Harden, Doncic y el peligro de la tentación

Lo bueno que es un jugador y lo bien que juega un jugador. Dos conceptos y una balsa a remos en medio de la laguna. Se balancea, expectante en su vaivén, sobre una corriente de doble sentido donde se ubica, disperso y cerril, el inefable IQ.

Un canal de flujo en sinapsis permanente que arranca, en su origen, de un estudio singular (las cualidades físicas y técnicas del chaval en cuestión), y desemboca en su impacto real, al rodearlo de otros nueve tiarracos en una cancha de baloncesto.

Debo reconocer que ese mismo gap, mi subconsciente lo utiliza a menudo para decidir cómo de bien o mal me cae un jugador. El trecho entre lo crack que es, y lo crack que pudiera llegar a ser. Y cuando ese margen es demasiado grande me mosqueo. Me cabrea, me indigna o, como decimos en mi tierra, me da coraje. Una suerte de impotencia ajena al comprobar que la distancia entre el 6,5 y el 10 responde a una pésima combinación de malos consejos, desidia y ego salteado al verdor de Norteamérica.

Un paso atrás muy seductor

Por otro lado, la NBA, en su estadística avanzada, corre el peligro de quedar un tanto desfasada.

Ya mide el spot up (tiro sin bote en estático), el catch and shoot (tiro sin bote, genérico) y el handoff (tiro al recibir tras pantalla)… ¿A qué espera, pues, para dar el siguiente paso y elevar al registro principal el nuevo ‘triple en postureo’, también conocido como Step Back 3?

El duelo entre Dallas Mavericks y Houston Rockets estuvo marcado, como cabía esperar, por el desafío a brazo partido entre y . Disfruté del partido (repleto de cosas buenas); practiqué, sin éxito, la distracción de adivinar por qué lado rompería La Barba tras sus fintas en plan trilero (con ese bote endemoniadamente bajo y frenético) ante su par… y seguí flipando con Wonderboy, que tiene de sophomore lo que yo astronauta. Y sentí miedito. Temor ante una tentación, un ‘deje’ que ya vi asomar la cabeza la temporada pasada, y que en estos primeros compases del nuevo ejercicio ha ido in crescendo.

Un peligro en forma de donut yankee plantado sobre sus narices, mientras todo a su alrededor, el pabellón, el narrador, los cámaras, las cheerleaders, el rival, la mascota y hasta tu propio banquillo, te incitan a arrancar el envoltorio con la promesa de que bajo el mismo, te aguarda un golden ticket-free pass directo a la multiverso achocolatado de Willy Wonka. O lo que es lo mismo: un ¡Doncic from downtown!, seguido de un subidón de píxeles edulcorados que webs, espacios informativos y redes sociales se encargarán de difundir y replicar en un bombardeo incansable, durante no menos de 36 horas.

‘La regla del tres’

Y no voy a hablaros de Antonio Gala ni de American Pie 2. Me refiero al eFG%.

El Effective Field Goal Percentage es el algoritmo que mide cuán exitoso/productivo es un jugador, contabilizando la totalidad de sus tiros. Esta nos métrica proporciona una información más certera y rigurosa que el clásico field goal percentage, y esto es así porque añade a los tiros de tres un valor extra; el que realmente tienen.

(2pt FGM + 1.5*3pt FGM) / FGA

Esta de arriba es la fórmula de la cual nace el eFG%, y nos dice, sencillamente, que un tiro de tres puntos es 1,5 veces más valioso que un tiro de dos. Por ejemplo, un jugador que anota un 4 de 10, siendo todas ellas canastas de dos puntos, tiene un FG% estándar del 40% y un eFG% del 40%. Pero si todos esos lanzamientos hubiesen sido triples, el eFG% de ese jugador sería del 60%, lo que refleja el peso añadido del tiro tres.

(Introducido en 1979, ocho años fueron suficientes para que jugadores, directivos y analistas comprendieran el poder de la artillería que les había sido entregada. La joya de la corona del siglo XXI. El triple).

Así, más que le pese a Popovich y a demás nostálgicos del Toteking y su básquet de los 80, el teorema es éste: 3 > 2, y anotar con un acierto del 40% en mid-range vale lo mismo que hacerlo con un 26,67% desde 7,25; al igual que (quedaos con esto) un jugador de un 50% en tiros de dos (eficacia elevada), suma exactamente los mismos puntos que un triplista cuya puntería amarre el 33%. Y es lo que hay. Son mates. A partir de ahí, eso sí, contexto.

Y con contexto quiero (y se pueden) decir muchísimas cosas:

  • ¿Consistencia? Tiradores los hay de dos clases –aunque al final del año ambos claven los porcentajes–. Regulares y de rachas. Un jugador de rachas es un hot/cold player; alterna noches de gran acierto (6/8, por ejemplo) con otras de escaso o nulo (1/7). Por su parte, los regulares (tiradores-metedores) pueden tener días malos, pero por lo general son más fiables, y facilitarles tiros liberados una garantía estable de recompensa.
  • Segundas jugadas. Los puntos sencillos concedidos en transición son de los que más detestan los entrenadores, y por ello cada vez más buscan reducirlos al mínimo, condicionando sus propios ataques para ello si es necesario. El rebote (ofensivo) no se trabaja igual tras lanzamientos de dos y tres puntos. Por no extendernos aquí más de la cuenta, dejaremos un ejemplo-tipo sobre esto abajo en sección de Comentarios.
  • ¿Categoría de two point shooter? Muy pocos jugadores logran anotar más del 40% de sus triples al término del curso regular (y menos en playoffs); el año pasado solo 35 jugadores con al menos dos intentos por partido lo lograron. No obstante, hablamos de un +7% respecto del antes referido 33%. Y sin embargo, como contrapartida, casi ninguno logra un acierto del 57% o superior en tiros de dos, a no ser que nos atengamos a meros cazadores de alley-oops y palomeros del aro.

La Barba a remojo

¿Qué clase de two y three point shooters son James Harden y, por extensión, Luka Donic, y a qué o hasta dónde podrían aspirar? Basaremos el caso en el ex MVP y guard de los Rockets, y por analogía (con un par de concreciones ad hoc que veremos luego) lo extrapolaremos al de los Mavericks.

Éste es el shotchart (o mapa de tiro) de Harden en lo que va de 2019-20:

Basta un vistazo para comprobar lo que cualquiera que suela ver los encuentros de Houston ya conoce; que en el plano resolutivo, el juego de James Harden es prioritariamente vertical. Es decir, se desarrolla sobre todo por la longitudinal del terreno de juego, rehuyendo las esquinas.

Aún con el fichaje de Russell Westbrook, Harden no ha abandonado en absoluto sus funciones de playmaker y director del cotarro. Sube el balón desde la línea de fondo, lo amasa desde el bote y luego decide si la acción se resolverá en aclarado (penetración y posible pick and roll) o abriendo el pase hacia el tirador abierto –evidencia de esto es que ostenta el mayor Usage (37,9%) de la Liga, por delante de Giannis Antetokounmpo (35,7%) y el propio Luka Doncic (34,8%)–.

Poco importa que la visión de juego de Harden sea más o menos brillante o el potencial de dinamismo off ball que atesoren sus compañeros… las canastas y los espacios nacen y se erigen, casi en su totalidad, del poder de atención que genera su extraordinario manejo del esférico y las defensas dobles (y triples) dispuestas en consecuencia por el oponente.

Y contra-intuitivamente a esto, Harden, el ball handler del momento, es el jugador que más triples lanza por partido de toda la NBA, con 13,76. De ellos, el 92,7% los percute ‘above the break‘, séase, que no parten de las esquinas. Y lo hace con un 34,1% de acierto (74 de 217), mientras que la media liguera está en el 35%. Conclusión: Harden, en lo que va de curso, lanza de tres peor que el tirador NBA promedio.

La evolución en su juego de ataque con el discurrir de los años –como peón avanzado de un cambio de paradigma imparable– es apabullante, con el tiro de tres devorando terreno temporada tras temporada.

Harden & triple

Campaña2014/152015/162016/172017/182018/192019/20*
Peso del 3T40,7%42,8%51,5%52,5%53,9%56,9%*

A lo largo de su carrera (está en su undécimo año), el ex de los Suns Devils de la Universidad Estatal de Arizona ha puntuado como un lanzador de triples correcto (36,4%). Epíteto engañoso, por otra parte, ya que nos encontramos ante un jugador, a pesar de sus números estratosféricos, con una selección de tiro desde el arco… bastante deplorable (más que) mejorable.

Y en los diecisiete partidos que llevamos de temporada, y a pesar de tener a su lado a Westbrook (otro ex MVP que, por lógica, debería quitarle atención y, por tanto, liberarlo algo más en ataque), su puntería desde el triple está en mínimos históricos: 33,8%; un dato que no pasaría de curioso y anecdótico (17 partidos es una muestra pequeña), pero que deja de serlo si prestamos atención a cómo se están gestando muchos de esos lanzamientos.

Desde el portal 3ball.io todavía no han subido las acciones de Harden frente a los Mavs del pasado 24 de noviembre (las de Doncic sí… las veremos luego), pero no importa. Las del choque de titanes de solo dos días antes frente a los Clipers nos sirven igual de bien. Ahí, The Beard acabó con 37 puntos, 12 asistencias y un 5 de 11 en triples (estupendo 45,5%). Veamos cómo se produjeron 4 de esos 6 fallos en long-range.

17 segundos aún de posesión. Triple puntado en step-back a más de ocho metros.

Posesión expirando. Dribling ante Paul George y nuevo triple forzado en step-back.

15 segundos de posesión. Triple lejano y bien punteado.

Marcador igualado en el último cuarto. 18 segundos en la posesión. No deja que se desarrolle la jugada y nuevo step-back punteado.

Me encantaría decir ahora que esto de arriba es lo residual. Lo raro en el ’13’ de Houston. Desafortunadamente, es todo lo contrario. Citando a Louis Litt: “Rabo para desayunar, comer y cenar”.

De lo excepcional… rutina

Fruto de practicar el step-back (en ello reside su esencia), se abre un cierto espacio entre el defensor y el atacante justo antes de tirar. Y nadie en el mundo rinde honores al step-back como Harden, maestro de maestros; lo cual no priva a este recurso de tan bella factura, de la etiqueta de tough/top shot.

Y por ello, aunque lo implementes como ninguno, la comodidad del tiro nunca será, ni se acercará, a la de los wide open shots (tiros no punteados, generalmente tras una buena circulación de balón). Facts.

En el 20,7% de sus tiros de campo (o lo que es igual, el 36,% de todos sus triples) Harden tiene al defensor casi encimándole. Sumamos a eso una colocación/alineamiento del cuerpo no-ideal, y ya tenemos ese 25,9% de acierto up surpra. Indignante, si vemos cómo se eleva el acierto en cuanto el punteo queda algo más lejos o directamente logra eludirlo, e imperdonable por tratarse precisamente de Harden.

Pues Harden –por si alguien acaba de subirse al mundo tras cruzarse con Mafalda– es uno de los jugadores con más recursos del planeta, capaz de solventar cualquier jugada, cualquier posesión, ya sea desde la ejecución por cuenta propia o desde el pase, con porcentajes de acierto muy superiores a los que exhibe actualmente.

Pero se nos está yendo la olla, y como cuando el adolescente millennial se reafirma en su estupidez uniéndose a modas tales como el Sunburn art o el reto de la canela, las superestrellas del básquet y quienes juegan a imitarlos, ya tienen la suya propia. Y como todas las modas, el producto se ha hecho viral. En este caso, hacer del step-back three una costumbre, en lugar de limitarlo a lo que debería ser: una ocasional eventualidad.

Pero esta moda –de aquí lo del miedito– ha plantado la tienda de campaña ante las puertas del ayuntamiento y ha sacado el hornillo de gas. El síndrome del golden ticket, parece, avanza con paso firme, y tiene poca pinta de ser algo pasajero. Como decía, “las gradas, el narrador, los cámaras, el rival, tu propio banquillo…” y el burro con brilli-brilli, narcisista y terco, tras la zanahoria equivocada.

Doncic: a (o cuestión de) tiempo

Poco antes del choque entre Mavs y Rockets de hace dos días, nuestro viejo colega de redacción, Andrés Monje, compartía la siguiente revelación.

El dato que nos da Andrés, de hecho, ha subido un poco más tras añadir los encuentros frente a Rockets y Cavaliers: 67,6% de efectividad de Luka Doncic en acciones de internada. Demoledor y, efectivamente, muy por encima del segundo… que no podía ser otro sino Harden (acotando a un mínimo de cuatro intentos por partido).

La joven estrella eslovena, pone en marcha esta acción de drive 17,9 veces en cada encuentro, para terminar soltando el balón rumbo al aro 6,9 veces, y acabando en canasta el mencionado 67,6%. Harden, en su mismo dialecto, penetra en 21,8 ocasiones, finiquita por sí mismo 8,6, y lo hace con un éxito del 58,4%.

Ambos por encima –Luka muuuy por encima– de genios del aclarado como DeRozan (56,6%), Derrick Rose (56,4%), LeBron James (54,7%), Andrew Wiggins (54,3%), Bradley Beal (51,5%), Trae Young (49,6%), Kyrie Irving (49,1%) o Donovan Mitchell (40,1%).

Esto, ciñéndonos a la estrategia del Juan Palomo (yo me lo guiso, yo me lo como), pero… ¿Qué pasa cuando optan por descargar e involucrar a sus compañeros en la resolución del ataque? Volvemos, para afrontar este punto al detalle, al sureste de Texas.

La horma del zapato

La conexión Harden-Capela en pick and roll que tantas defensas destrozó en el pasado… no se ha ido a ninguna parte. Sigue ahí. Y cuando les da por recordarlo y asociarse (3,4 veces por partido), Clint hunde el 66,7% de lo que Harden, en bandeja de plata, le da.

Pero es que es más, pues estamos ante una pareja de ida y vuelta. Las (pocas) vece que Harden, al lanzar de tres, descarta el pull-up y entrega el balón a Capela, ya sea para pantalla y handoff, ya sea pase al interior de la pintura y que éste se lo devuelva, sus porcentajes crecen hasta el 37,8% en triples (+4 de su 33,8% actual), siendo, con diferencia, el miembro de la plantilla que más le asiste (26,8%), muy por encima de Tucker (16,9%) o Westbrook (14,2%).

Con Tyson Chandler, también éste como roller man, más de lo mismo: 71,6% (aunque no se buscan ni media vez [0,4] por partido). Esto en cuanto a situaciones de pase y continuación… pero la narrativa no se interrumpe en el campo del triple, aquel por el que vive y mata Mike D’Antoni, responsable del 70% del contenido de este artículo.

Ben McLemore y P.J. Tucker anotan un 40% de sus triples a pase de Harden, Danuel House Jr. el 50%… sólo Westbrook (precisamente el jugador menos indicado de Houston para esperar clavado en una esquina) ennegrece el dato con su 22,2%.

Y durante y mientras… ¡qué baloncesto precioso off-ball entre Harden & Westbrook, de cortes, puertas atrás y bloqueos indirectos, se está perdiendo la competición por la obstinación en un sistema tan férreo y unidimensional!

Si bien, por un lado, hay que darle todo el crédito a la revolución Morey en la 2017-18 (primera vez que más del 50% de los lanzamientos de una franquicia partían desde el triple) con su all-in en pos de una filosofía analítica que pronto contagió a casi todos en la liga, ello no justifica mirar hacia otro lado cuando un engranaje se atasca en lo peor de sí (hero-ball de Harden)… y menos aún tras lograr el traspaso de un jugador tan especial como Westbrook (con sus hándicaps y fortalezas), lo cuál exige una adaptación del sistema para exprimir el ingente zumo del que podría ser el backcourt más indómito y asesino de toda la NBA.

Anacronismos y tendencias

¿Recordamos la norma del tres? ¿El 33+7% y el 50+7%?

Pues si accedemos al portal NBA Miner, comprobamos que en el curso pasado, Harden lanzó el 49,35% de sus tiros de campo desde la zona central del triple (36,9% de acierto), mientras que en sus devastadoras internadas, y sin contar los and one (un total de 56, de los que anotó 51), descargó sólo el 27,9% de su juego de ataque (58,8% de acierto).

Tendencia y eficiencia se alejan entre sí.

Y Doncic… en posición de arrebatarle a Rose el título de MVP más joven de la historia si sigue por este camino… pendonea peligrosamente por la telaraña.

El año pasado, como novato, ya apuntó maneras en una adaptación que no fue tal entre ACB y NBA. Se hizo pronto al triple frontal, desde donde consumó el 39,16% de su básquet de ataque con un acierto (exiguo) del 32,8%. Mientras, sus acometidas en la zona restringida supusieron el 25,28%, con un balance ya por entonces brutal, disipando cualquier duda sobre su físico (61,14%).

Actualmente, ejercicio 2019-20, esquiva acertadamente el mid-range de 5-7 metros (cinco tiros en lo que va de temporada), ignora las esquinas, y se mueve como pez en el agua a través penetraciones despachadas entre floaters, bandejas, mates (superando, con creces, la media de acierto) y triples desde la cabeza del arco (justo en la media: 35,2% por el 35% del resto).

Guarismos espectaculares (promedia casi un triple-doble) y un rendimiento bárbaro que, sin embargo (surrealista estar refiriéndome a un jugador de 20 años), podría ser, casi sin esfuerzos, bastante mejor.

Solo a través de dos condiciones que viajan de la mano: reducir los alardes y, casi como corolario, mejorar la toma de decisiones. Porque Luka, viejoven precoz en términos de experiencia, ya se desenvuelve como un As en el control del pace y la gestión de pulsómetro. No obstante, ahí está, acechante, la luciérnaga del showtime. El golden ticket.

12 segundos en el reloj de posesión. Todos inmóviles y cruce de ‘step-back kings‘.

13 segundos de posesión. Capela peinándole el flequillo. Give me the step-back!

Deficiente bloqueo de Porzingis. 15 segundos. Tucker patina un poco… why not??

Transición sin ventaja alguna. 18 segundos. Och metros y medio. Cho…clang!

Se está saliendo. Triunfo casi atado y los moños de Danuel House pidiéndole candela.

El fade away de Kobe en sus años de ocaso. La suspensión tras jab step de Carmelo. El step back efectista de Harden. Los tough shot rara vez son top shots… porque rara vez entran.

Luka. Hay cabezas ajenas de sobra en las que escarmentar, y balones que picarse en modo Canijo en el 2K20. Comprendo que el envoltorio es bonito.Cautivador. Lisonjero. Pero no es Ferrero Rocher lo que cruje bajo nuestras bocas.

(Datos y tablas obtenidos de Basketball-Reference, NBA Stats, Nba Miner, IOS Press y Teamrankings)

(Fotografía de portada de Ronald Martinez/Getty Images)


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