Cómo jugar sin pívot y parar a un MVP de 2,11: el plan de los Rockets


Seguro que si no viste el partido, o anduviste dando cabezadas en el durante, te habrás llevado un buen susto esta mañana. Los Houston Rockets del súper smallball, decididos a pisar cánones históricos y sacados de Los viajes de Gulliver, derrotaron al mejor equipo de la temporada 2019-20. Que el conjunto de Mike D’Antoni se cargase a los Bucks no es lo gordo: lo que impacta es que pudieran salvar la diferencia de centímetros que existe entre un quinteto y el otro. Porque parecía una lucha de hombres contra hobbits. Y uno de esos hombres, además, es MVP.

Vaya, que Milwaukee cuenta con dos jugadores por encima del 2,11 —Giannis Antetokounmpo y Brook Lopez— en su muestra inicial. Por ello, la lógica dice que ante un rival cuyo rascacielos no pasa del 2,01 y cuyo pívot posicional solo roza los dos metros, Giannis hubiera podido montar una carnicería a domicilio. Lo que viene siendo descoyuntar a sus oponentes en una posesión detrás de otra. Altura y físico por encima de la mayoría de la NBA, tenía, pues, que merendarse con pan y aceite a los pequeños Rockets. Error, el equipo de Texas ideó un plan genial para que Giannis no acabara con 60 puntos como podría ocurrir, perfectamente, si abusase de su chasis en cada posesión.

¿Que cómo lo hicieron estos Rockets tan atípicos? Aquí van algunos ingredientes de la receta.

La defensa a Giannis

2-0 han comenzado los Rockets en la burbuja y, más allá del pelotón de fusilamiento exterior de siempre, que también —61 triples intentados ayer ante los Bucks, 21 aciertos—, el secreto estuvo en la defensa; en molestar a Giannis. Sobre todo en los instantes finales.

Para empezar, la fórmula mágica contra Anteto está atestada de ayudas. Dos contra unos constantes. Cada vez que el griego podía recibir en estático, tenía a dos jugadores pegados. Uno, delante para que no hubiera conexión de balón cómoda. Y otro, por detrás cerrando el camino a canasta. Lo que viene resultando dos jugadores ad hoc para frenar al MVP. Que frenar, lo que se dice frenar, hablamos de un imposible. El heleno terminó con un 36-18-8 asistencias (14 de 25 en tiros de campo). Pero es que eso fue una cosecha medio pocha dada la diferencia de centímetros con su rival.

El griego no es tonto. Con su físico, no se iba a arriesgar a tirar demasiados triples por mucho que le apretasen tuercas por dentro. Tenía que ir a la zona como pudiera. Así que siempre que exteriorizaba tales intenciones, dos centinelas iban con Giannis. Solo en algunas transiciones rápidas escapaba del marcaje doble de Houston.

De ese modo, los Rockets impidieron que, como dictaba la lógica, Milwaukee confiara el balón a su MVP en todas las posesiones. Nunca podía recibir cómodo y por ello el resto de jugadores tenía que encontrar otros caminos a la canasta. Compensó Houston la falta de altura con un plan, con inteligencia artificial aplicada en este caso a la defensa. Cómo les gusta y cuanto rédito les da la matemática avanzada.

Ese antídoto no te exime de tener que darte de bruces, de vez en cuando, con la realidad. Porque claro que Anteto encontró algunos uno contra uno de vez en cuando. Entonces, a Houston le tocó tirar de tren inferior y molestarle lo máximo posible antes de que el balón superase la altura de la cintura. Con las manos rápidas, prestas a hacer pagar cualquier despiste de Giannis. En esas situaciones, P.J. Tucker es un especialista. Atacando el territorio personal del griego, defendiendo plaza propia como un perro mosqueado con el rabo por las nubes. En los minutos finales, el jugador de los Rockets robó un balón clave en estas circunstancias (véase debajo). En esos detalles también se dibujó el triunfo de los Rockets ante los Bucks.

Porque, luego, el desempeño defensivo final de los Rockets resultó para avisar a una editorial. Ahí estuvo la verdadera clave de la victoria.

Minutos finales

Empeño, concentración y efectividad. Los Rockets estuvieron perfectos con su quinteto de gala ahora mismo —Westbrook, Harden, House Jr., Covington y Tucker—, erosionando la ventaja en el marcador que tenía Milwaukee. Fueron eficientes al milímetro, fieles a su plan de hacer la puñeta a Giannis y forzando que el resto tomara decisiones más arriesgadas —triples de Middleton que no encontraban diana—.

La estrecha vigilancia al MVP hizo que otros como Brook Lopez se fueran a 23 puntos y 12 rebotes. Tenía que intentarlo también el gemelísimo dada su supremacía física. Pero no importaba, la cuestión era que Giannis no ganara el partido.

Estos Rockets fueron creados —CC: Daryl Morey— aplicando una fórmula estadística… y también actúan de tal manera en la pista. Todo calculado en ataque y en defensa para extraer lo mejor de la tierra dadas sus características. Todo forma parte de un plan que cumplen a la perfección.

Los últimos cinco minutos frente a Milwaukee fueron para enmarcar. Estaban seis puntos abajo. Habían aguantado el tirón hasta ese tramo final con el decreto anti-Anteto y triples. Y entonces, su gran ocupación de espacios, defensa y forzar situaciones donde el ataque de los Bucks es menos eficiente les permitieron dar el zarpazo final. Sacaron el balón de la comodidad de Giannis y no le permitieron transiciones o situaciones cerca de canasta contra un solo defensor. Bingo; era justo lo que necesitaban.

Quien diga que los Rockets no defienden, tiene que lavarse la boca. Lo hacen y de una manera bastante diestra, aunque suene de locos hablando de Harden o D’Antoni.

Y gracias a eso pudieron llevarse el partido ante el mejor equipo de la temporada: antídoto anti MVP y tramo final de escándalo. Prueba de que son capaces de tumbar a equipos con amplia ventaja de centímetros aplicando la ciencia. Pueden tumbar gigantes.


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Defensa ‘clutch’

Toda esta exposición de bondades tiene traducción en la estadística avanzada: la defensa clutch de los Rockets es la tercera mejor de la temporada: 97,7 puntos concedidos cada 100 posesiones, como compartió el periodista de ESPN Tim MacMahon. No es causalidad pues el ánimo numantino ante los Bucks. Los finales de partido son una de las especialidades de la casa.

Por cierto, Houston se empleó de manera similar en el final ante Dallas, levantando siete puntos de diferencia en 50 segundos; aunque hablemos de un rival bastante más tierno que el líder del Este.

El ataque

En posiciones avanzadas, el plan sigue casi intacto. Triples a mansalva —se quedaron a ocho intentos del récord histórico en un partido que ellos mismos ostentan, 70—; pero no solo eso. Aprovechan a la perfección su ruta de tres cabezas: amenaza de penetración de Westbrook, camino despejado a canasta con batería de tiradores exteriores listos y la perspicacia de Harden encontrando red en cualquier circunstancia. Porque lo suyo es también de traca. Ve triples donde otros solo compañeros ahogados por su defensor. Anota de manera compulsiva (49 en el estreno de la burbuja) o, si no es el día para tirar, favorece al resto (24-7-7-6 robos ante los Bucks). Sí, seis robos de Harden. Parece verdad lo del fin del mundo.

Todo esto con una rotación cortísima: ocho jugadores, a la espera de que Eric Gordon pueda volver al rebaño cuando supere sus molestias físicas.

Los Rockets aprovechan sus fortalezas y ventajas multiplicándolas por varios dígitos. También camuflan sus debilidades a golpe de laboratorio. Justo lo contrario que equipos como Philadelphia. Juegan sus cartas. Y si lo hacen como contra Milwaukee, podrían ser una alternativa real, para no tomar a chiste.

Récord contra gigantes

Lo de que puedan ser un candidato al título no es un chascarillo de verbena. El quinteto duro de los Rockets, el actual —altura promedio de dos metros— posee un balance de 8-2 ante Bucks, Lakers, Clippers, Celtics, Mavericks y Jazz esta temporada. Todos equipos que jugarán playoffs y al menos la mitad pelearán por todo.

Si Daryl Morey creyó en esto fue por algo. Que nadie se olvide de los Rockets, siempre que actúen con el mismo brío que ante Milwaukee. Su pleno momentáneo de victorias en Disney podría evolucionar a candidatura incipiente dentro de no mucho. Y con un estilo que el mundo creía puro disparate. Ante todo, son unos genios. Pase lo que pase después.

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(Fotografía de portada: Mike Ehrmann/Getty Images)


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