Lonzo Ball se afianza de titular en un plan con luces y sombras

El escupitajo de a Chris Paul no solo le costó la expulsión en el duelo ante Houston, dos partidos extra de suspensión y casi 159.000 dólares descontados de su sueldo. El base también perdió de forma efectiva el puesto de titular con los en beneficio de , quien conservó su condición en el primer partido con Rondo de vuelta, el sábado en San Antonio.

De esta forma, Ball recupera el rol que parecía tener garantizado durante años tras ser elegido como número 2 del draft en 2017 y etiquetado por Magic Johnson como “la nueva cara de la franquicia”. Superada una operación de menisco a la que se sometió el pasado verano, sus buenas actuaciones individuales a principio de temporada le han devuelto a la titularidad.

Cinco ideal

Las suspensiones de Rondo y Brandon Ingram han tenido un efecto secundario inesperado. De forma forzada al principio, se ha encontrado con un quinteto que funciona a las mil maravillas. Tras seis partidos de temporada regular, el grupo formado por Lonzo Ball, , , y ha compartido cancha en 47 minutos, 19 más que cualquier otra combinación disponible.

El resultado es llamativo. Los Lakers anotan 110,5 puntos por 100 posesiones con lo que es también el cinco inicial en los últimos tres partidos, recibiendo solo 100,0. Su diferencia positiva de 10,5 puntos por 100 posesiones le convertiría en el séptimo mejor quinteto de la NBA con al menos 40 minutos jugados, una categoría donde el actual cinco inicial de New Orleans (Payton, Holiday, Moore, Mirotic, Davis) domina con un aplastante +34,4.

Más importante, supone también una clara mejora respecto al cinco inicial que abrió la temporada para Lakers. Sustituyendo a Ball por Rajon Rondo, a Kuzma por Brandon Ingram y a Hart por Kentavious Caldwell-Pope, su balance neto fue de solo +1,6 por 100 posesiones. Y una parte fundamental de esta mejora radica en la presencia de Lonzo Ball y en una forma diferente de jugar: más pausada que con Rajon Rondo a los mandos y mucho más segura moviendo el balón.

El quinteto de Lonzo Ball ha repartido 2,3 asistencias por balón perdido, en comparación con un menos brillante 1,4 con Rajon Rondo de titular. Todo jugando a un ritmo menos acelerado, más al gusto de la pareja de creadores de juego formada por Ball y LeBron James.

Reencontrándose con el triple

Esto coincide con la recuperación de un Lonzo Ball más fiable en su tiro que en su año de novato. El base, quien promedió un más que interesante 41,2% en triples durante su temporada en UCLA, fue una montaña rusa en su debut con los Lakers. Alternando momentos de pavor con otros de mayor acierto, su porcentaje de acierto desde la línea de tres no pasó del 30,5%, claramente por debajo de la media de la liga.

Como otros tiradores poco eficientes como Ben Simmons, Ricky Rubio o el propio Rajon Rondo han sufrido en mayor o menor medida, esto influye también en su trabajo como pasadores. Su defensor principal no necesita estar encima de él, consciente de que permitirle un tiro lejano es mejor opción que dejarle crear, y esto complica tantos las líneas de pase a otros jugadores del atacante como sus propias entradas a canasta.

En 2018-19, Lonzo Ball está promediando un notable 40,6%, especialmente cuando los Lakers no van sobrados de tiradores. Y la mejora radica fundamentalmente en sus tiros tras pase, pasando de 33,1% de acierto la temporada pasada a un 41,2% en la presente. Esto le convierte en un jugador mucho más valioso a la hora de compartir cancha con LeBron James que Rajon Rondo, un base cuyo peligro ofensivo disminuye radicalmente sin el balón en sus manos.

La paradoja Lonzo

El experimento de Lonzo Ball, eso sí, tiene sus sombras. Pese al buen rendimiento del nuevo quinteto inicial de Luke Walton, los números castigan de forma severa al joven base de 21 años recién cumplidos. Aislado del resto de jugadores, los Lakers solo anotan 103,2 puntos por 100 posesiones con él en cancha, mientras se disparan a 121,0 cuando descansa en el banquillo. Eso sí, es difícil echarle directamente la culpa de este bajón.

Un repaso a fondo muestra que el acierto de cara al aro se hunde con Ball en cancha (de un 54,8% en tiros de campo a un 45,7%) y el porcentaje de rebotes ofensivos también se desploma (de un 31,1% a un 22,2%). A la vez, pese a que la eficiencia ofensiva baja considerablemente, los Lakers pierden el balón con menos asiduidad (solo el 10,9% de sus posesiones) con Ball que sin él (13,6%). En resumen, el equipo ha tenido más oportunidades de mirar al aro con el base en cancha. El problema es de ejecución y de encontrar segundas oportunidades.

La muestra aún pequeña de seis partidos permite aún demasiadas distorsiones como para sacar diagnósticos concluyentes. Por lo visto hasta ahora, el cinco inicial por el que ha apostado Luke Walton, aunque fuera a la fuerza, ha funcionado con Lonzo Ball compartiendo la dirección con LeBron James. En otros contextos, Ball quizás no ha sido el principal problema del equipo, pero tampoco la solución para ser competitivo.

Con un balance de 2-4 y fuera de la zona de playoffs, los Lakers necesitan victorias con urgencia para evitar descolgarse de la zona noble antes de tiempo. La juventud y potencial de Lonzo Ball no le darán muchas ventajas respecto a Rajon Rondo ante la presión de ser competitivos desde el primer día, como la presencia de LeBron James obliga. Ser el base del presente, no solo del futuro, es ya una obligación.


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