Mike Conley: ¿lo que Utah necesitaba?


Aire de Madrid Central el que se respira esta mañana en la troposfera de Salt Lake City tras su gran jugada de anoche. ‘Gran’ por grande: un mínimo de 80 millones –más un par de rondas del Draft– cambiaron de manos anoche entre Memphis Grizzlies y Utah Jazz.

Mike Conley, un jugador magnifico, sobrepagado y en la treintena pero con tan solo dos años de contrato por delante, se convierte en la gran estrella de una de esas franquicias que a pesar de su bello pasado (Stockton, Malone, Maravich, Dantley, Eaton, Hornacek, Eaton, Okur, Deron, Kirilenko…) padece terribles dificultades en la actualidad a la hora de exhibirse como un destino atractivo para los grandes agentes libres. Como a Dallas Mavericks como ejemplo más reciente (Porzingis), les toca tirar de traspaso si quieren disponer de su propio As que, en este caso, ni siquiera presume del sello oficial de All-Star.

Barato. Ese es el adjetivo con el que está calificando gran parte del aficionado el precio de la operación que rompe con una hermandad de doce años nada menos (los propios Grizzlies lo seleccionaron en el puesto 4º del Draft de 2007). Uno de los mejores triplistas de todos los tiempos cerca de la retirada (Korver), un sabueso con potencial pero con todo por demostrar (Allen) y un expiring que todo el mundo querría en su equipo (Crowder, el ‘4’ abierto de moda)… Y dos primeras rondas-templadas del Draft. Lo dicho, barato. ¿O no? Cavemos un poco más profundo.

Últimamente insisto mucho en que elegir es renunciar. Hacerse con Conley implica dos cosas de manera inmediata: absorber su contrato (66 millones) y olvidarse de Ricky Rubio, su playmaker titular durante las dos últimas temporadas y con quien han encadenado playoffs.

En un Oeste finalmente más potente de lo esperado –donde el corte se quedó finalmente en las 48 victorias de los Clippers, y los Lakers de LeBron, los Pelicans de Davis o los T-Wolves de Towns y Wiggins mordieron el polvo– los Jazz han vuelto a demostrar una fiabilidad tremenda, alcanzando las (nunca despreciables) 50 victorias en temporada regular. Pero entre los playoffs y el anillo, hay algo más que un par de escalones. Los Rockets les han vuelto a recordar (el año pasado en semis, éste en primera ronda) que entre polizón y aspirante hay mucho terreno de por medio. Los Jazz, si querían empezar a amortizar el talento contenido entre sus dos pilares antagonistas como son Rudy Gobert y Donovan Mitchell, operando con fluidez dentro de un sistema sólido como el que ejecuta Quin Snyder, precisaban dar un giro de tuerca más. De vuelta con Conley.

Elegido el ex de los Grizzlies, pasemos a los hipotéticos a los que, por el camino, ha debido pisotear la gerencia de los Jazz. El precio (más allá del salario nominal) de escoger al ex de los Grizzlies.

No more spaniard

Ricky Rubio: el base español, si bien no ha tenido este curso la evolución esperada tras el importante salto de madurez visto en el anterior, sí nos ha regalado en playoffs una poderosa versión. Volvió el Ricky fallón de Minnesota desde el triple, pero eso no impidió que sobresaliese en todo lo demás: 15,4 puntos, 8,6 asistencias y 2,4 robos en los cinco partidos en que los Jazz aguantaron de pie ante unos Rockets que fueron un ciclón.

El español cierra este verano su etapa contractual de 4 años y 55 millones de dólares (13,7 al año), y visto su estado de forma y a una edad aún espléndida (la mejor quizás [29 años en octubre]), es previsible que firme uno nuevo contrato de calibre similar. Siendo optimistas, uno que ronde los 15 millones por temporada (escala Schroeder/Bledsoe).

De haber apostado por su continuidad a largo plazo, Utah se hubiese ahorrado, en los dos primeros años, más de 30 millones respecto a lo que va a percibir Conley, a lo que habría que sumar (o restar, según el ángulo) la química creciente que seguiría desarrollando con Mitchell, Gobert, Ingles o Favors, jugadores con los que el mimetismo en pista ha ido significativamente a más. Conley, un base con un IQ al nivel del de Rubio, partirá de cero en este aspecto.

Placer y necesidad

Contar con Mike Conley en tu quinteto, y colocarlo además junto a un atleta como es Donovan Mitchell, un doctorado en artillería como Joe Ingles o un monstruo de los tableros como Rudy Gobert, es un placer. Un bocado de los que masticas despacio y te recreas en su textura antes de tragar. Pero una cosa es el placer y otra la necesidad. ¡Muerte al caviar; larga vida a la avena!

Acudiendo al portal HoopsStats comprobamos que los Jazz han sido un equipo de gama media en ataque durante esta temporada (18º, 110,9 puntos), pero a cambio han vuelto a consolidarse como una de las mejores defensas del circuito; fórmula de su éxito (4º, 106,1 puntos).

Memphis, por su parte, viene de un curso caótico en el que si bien su identidad se ha visto amenazada, no ha terminado por desgajarse: la defensa no sólo venía siendo su forma de competir; era su única razón de ser. Pero este curso, con un Gasol renqueante y echando a Zach Randolph más de menos que nunca, se han desdibujado en un equipo de extremos. Tercer equipo que menos puntos recibe de media (merced también a un pace insufriblemente lento) y peor ataque de toda la NBA.

Conley: un gustazo de ‘1’

Del grit & grind, Mike Conley era quizás de los más desapercibidos en defensa debido al brutal despliegue que exhibían otros como Marc Gasol y, sobre todo, Tony Allen. Pero Conley siempre ha sido un jugador de equipo. Comprometido en las ayudas, intenso con su par, notable ladrón en líneas de pase… vamos, que todo lo que venía haciendo Ricky como punta de la barricada, también lo puede seguir haciendo Mike.

Y en ataque, ¿cuánto mejora el aporte del español? Siendo sucintos: mucho. Ricky ha progresado en sus bandejas, catch &shot y mid range jumper estos dos últimos años, pero ni por esas logra acercarse al talento para lanzar, penetrar y crearse sus propios tiros que posee el recién llegado.

Sus números en anotación casi doblan los del catalán… otra cosa es la cantidad de balón que requiera para lograrlos y sus efectos en quiénes le rodean. Mientras el Usage de Rubio ronda el 23%, el de Conley alcanza el 27%, y los 10,7 tiros de media del primero se contraponen a los 16 del segundo, aunque Conley es claramente más eficaz cuando toca apuntar hacia el aro (un eFG% casi cinco puntos superior; 45,8% vs 50,7% esta campaña).

Donovan Mitchell será el más afectado (para lo bueno y lo menos bueno) de su llegada. Hablamos de un escolta que, en su segundo año en la Liga, ya supera el 30% de Usage. Su capacidad de resolución en isolation cuando el balón quema, unido a un rol como creador que va a más, tendrá que hacerlos cohabitables con una estrella del perímetro como es Conley y con quien quizás Snyder no lo tenga tan fácil como con Ricky a la hora de gestionar el reparto de esférico, tanto durante la fase tibia del encuentro como en momentos clave.

Dicho esto. Un ball handler como es Conley, con un rango de tiro superior al de Ricky y aún en plenitud física, implica una mejora en casi cualquier faceta que podamos imaginar como pieza del cinco inicial de Utah. La pregunta es: ¿una mejora de casi 15 millones por temporada?

Porque si la respuesta es no, tocaría explorar otras opciones, y discutir si alguna otra hubiese sido mejor.

Utah, un mercado difícil

Del quinteto titular de Utah, las peanas de ‘2’ y ‘5’ eran indiscutibles (Mitchell y Gobert), dejando abierto cierto debate a las otras tres. Ricky ha sido el elegido para el traspaso por delante de un Derrick Favors siempre bajo la lupa (Crowder parecía a menudo mucho mejor socio para Gobert) y un Joe Ingles que si bien es esencial, no sería descabellado también verlo partir como sexto hombre gracias a sus cualidades tanto para el tiro como la elaboración.

Y junto a Ricky, han hecho las maletas Grayson Allen –¿G&G revival?– y un Jae Crowder cuya pérdida puede hacer, como diría Guille, pupita. Mucha más pupita de la que puede parecer.

El cuento del expiring nos lo sabemos, y como refutación podría esgrimirse que si bien como FA elevará su valor (¿10? ¿12?), nunca será una cantidad tan desorbitada como para que Utah, precisamente, un mercado feo para los MVP candidates pero en el que Crowder había encontrado su sitio, no concretase una renovación si fuese su deseo y persistiera la sinapsis.

Porque si hablar de expiring es lo que toca, Favors también lo es; y de los apetecibles además. Tweener 4-5 en su esplendor físico (27 años) y aspiraciones financieras no demasiado desorbitadas (a Utah se le fue de las manos con los 16 kilos). Ideal para un switch que trajese a Utah un prototipo de forward que respondiera más a las necesidades Gobert y a las cualidades de pase de Ricky e Ingles (vuestras son las propuestas… la lista es larga).

Todo por una oportunidad

Elio Martínez hacía ayer una reflexión muy interesante en nuestro podcast. Un enfoque humilde y valiente y al que la mayoría de los equipos de la Liga deberían aspirar. Las dinastías, los three-peats y los legados de época, es cosa de unos pocos soñadores. Todos los demás pueden darse con un canto en los dientes si logran ganar un único campeonato. Caso de los Toronto Raptors. Quien sabe, si Leonard se va, cuándo caerá el siguiente.

A Conley, si nada se tuerce (y nada se rompe), los dos años que pasará en Salt Lake City debería rozar aún su máximo nivel. Donovan Mitchell, sin embargo, sólo tiene 22 años, y Gobert 26. Sus curvas de rendimiento están a punto de empezar a divergir, mientras que con Ricky (cuatro años más joven) avanzaban casi en paralelo.

Los Jazz: un equipo de playoffs. 48 victorias que un año después fueron 50. Y de un expiring como Favors que, con una renovación a la medida de Rubio, habrían abierto, dentro de sólo un año, un espacio salarial suficiente para atraer a esa pseudoestrella que sí estaría dispuesta a jugar al abrigo de las Rocky Mountains.

Utah no es, a día de hoy, carne de superequipo. Y con Conley y la mejora que éste implica, no parecen tampoco ahora carne de contender. Utah es paciencia; es perseverancia; es despacito y buena letra… es (o era) una oportunidad que con Conley difícilmente van a tener (las bajas de Durant y Klay no bastan para debilitar un Oeste alzado en armas) en tan sólo dos cursos por delante para intentarlo.

Con este mega-traspaso, el margen salarial se ha esfumado, por lo que los Randle, los Parker, los Sabonis, los Redick (y quién se os ocurra) ya no llegarán.

Cosas de la edad

Pero son los que están. Y ahora, no hay vuelta atrás, toca confiar en un quinteto muy bueno como vanguardia de una plantilla bastante corta. Y en un Mike Conley cuya fiabilidad en el argot médico genera incertidumbre.

En las cuatro últimas temporadas se ha perdido 121 partidos de regular season (disputando 207 de 328 posibles) con dos tendones (el de Aquiles y el de la corva) como principales impedimentos a la hora de jugar. Me repito, a riesgo de ser cenizo: va para los 32 y con un sueldo medio superior a su edad.

Los Jazz iban bien. Iban francamente bien y todo apuntaba a ir a mejor. Cero anillos en 45 años de historia deberían pesar un poco menos. Pero han girado brusco el timón, han realizado su jugada, y ahora aspiran a ir a ‘mucho mejor’ por un atajo donde a lo lejos crece un muro insalvable. Alea jacta est.

(Fotografía de portada de Tim Warner/Getty Images)


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