La pelea por el Novato del Año sin LaMelo Ball


Por desgracia, algunos de los últimos cursos han tenido como protagonistas a novatos que han visto truncadas sus primeras temporadas por culpa de las lesiones, las cuales les han alejado del galardón al Rookie del Año. A los conocidos casos de Joel Embiid y Zion Williamson corre el peligro de sumarse LaMelo Ball. La joven y anticipada estrella de los Charlotte Hornets estaba protagonizando una gran campaña que le aupaba al número uno de la mayoría de rankings de mejores novatos de la temporada. Pero la fractura de su muñeca, aunque exista cierto optimismo con su vuelta, dejan el camino libre para que otros jóvenes ocupen su lugar.

Pese a que la camada de novatos está demostrando un nivel bastante superior al que se le presumía, sobre el papel solo dos nombres parecen aguantar el debate: Tyrese Haliburton y Anthony Edwards. Los exteriores de Sacramento Kings y Minnesota Timberwolves respectivamente se sitúan varios escalones por delante de jugadores como Immanuel Quickley (Knicks) o Saddiq Bey (Pistons) con una diferencia estadística casi insalvable. Curiosamente, James Wiseman, número 2 del último Draft, ni siquiera hace acto de presencia en esta carrera.

El caso de Tyrese Haliburton parece el más fácil de evaluar. Dentro de un equipo que es capaz de compaginar rachas de juego y resultados a la altura de la élite de su conferencia con tramos de competición muy pobres, el joven base es una de las pocas constantes positivas. Tras recuperarse de los problemas musculares que sufrió a principios de marzo, Haliburton está jugando algunos de sus mejores partidos, coincidiendo con el 4-1 de Sacramento en la última semana que les deja un puesto por debajo del play-in —22-25—. Y lo que es más importante para conseguir el Novato del Año, justo cuando LaMelo Ball ha sido apartado de las pistas. En este tramo, ha promediado 18,8 puntos y 4,4 asistencias con un reseñable 51,9% en el triple.

Por contraparte, el contexto en el que se encuentra Anthony Edwards no parece ser tan favorable. Su rendimiento, aunque notable, no es lo suficientemente rutilante como para no tener en cuenta que se encuentra en el peor equipo de toda la liga —11-36—. A su favor, cabe recalcar que está comenzando a anotar con una facilidad pasmosa, en especial gracias a su explosividad driblando hacia el aro. Esta explosión anotadora tuvo su pico a mediados de marzo, cuando Edwards encadenó tres partidos de 34, 29 y 42 puntos respectivamente, sumando victorias contra Portland y Phoenix en el primero y el último.

Sin embargo, a pesar de que su compañero D’Angelo Russel no tardase ni veinticuatro horas desde la lesión de LaMelo para reclamar su ROY, sobre Antman se cierne la duda de si sus números son producto de absorber protagonismo en un entorno anti-competitivo. Aunque si logra sostener tramos de anotación como los que vio hace apenas quince días, podría pelear el galardón hasta el final.

El tercero en discordia no es otro que el propio Ball. No solo sus números son incontestables, sino que los está firmando como uno de los líderes de los Hornets —junto a Rozier y Hayward— que en estos momentos son cuartos en la Conferencia Este. Lo que resulta interesante, es hacer cálculos de si la temporada de LaMelo ya es suficiente para ser premiada como la mejor entre los novatos.

En estos momentos, el base ha jugado un total de 41 partidos, habiéndose perdido cuatro. Dada la reducción del calendario debido a la pandemia, este número representa casi un 57% del total de partidos, si es que finalmente se juegan todos los previstos. El Novato del Año que menos partidos ha jugado en la historia fue Ewing en la 85-86, con un total de cincuenta encuentros, los cuales representaban poco más del 60% de la temporada regular. De esta forma, seguramente sea argumentable que, sin jugar un partido más, LaMelo pueda optar al galardón en términos de coherencia histórica, aunque fuesen otros tiempos.

Sin embargo, existe el agravante de que el entorno del jugador ha declarado su posible vuelta en un periodo no menor a las cuatro semanas. Si Ball apurase este periodo, solo se perdería 18 partidos del total del curso, lo cual enardecería el debate aunque no volviese a su mejor nivel. Este baile de números, el cual no es novedad, hace que urja una pronunciación de la liga sobre qué porcentaje mínimo debe alcanzar un jugador para optar a este tipo de premios.


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