El impacto del ‘general’ Ricky Rubio


El baloncesto es, en muchas ocasiones, irónico. Hiriente. Incluso cruel. La delgada línea que separa el éxito del fracaso, el elogio de la más despiadada crítica, es ínfima. Casi inexistente.

Resulta hilarante comprobar cómo Ricky Rubio, quizá el movimiento veraniego más discutido y vigilado de la pasada agencia libre en Phoenix, es ahora el eje sobre el cual descansa la competitividad exhibida por los Suns desde que diera comienzo la temporada allá por octubre. Por otro lado, no se trata de nada nuevo. Un guión escrito hace un lustro y de cuyo prólogo no han salido bien parados los conocidos por todos como point-guards.

El relato comenzó con el experimento denominado por el periodista Gerald Bourguet como ‘Point Guard Hydra’: reunir en una misma plantilla a Goran Dragic, Eric Bledsoe e Isaiah Thomas, tres perfiles muy diferentes y, a la vez, cortados por un patrón muy similar. No tardó el general manager Ryan McDonough en comprender que el pastel era demasiado pequeño para ser repartido entre los tres. Los Suns corrigieron este exceso de mercancía traspasando a Dragic rumbo a Miami y a Thomas a Boston. En su lugar aterrizó Brandon Knight, cuyas similitudes con Bledsoe despertaron, por igual, críticas y muestras evidentes de la poca compatibilidad entre ambos. En un abrir y cerrar de ojos, este superávit de bases completó una transformación hacia el otro extremo de la balanza: Devin Booker ha tenido que multiplicarse en los últimos años al no disponer a su lado de un director de juego capaz de facilitarle la vida.

Irónicamente, el remedio a todos estos males no evitó una nueva oleada de críticas y una mirada juiciosa. Los Suns firmaron el pasado a verano a Ricky Rubio, uno de los últimos representantes del ‘club del base puro’. Rápidamente se dejó a un lado las implicaciones deportivas de esta operación para sobre-dimensionar el aspecto económico: 51 millones de dólares repartidos en tres años era demasiado dinero. Por un momento poco pareció importar que los Suns buscaran salir de un pozo. Aquel en el que se habían sumido tras la salida de Steve Nash casi diez años atrás.

La lógica terminó por imperar pero antes tuvo que tumbar la visión más escéptica de los expertos. Los Suns comenzaron la temporada sorprendiendo a propios y extraños. Pese a perder fuelle, los de Arizona sumaron 26 victorias antes de que se suspendiera la temporada en marzo. Una cifra discreta, sí, pero superior a cualquier otra lograda desde 2015. Con 17 partidos todavía por disputar. Así, no resultó difícil confirmar el acierto de rodear a Devin Booker con un facilitador como Ricky Rubio, además de nuevas piezas adicionales.

“Ricky es el general de nuestro equipo”, afirmó este miércoles el entrenador Monty Williams durante una conferencia de prensa a través de Zoom. “Todos sabemos que mejora a todos en ataque. Nos ayuda a jugar con ritmo. Es una de las razones por la que hemos sido los líderes en asistencias en la liga. Tiene mucha confianza en sí mismo y la virtud del liderazgo.”

Sus habilidades organizativas y de conducción no suponen un descubrimiento a estas alturas, pero el internacional español ha tenido que demostrar una vez más sus cualidades. Después de proclamarse campeón del mundo con su selección y recibir el galardón al mejor jugador del torneo, Ricky mostró una versión renovada y más madura de sí mismo. Sus 8,9 asistencias por partido lo auparon hasta la tercera posición en el ranking de asistentes. Las mismas representan un tercio de todas las repartidas por su equipo. Pero su impacto dentro del esquema de Monty Williams es mucho mayor.

Su presencia liberó a Booker de la responsabilidad de subir la bola. El escolta, de 23 años, aprovechó este alivio ofensivo para protagonizar la mejor y más eficiente temporada de su carrera, promediando 26,1 puntos, 4,2 rebotes y 6,6 asistencias. La inercia natural de Booker tendía al alza desde su llegada a la NBA y la incorporación de Ricky ha terminado por explotar todas sus virtudes.

Las estadísticas de eficiencia y rendimiento colectivo de los de Arizona respaldan esta premisa. Los ocho mejores quintetos de los Suns en cuanto a net rating –un mínimo de 30 minutos disputados– incluyen a Booker y Ricky. Si añadimos a la ecuación a DeAndre Ayton la cohesión se intensifica: un diferencial de +22 cuando comparten pista. Si reducimos la representación únicamente al base español, la tendencia se mantiene: los Suns son 3,8 puntos mejores por cada 100 posesiones que sus rivales. Cuando no está, esta cifra se desploma hasta los -6,5 tantos.

Además, la veteranía de Ricky supone un plus importante dentro de un núcleo especialmente joven y con un gran potencial de futuro. Los Ayton, Booker, Bridges, Oubre Jr., Johnson y compañía componen el núcleo del mañana del equipo y resulta especialmente alentador contar con la experiencia y la serenidad del ex de los Wolves y los Jazz.

“Es alguien en quien confío mucho”, admitió Williams. “Simplemente por la forma en la que nos ayudó a cambiar y mejorar nuestro programa podría estar todo el día hablando sobre sus atributos. Es un tipo que mejora a todos y estoy agradecido de haber tenido la oportunidad de entrenar a alguien como Ricky Rubio.”

Ahora, los Suns afrontan los próximos ocho partidos de regular season como una oportunidad de seguir desarrollando a los jóvenes y construyendo la química colectiva del equipo. Ricky todavía no se encuentra al cien por cien tras haberse incorporado recientemente a la burbuja después de haber dado positivo por COVID-19. “La química se está acumulando, especialmente en un equipo tan joven que está pasando mucho tiempo juntos”, explicó Rubio este miércoles. “Como decía al comienzo de la temporada, los viajes lejos de casa nos ayudarán y este es el viaje más largo que vamos a hacer. Aquí podemos construir realmente la química que nos ayudará en el futuro.”

Mientras apura su puesta a punto, las opciones de Monty Williams para el puesto de ‘1’ se reducirán al rookie Ty Jerome, Jevon Carter y Cameron Payne, nueva incorporación. Eso sitúa a los Suns en un pequeño paréntesis de juego hasta que la incorporación de Ricky devuelva el ritmo habitual de juego. “Estoy seguro de que nuestros muchachos están listos para jugar”, continuó Williams. “Pero también quiero ser cuidadoso y no exagerar, ni subestimar la situación del equipo. Queremos que tengan un ritmo, así que haremos esa evaluación.”

Ricky confirmó que trabajará para ofrecer “su mejor versión” pero también reconoció que será cuidadoso con “su salud.” Sea como sea, aquellos años oscuros en los que mencionar los nombres de Isaiah Canaan o Mike James provocaban escalofríos entre la afición de los Suns parecen haber quedado atrás.

(Fotografía de portada de Christian Petersen/Getty Images)


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