De la defensa al ataque: los problemas se extienden en los Rockets y D’Antoni no encuentra la solución


El comienzo de temporada de los Rockets, siendo generosos en el calificativo, se podría tachar de irregular. Un buen puñado de derrotas seguidas que desequilibraron el balance y la clasificación del equipo puso todas las alarmas sobre el estado defensivo del cuadro de D’Antoni. Mejor dicho, es que directamente no existía la defensa. Entrenador y jugadores entonaron el mea culpa, a sabiendas de que lo que estaban mostrando en cancha estaba en las Antípodas de lo que habían ofrecido unos meses y que, de seguir mucho tiempo por este camino, las cosas se iban a poner complicadas para seguir llevando la chapa de contender en la solapa de su americana.

En ese lapso de encuentros en el que los Rockets se olvidaron (o no sabía cómo) de defender, se realizaron diferentes análisis, todos ellos, y de forma conclusiva, venían a señalar que los cambios realizados en la plantilla habían supuesto un claro paso atrás en cuanto a las opciones y roles de jugadores que podían elevar el tono defensivo colectivo. Trevor Ariza o Luc Mbah a Moute, por ejemplo. La otra clave estaba en la salida de Jeff Bzdelik, gurú de la estrategia defensiva de unos Rockets que habían sido capaces de plantar cara a los Warriors en las Finales del Oeste de 2018.

Tras este tocar fondo, los texanos comenzaron a mostrar leves síntomas de mejoría en la defensa. Engarzando algunos partidos seguidos, empezaron a remontar el vuelo hasta equilibrar el registro y ponerlo en un 4-5 que, visto lo visto, suponía un rayo de esperanza para salir del atolladero. Y más sabiendo que habían conseguido convencer a Bzdelik para volver de su retiro. El All In por la defensa estaba empezando a mostrar buenos resultados.

Pero, ¿y el ataque?

Como de una corta manta con la que, si nos tapamos la cabeza, descubrimos los pies y viceversa, los esfuerzos de los Rockets por respirar en defensa han dejado al aire otro defecto igual de importante. Un defecto al 50%, el ataque. James Harden, muy inteligente en sus declaraciones, llevaba varios encuentros cerrando sus entrevistas postpartido con referencias claras a centrarse en la defensa porque en el ataque saben que tienen las armas para hacer mucho daño. O bien Harden sabía que en algún momento las lupas se pondrían sobre ese aspecto ofensivo o el escolta estaba dando un ataque de atención sobre la necesidad de explotar más una capacidad que, visto lo visto, tampoco está luciendo como debería.

Los 80 puntos conseguidos anoche ante los Thunder son la peor marca que han cosechado desde, atención, el 11 de mayo de 2017, día en que disputaron el sexto y último partido de las semifinales de conferencia frente a los San Antonio Spurs. Puede parecer una cosa aislada, de un mal partido y punto. Pero en realidad este dato esconde una lectura mucho más amplia y negra para los Rockets.

El año pasado, Houston era un equipo de élite total en el ataque. Echando un vistazo a sus datos de rating ofensivo, promediaban 114 puntos por cada 100 posesiones. Una auténtica barbaridad. Este curso, con el 4-6 en su espalda, los Rockets solamente están llegando a los 103,9 tantos por cada 100 posesiones, una cifra considerablemente inferior a la de hace unos meses. Es más, si vemos cómo es el recorrido del equipo en un contexto general, vemos que ocupan el puesto número 26 de la liga en rating ofensivo.

“Anemia, nuestra defensa sufre de anemia”, relataba Mike D’Antoni, en declaraciones recogidas por ESPN. “Quiero decir, es algo malo. No sé si está pasando porque no sabemos lo que estamos haciendo. No lo sé. Tenemos que encontrar las respuestas. Hoy no las sé. No puedo decir, ‘Sí, es esto. Mañana lo resolveremos’. Tenemos que ponernos a trabajar y averiguar qué necesitamos hacer. Pero nuestro ataque ahora mismo no es nada bueno”.

¿Qué sucede?

Uno de los primeros en levantar la mano y aceptar responsabilidades ha sido Chris Paul. El base, con problemas en su codo, está con los porcentajes más bajos de su carrera en el tiro (39,3%), así como en el triple (27,1%). “Probablemente también el problema esté en que no estoy convirtiendo mis propios tiros”, añadía el jugador. “Sí que puedo lanzar. Aparte de eso, creo que si logro jugar mejor, podremos jugar todos mejor”.

Carmelo Anthony, llegado este verano para intentar ser un eficiente tirador e incrementar la cantidad de puntos del equipo, está mostrando poca consistencia a la hora de lanzar y anoche tuvo una de las peores actuaciones de los últimos años en el que era su regreso a Oklahoma City. Anthony anotó 2 puntos, con un 1 de 11 en el tiro, en los 20 minutos que estuvo en cancha. “He fallado tiros, algunos en los que estaba abierto. Hoy, como equipo, no hemos lanzado nada bien. Muy pobre. Tenemos que dar más de nosotros en esto.

Más allá de lo sucedido anoche, la rotación ofrecida por D’Antoni no ha tenido los resultados obtenidos, especialmente cuando el equipo ha estado sin Paul en pista. Y no se puede olvidar que los Rockets no son precisamente el equipo con más suerte del mundo con las lesiones, ya que James Ennis y Eric Gordon han tenido que ausentarse en diferentes encuentros por problemas físicos.

“Es complicado”, afirmó Harden, autor de 19 puntos, con un 7 de 19 en el tiro. “Cualquier equipo o cualquier jugador en esta liga, si tienes tiros estando abierto y los fallas, va a meterte en un lío.

En los Rockets se ofrece una visión en la que el equipo está jugando bien, pero están frustrados por no lograr encestar sus ocasiones. Si echamos un vistazo a los datos, están particularmente desacertados desde el tiro de tres – 32,7%, siendo el equipo número 25 de la liga en esta faceta -, y en la pintura, donde solo alcanzan un 52,7%, un cinco ciento peor que la media de la liga.

“Se trata de un tema mental también. Debemos empezar a saber imponer nuestra voluntad en cancha. Tenemos que encontrar un lugar en el que estemos cómodos y luego salir a competir”, remató D’Antoni.


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