rotaciones merecen, mínimo, un chequeo. Los minutos de DeAndre Jordan no han tenido el crecimiento esperado tras la salida de Jarret Allen, a pesar de quedarse como ancla intimidadora en solitario en la pintura (aunque ya no es el que era y de ahí que suenen Drummond y McGee), mientras que la marcha de Taurean Prince va a requerir algo más que Pegoland y un rejuvenencido Jeff Green para tapar el tremendo agujero abierto en el ala en cuanto a fundamentos defensivos, sudor y entrega.

U otro detalle menor, entre esas cositas sin importancia que quizás sí la tengan en postemporada, como que Kevin Durant, con el mejor True Shooting de su carrera y quinto de la NBA esta temporada (66,5%, ¡empatado con Joe Harris!) esté lanzando menos a canasta que Kyrie Irving.

También a modo de dato recordatorio –y terminar así de repartir equitativamente los palos y que no todos caigan sobre La Barba–, de esas dos derrotas de arriba con más puntos encajados de todo el curso 2020/21 (ambas a nombre de Brooklyn), una se dirimió en la prórroga (la de los Cavs, lo que implica cinco minutos más sufriendo atrás), y en la otra (Wizards) Harden simplemente no se vistió de corto.

Harden, ¿lastre o plus?

El combo guard hizo su debut con la franquicia neoyorkina el 16 de enero, y desde entonces esta presenta un balance de 7 victorias y 3 derrotas, habiendo dejado a su oponente por debajo de los 115 puntos en una sola ocasión. Y es que la fórmula neolítica y monofocal de anotar más puntos que tu rival es, no solo agotadora de por sí –ya que te exige un nivel de acierto gigante noche tras noche–, si no poco susceptible de éxito una vez finalice la regular season y arranquen los playoffs, donde las defensas se endurecen, el contacto aumenta y los árbitros, todo esto, lo permiten.

Obviamente, y aunque acostumbra a elevar el nivel en playoffs en cuanto a su faceta de defensor (pues fundamentos no le faltan y físico tampoco), es una evidencia que los quintetos con Harden tienden a flaquear de forma preocupante en Def.NetRtg, y dicha metamorfosis, siempre en las eliminatorias, siempre sobre la bocina, llega tarde, mal y a rastras, cuando sus compañeros ya han adquirido rutinas, vicios y dinámicas que los hacen vulnerables atrás de manera sistémica.

La filosofía del esfuerzo no es algo puede adquirir con un simple brochazo de voluntad en playoffs, una certeza ante lo que Nash debería tomar buena nota antes de que nos plantemos en abril y siga apostándolo todo al talento y gestión de egos.

Este último dato de StatMuse, sea lo estrecha que sea la muestra, además de doler dice muchas cosas. Pero en un aspecto en concreto es claro como el agua de mar de Bahía de Pollença: los equipos defienden peor con Harden, y mucho mejor si no está él.

Dicho lo cual, y con todas las premisas establecidas, viene la pregunta con bifurcación. ¿Cambiarán el chip los Nets, y especialmente sus estrellas, tras conocer el demoledor dato que tan en evidencia los deja?… y de no hacerlo, ¿realmente pueden ganar la NBA?

Playoffs, un mundo distinto

Hay que volver a insistir en que los playoffs nada tiene que ver con la temporada regular. Son un mundo distinto, con sus propias reglas, su especial feeling y sus pizarras ad-hoc para cada oponente. Una cosa es consentir volúmenes altos de anotación ante rivales fáciles de RS, y otra muy distinta pretender jugar esta misma carta con éxito en una serie a siete partidos ante los Milwaukee Bucks o los Boston Celtics (ni que decir de Lakers o Clippers).

No obstante, y como acertadamente y en un baño de realidad ha dicho Max Kellerman para ESPN en su canal de Youtube, los Clippers son (o eran, hasta este nuevo Big Three) el segundo equipo más potente de la NBA, pero en el que sus máximas estrellas, ‘en una escala del 1 al 5‘, son, una un 5 de manual (Kawhi), y la otra un 4,5 (George) mientras no demuestre de una vez lo contrario en postemporada (lo que por un tiempo pareció aquel joven de Indiana).

Mientras, el trío de los Nets, con sus carencias, sus abulias su corto banquillo y toda la mierda que queramos echarles, está liderado por tres cincos como siete soles. Un compendio insólito hasta la fecha (ni siquiera en los Warriors bi-campeones de Durant) en el que cualquiera de ellos, y sin ayuda de nadie, es capaz de anotar desde cualquier posición y situación. Triples, mid-range o penetración con bandejas; punteados y en fade-away, con defensas dobles o triples, y cayéndose a una pierna mientras te resuelven crucigramas con la otra. Harden, Irving y Durant, un despliegue colosal e infinito nunca antes reunido, sí bajo la misma bandera, no a la luz del escudo de una sola franquicia NBA.

Como Kellerman advierte, no alcanzar estructura defensiva de élite sino implementar una que, simplemente, se instale en la media, podría bastar para corregir el déficit de los Brooklyn Nets y dejar que su despliegue nuclear en ataque se encargue del resto.

Después de todo, ante la pregunta de si ‘defensas mediocres y ataques superlativos pueden alcanzar Finales de la NBA’ (que no ganarlas), hay que responder que sí. Los Cavs de LeBron de 2017 son la recientísima prueba de ello.

(Fotografía de portada de Kevin C. Cox/Getty Images)


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