La magia de los porcentajes: por Dan D’Antoni


Mike D’Antoni, para quien no lo sepa, tiene un hermano mayor, Dan D’Antoni, de 70 años. Las vidas de ambos han estado hiladas por el mismo patrón de punto: el baloncesto. Sin embargo, con los años, el pequeño tomó la delantera y su sombra cubrió playas enteras.

Hubo un una vez en el que Dan fue técnico asistente del equipo universitario en el que su hermano Mike aún militaba como jugador. Hace casi cuarenta años de aquello. Hoy, Mike D’Antoni percibe cinco millones de dólares anuales por entrenar a los Houston Rockets, y con muy buenos resultados últimamente.

Dan D’Antoni, por su parte, con su nómina de 200.000 dólares al año —que levante la mano quien quiera este sueldo de segundón— dirige a los Thundering Herd, el equipo de la universidad de Marshall en la que tanto él como su hermano se formaron en su juventud.

Sangre de banquillo

Dan fue un más que correcto jugador amateur. Point guard titular del equipo que hoy tutela embutido en su refulgente americana verde botella, promediando 17,5 puntos en su único curso allí, el 1968–69. En 1990 fue incluido en el Marshall University Athletics Hall of Fame.

Y este año, su cuarto al frente de su banquillo, está soberbio e imparable. Acaba de proclamarse campeón del C-USA Tournament, clasificando así a su equipo para el March Madness de la NCAA por cuarta vez en la historia de la universidad. Una proeza.

El principal campo de acción de Dan ha sido ese en el que sus jugadores todavía no pueden beber (legalmente) alcohol y solo unos pocos tienen coche. Nada menos que treinta años ininterrumpidos dirigiendo el equipo de baloncesto del instituto Socastee. Solo entonces, a sus casi medio siglo de edad, decidió que era el momento de dar el salto a la NBA; y lo hizo aprovechando la estela de su hermano.

Fue técnico asistente de Mike D’Antoni allá donde éste fue contratado —Suns, Knicks, Lakers—. Así durante una década hasta volver a su zona de confort. En Marshall es feliz, tiene un nombre y es respetado. Pero diez años trabajando codo con codo con el hoy técnico de los Rockets, además de correr por sus venas la misma sangre, dejan huella. Los D’Antoni son, vulgarmente hablando, unos frikis de la estadística.

Mike, piñón fijo

Mike D’Antoni, terco, metódico y manierista, es de los técnicos que genera extremismo de fácil crispación. Fiel a sus ideas y capaz de morir por ellas. Esta forma de ser, de pensar y de actuar, lo encumbraron en los Suns bautizados como los del run&gun. Aquel juego eléctrico y posesiones de menos de siete segundos, funcionaron en la NBA del nuevo siglo. De la mano de de Steve Nash y Amar’e Stoudemire, D’Antoni trasladó al parquet una innovadora y refrescante forma de entender el baloncesto.

No le funcionó en los Knicks y defenestró con él al roster de los Lakers. Su pizarra requiere de piernas. De músculos fuertes. De transiciones rápidas y jugadores capaz de abrirse en décimas de segundo y lanzar. No eran Lakers ese tipo de equipo.

Pero en Houston, D’Antoni ha encontrado el vestuario perfecto. En James Harden y Chris Paul tiene su versión actualizada de Nash, y todo lo demás son tiradores versátiles capaces de correr, de finalizar, y de lo más importante: hacer chof desde el arco perimetral.

Montados aún en la ola del análisis de Sergio y José en Drafteados, en el que demostraban el antagonismo existente entre los ataques de Golden State Warriors y Huston Rockets —los dos equipos con mejor récord de la NBA—, y aprovechando el hecho de que los chicos Dan se encuentran tan forma como los de Mike, es éste un momento inmejorable para recordar unas palabras del propio Danny, escupidas al mundo en diciembre de 2016.

Como decíamos, un friki de los numeritos.

Tipos de tiro: una ciencia

¡Ah!, un spoiler informativo a nivel contextual. A los Thundering Herd de Marshall, también les encanta eso de apabullar a triples.

P: “A tus chicos les gusta mucho lanzar de tres. ¿No crees que quizás no mueves lo suficiente la pelota por la pintura?”, le preguntaba por entonces un periodista a Dan.

R: “¿Eres de la vieja escuela, verdad? ¿Sueles ver baloncesto NBA?”,

P: “Sí”, respondía el reportero al coach.

R: “Entonces te habrás fijado en los tres equipos top. ¿En Golden State trabajan la pintura? ¿Mi hermano en Houston, el mayor maestro del ‘ida y vuelta’ , la trabaja? Puedes irte a cualquier computadora y comprobar cuáles son los mejores tiros, y te dirá que los tiros jugados al poste (post-ups) son el peor tiro en baloncesto. Si quieres ignorar esto y prefieres por poner el balón en el poste y lanzar sobre alguien, entonces te estarás cargando la analítica. El mejor tiro en baloncesto es el tiro de tres desde las esquinas. El siguiente mejor tiro es cualquier otro tipo de triple. Eso aparte de los tiros libres; cuando logras ir a la personal, encestas 1,5 puntos cada vez que la visitas a nivel profesional. En la universidad ocurre exactamente lo mismo…”

Moneyball. Matemática pura y dura.

Los Houston Rockets de la 2106/17 fueron el equipo que más triples lanzó por partido, con un promedio de 40,1. Este año incluso se superan. El roster tejano vuelve a liderar la NBA con 42,1 intentos (40,9% de todo lo que tiran llega desde el triple), con el duodécimo mejor porcentaje de acierto de tres (36,6%). Una o dos mil cafés, con este tema aleteando en sesión chill out, se habrá tomado en el pasado el dúo D’Antoni.

La pintura: romanticismo inútil

El streptease porcentual sigue.

R: “Si eres capaz de dejar una bandeja limpia, estamos hablando de 1,8 puntos por intento. 1,3 puntos por triple desde la esquina. 1,27 el triple desde cualquier otro lugar. ¿Sabes cuántos puntos anotas por cada posesión al poste con un tipo marcándote encima? 0,78”.

“Así que si quieres dirigir a un equipo de esa manera, veremos cuánto aguantas ante rivales que sepan jugar en el otro sistema. Los dos últimos campeonatos han sido para Cleveland y Golden State. ¿Y qué es lo que ellos hacen? No ves absolutamente a nadie posteando. Yo cambié mi forma de entrenar hace mucho tiempo. Estuve durante 15 años haciendo el imbécil, trabajando esas jugadas para así lograr el peor tiro existente en baloncesto. No era ni consciente de lo que estaba haciendo”.

El esplendor de los 80, la bachata bajo el hierro, nunca volverá. Lo dicen las matemáticas.


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