David Nwaba se desgarra el Aquiles: analizamos la lesión

Con Kobe Bryant comenzamos a entender y empatizar realmente con el alcance de esta suerte de desgracia.

Históricamente y aún a día de hoy, leer las palabras ‘ligamento cruzado’ en cualquier titular, nos atraviesa el corazón pero no alcanza el alma. El disgusto se justifica en saber que no contaremos con el jugador afectado durante toda esa temporada y puede que algunos meses de la siguiente. Pero a fin de cuentas todo se limita a un reset, toneladas de paciencia y vuelta a empezar.

Salvo complicaciones, y gracias al imparable progreso de las ciencias médicas, la recuperación de la otrora fatídica (y a veces terminal) lesión de ligamento cruzado, ahora es total y casi un 100% garantizada.

El Aquiles, por su parte, además de rompernos los spaldings, también nos deja con el corazón encogido y alma en vilo.

El ‘punto de inflexión’ fue Kobe, pero antes que él, Chauncey Billups, Mehmet Okur, Elton Brand, Voshon Lenard, LaPhonso Ellis o Maurice Taylor ya daban forma a una distópica narrativa que luego Anderson Varejao, DeMarcus Cousins o Wesley Matthews no vendrían sino a confirmar.

Romperse o desgarrarse el tendón de Aquiles es una de las lesiones más graves que puede tener un profesional del baloncesto, y Kevin Durant ha sido la ‘gran’ última víctima que tiene ante sí el reto de propinar un nuevo strike en sentido contrario, y cuya fe general en que esta clase de terror amaine, vio puesta su primera piedra por los Brooklyn Nets y su contrato máximo post-lesión.

Razones para creer

Y existe un porqué, más allá de cualquier pálpito irracional. Casos (aunque contados) en los que esta fe se ha hecho corpórea, también los ha habido. El más paradigmático, quizás, lo protagoniza, para más inri, uno de los mejores atletas de todos los tiempos.

Dominique Wilkins sufría esta lesión a sus 32 años, y a su regreso, y a pesar de estar entrando en su etapa biológica de declive, logró encadenar dos temporadas de 28 puntos, 7 rebotes y un acierto superior al 45% en tiros, con sus saltos e icónicos muelles prácticamente intactos.

Nwaba, muy a tiempo

La media de recuperación de esta lesión oscila entre los seis meses y el año, y ahora es a , jugador de los Nets que por fin se había hecho con un hueco sólido en la rotación de Kenny Atkinson (8,3 puntos en 16,7 minutos en el mes de diciembre), a quién le toca beber de este amargo cáliz.

El físico, centrándonos en el lado bueno, juega a su favor. Esta clase de lesión, como la mayoría de hecho, afecta mucho más a jugadores altos y pesados que a jugadores más livianos y de perímetro (Durant, precisamente, es un caso extraño: ser muy alto pero aún más delgado, desemboca en un menor castigo en el tren inferior y un mayor optimismo en una recuperación plena).

27 años tiene el forward, unas piernas espléndidas y una capacidad de trabajo y sacrificio (credenciales con los que irrumpió en L.A.) fuera de toda duda. Toda la suerte y serenidad en la recuperación, David.

(Fotografía de portada de Emilee Chinn/Getty Images)


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