Los extraños playoffs del MVP

Shai termina con sensaciones contradictorias unos playoffs en el que las defensas rivales no le han dejado ser él mismo

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Por Aitor Darias

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No soy muy entusiasta de esta moda de ponerle numeritos a todo y de votar cualquier cosa del cero al 10. O de cero a cinco estrellitas en su defecto. Discos, restaurantes, libros, peluquerías, la casa rural del fin de semana en Zamora. Las cosas dejen de ser ellas mismas y se convierten en la cifra que aparece a su lado. La única excepción la hago con Letterboxd, y más como diario propio que por genuino deseo de compartir mi puntuación.

Y sin embargo, durante todo el domingo no podía quitarme una pregunta de la cabeza: ¿qué nota le pondría a los playoffs de Shai Gilgeous-Alexander? Y la respuesta, la única sincera que podía ofrecer, es que no tengo ni la menor idea. Quizás tenga que ver con mi citada falta de experiencia como reseñador, pero creo que hay algo más. Algo que hace particularmente extraños los playoffs del dos veces MVP y que requiere poner sobre la balanza demasiadas cosas demasiado variopintas.

Su descenso a nivel estadístico, las defensas tan personalizadas que ha enfrentado, la derrota ante los Spurs, la ausencia de su segunda espada… Esto no es una evaluación de instituto en la que hay criterios de calificación claros, sino un cúmulo de sensaciones que han ido cambiando con el avance de la postemporada y en las que cuesta hallar un equilibrio. Porque el canadiense se ha encontrado de todo en este último mes y medio.

Menos, ¿es más?

Shai ha vivido los playoffs con una diana en la espalda. Con dos, de hecho. Una para las críticas por su supuesto flopping y la manera en que teóricamente se le regalan viajes a la línea de tiro libre porque al parecer la NBA está loca por lograr que un mercado minúsculo como Oklahoma sea el centro neurálgico de la liga, pero la que nos interesa es la otra. La deportiva. La que ha hecho que cada defensa a la que se ha medido saliese al parqué con un objetivo claro: pararlo a él. Y luego ya se verá.

Una premisa que empezó a tomar forma desde la eliminatoria ante los Lakers. Tras verlo arrasar a Phoenix con una exhibición desde la media distancia, los angelinos basaron su plan defensivo en un continuo dos contra uno que tenía el único propósito de sacar el balón de las manos del mejor anotador del planeta. Y si el objetivo era ese, podría decirse que los de Redick tuvieron un relativo éxito. La cuestión es a qué precio. Porque, incluso sin Jalen Williams, no tardó en quedar claro que esta no era una fórmula ganadora.

Para contener a Shai tal vez sí. Pero no para tumbar a los Thunder.

OKC batió por 4-0 a los Lakers y se puso 2-1 ante San Antonio tras los tres primeros encuentros, que fueron aquellos en los que Mitch Johnson trató, en mayor o menor medida, de replicar este principio defensivo. Y esto es parte de lo que hace tan difíciles de juzgar estos playoffs. Enfrentando defensas así, que sus números experimenten un ligero descenso es prácticamente inevitable, pero es difícil echárselo en cara cuando eso no se convertía en problemas a nivel colectivo.

Tomando los datos cada 36 minutos, vemos que Shai ha reducido sus puntos (de 33,7 a 27,4) y sus tiros (de 21,1 a 18,9) con respecto a temporada regular, pero ha logrado a cambio un incremento en sus números de asistencias (de 7,1 a 7,9) y ha hecho a los Thunder funcionar incluso cuando el rival no le dejaba llevar la batuta. De hecho, llegado cierto punto los de Daigneault sabían ya jugar de memoria ante cualquier amago de dos contra uno.

Así que hasta entonces, incluso con los números en su contra, se le podían hacer más bien pocos reproches. Porque Shai estaba demostrando ser muchísimo más que un anotador en aclarados y los suyos no paraban de ganar.

Pero llegó entonces el punto en que todo dio un giro. Y curiosamente, cuando esta soga que llevaba semanas intentando maniatar al base empezó a aliviar su presión, fue cuando vimos su peor cara.

Más suelto, menos libre

Sería falso decir que Shai dejó de ser el foco de todas las miradas de la defensa de San Antonio a partir del Game 4. Lo sería también decir que la presión defensiva aplicada sobre él se redujo o incluso que dejó de recibir dobles marcas. Pero sí es cierto que, tras verse 2-1 abajo, los Spurs optaron por una defensa mucho más centrada en el uno contra uno y en la que las ayudas no llegaban hasta que el base se hubiera adentrado en el triple. Una que, teóricamente, le brindaba más espacios para operar.

Y sin embargo, esta fue la partida de ajedrez que se le atragantó.

Y eso que tuvo cuatro encuentros para encontrar soluciones, pero ni por esas. Su Game 4 fue muy discreto, fue invisible en el Game 6, y aunque los números dicen que su Game 5 fue mucho mejor se hace difícil lanzar las campanas al vuelo por un partido en el que la mitad de sus puntos llegaron desde el tiro libre y en el que muchas de esas faltas no fueron, como de costumbre, fruto del desequilibrio que genera en la defensa tanto como de los excesos de Castle y Bryant a la hora de presionar. La gran mayoría, de hecho, ni siquiera llegaron en acción de tiro.

Solo recuperamos al Shai más reconocible, al que se crea sus tiros como nadie y anota sobre cualquier punteo, con la llegada del Game 7, del que salió como uno de los pocos jugadores de los Thunder no señalados tras su 35 puntos y tras dejarse literalmente cada gramo de fuerzas en un choque en el que terminó extenuado. El único desde el mencionado ajuste de San Antonio en que alcanzó los 20 tiros; el único en toda la serie en que superó el 50% de acierto.

Pero uno que deja una sensación, quién sabe si injusta o no, de que tal paso adelante tenía que haberse producido antes.

No obstante, la sensación que más difícil me hace juzgar lo que he visto es otra. Porque para todo lo anterior puedo encontrar justificaciones o como mínimo atenuantes. Valoro el increíble trabajo de la defensa de San Antonio, pienso cómo de viable habría sido su planteamiento con Jalen Williams y Ajay Mitchell presentes y al 100%, incluso me pregunto si realmente el cuarto y sexto partido habrían cambiado con otra versión de Shai teniendo en cuenta que OKC los perdió por 19 y 27 puntos respectivamente.

Pero lo que tengo desde ayer grabado en la cabeza es que, de forma absolutamente contraintuitiva, el mejor anotador del mundo ha sido más diferencial cuando se le ha obligado a soltar el balón que cuando se le ha dejado jugar. Y es quizás esa paradoja lo que hace tan extraños, tan incalificables, estos playoffs y sobre todo esta serie ante los Spurs.

(Fotografía de portada: Alonzo Adams-Imagn Images)

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