Historias de baloncesto: 25 años de la Guerra de Bosnia

Esta semana se han cumplido 25 años desde que estalló la Guerra de Bosnia, una cruenta sucesión de batallas entre 1992 y 1995 que comenzaron cuando se declaró como país independiente a Bosnia-Herzegovina y terminaron con la única victoria de la muerte. Fueron más de 100.000 vidas arrebatadas en uno de los muchos conflictos que hubo en los Balcanes cuando se desintegró la Unión Soviética, lo que dio lugar a la ruptura de la baloncestíticamente exitosa República Federal Socialista de Yugoslavia.

Por contextualizar un poco, tras la secesión de Eslovenia y Croacia le tocó el turno a Bosnia-Herzegovina cuando aprobó en referéndum su propia independencia de Yugoslavia en el día bisiesto de 1992. A partir de ahí, las etnias del país —reconocido así internacionalmente— quisieron defender sus territorios sin aceptar la mayor y el país pasó a estar dividido en tres durante el conflicto. Los serbios defendieron su porción y los croatas hicieron lo mismo, estando la mayoría musulmana de Bosnia en el punto de mira de sus adversarios políticos. Una situación de exclusión, hambruna, éxodo, lucha, egoísmo e incomprensión que duró más de tres años finalizaron con los Acuerdos de Dayton, impulsados por Bill Clinton y el resto de la comunidad internacional, el 14 de diciembre de 1995.

Desde que fue declarada independiente, Bosnia-Herzegovina tuvo también el reconocimiento de la como país a participar en los torneos internacionales. Un año después de ello, en 1993, ya jugó como ente propio el Campeonato de Europa. Hasta ello, bajo el paraguas de Yugoslavia ya habían ganado incluso títulos mundiales (como el de 1970, con la capital bosnia de Sarajevo como sede). Tras la independencia se han clasificado para nueve y han faltado a tres EuroBasket.

Choque de edades

Hay una gran cantidad de jugadores bosnios en las posiciones importantes del baloncesto mundial pese a que no es un país con una población muy extensa. Algunos de ellos son:

  • Jusuf Nurkic. El interior de Portland, de cuyo juego ya hablamos aquí, nació en Tuzla en 1994, cuando la guerra estaba en pleno apogeo. Una de las historias que el protagonista siempre cuenta es que su padre (este mostrenco), que era policía, ganó una pelea en solitario a 14 hombres.
  • Mirza Delibasic. Posiblemente el jugador más representativo a lo largo de la historia bosnia. Conocido por jugar en el Real Madrid y por ganar la Euroliga con el Bosna, fue el primer entrenador del equipo nacional cuando Bosnia-Herzegovina se convirtió en país independiente. Un icono absoluto de los 80 en Europa.
  • Bojan Bogdanovic. Nació en Mostar en 1989, como ya te describimos aquí. Pese a ello, es croata de pleno derecho (y algún récord de Petrovic ya ha batido en esta competición) y es una de las estrellas de la selección hrvatski.
  • Goran Suton. En 2006 obtuvo la nacionalidad estadounidense, pero es nacido en Sarajevo. En España ha jugado en Joventut y Estudiantes. Lo precioso de su caso es que su madre Zivana era bosnio-serbia y su padre Miroslav era bosnio-croata.
  • Mirza Begic y Emil Preldzic. Dos coyunturas parecidas, dos jugadores que nacieron en Bosnia-Herzegovina pero no juegan con ellos los campeonatos internacionales. Begic, que llegó a firmar con los Pelicans en 2015, es también esloveno desde que se mudó allí. Preldzic, cuyos derechos pertenecen ahora a los Pacers, fue uno de los que encontró refugio fuera porque era bosniak (musulmán bosnio) y ha jugado tanto con Eslovenia -donde coindió con Begic- como con Turquía.
  • Emir Sulejmanovic. El suyo es un caso único. Emir, que estuvo en la cantera del F.C. Barcelona hasta el pasado verano, nació en un bosque de Zepa durante la Masacre de Srebenica, en la que mataron a 8.000 personas en 11 días. Tras darle a luz, su familia emigró a Finlandia.

La historia de Teletovic

Hay que dejar a un lado a dos jugadores: Dzanan Musa, el jugador que lidera a última generación del siglo XX junto a Luka Doncic y del que ya se hablará mucho en un futuro, y , el adalid de la nacionalidad bosnia en el mundo del baloncesto durante la última década.

Centrándonos en este último, Teletovic es una persona que no se ha escondido a la hora de hablar de su experiencia durante la Guerra de Bosnia de la que estos días se cumple un cuarto de siglo.

“Tenía siete años cuando empezó la guerra. Lo primero que ves es que no hay comida, luego ves caer las granadas, la ciudad entera se tambalea y oyes a la gente gritar. Todos los días venían tus padres y te decían ‘Nuestro vecino ha muerto’ o ‘Nuestro primo ha muerto’. Siempre había gente muriendo. Un día hasta le pregunté a mi madre si quedaba alguien vivo. Fue muy duro para nosotros. A mi primo mayor, por ejemplo, le encantaba contar las bombas que solían caer; contó entre 100 y 115 en 5/6 horas, el día siguiente lo mismo, y fue así durantes los siguientes 4 ó 5 meses. Mi casa fue bombardeada y la reconstruímos en 2010, había boquetes gigantes por la acción de los tanques y el resto de artillería”

Cuando se le pregunta por sus referentes, su padre y la huella de la guerra son la respuesta.

“Soy muy como mi padre, una persona muy positiva. A veces le llamo y le digo que no me ha ido muy bien y él me responde que lo más importante en la vida es estar sano, con salud podrás lograr cualquier cosa”

El relato de cómo el pequeño Mirza iba a jugar para olvidarse de los problemas es realmente estremecedor.

“El baloncesto es un gran desestresante. Es en el divertimento donde me siento bien, como si estuviera en casa, como cuando era un niño. Muchos de amigos allí jugaban a baloncesto. Solía despertarme a las seis de la mañana para ir a la cancha y a veces no volvía hasta las once de la noche. No sabéis cómo era la situación ese momento, ¡ni siquiera tenía zapatillas! La pista estaba como a 300 metros de mi casa, mis amigos y yo jugábamos allí, y cuando oíamos las sirenas porque las granadas empezaban a caer simplemente teníamos que correr rápido a casa a resguardarnos. Si tenía que morir, moriría. Por el baloncesto haría lo que fuera”

Una prueba más de hasta qué extremo de importancia puede llegar a ser el deporte una vía de escape para los problemas importantes de la vida.


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