Perder para ganar, por David West

El camino de los jugadores de baloncesto hacia el objetivo final no está lleno de rosas en casi ningún caso. Suele ocurrir en todos los deportes de élite. Todos los grandes protagonistas han tenido que ir sacrificando pequeñas o grandes cosas a lo largo de su vida, no sólo de su carrera deportiva, para poder escalar y tener posibilidades de tocar la cima. es sólo el enésimo ejemplo de ello.



La serie que actualmente disputan los y los es una concentración de sensaciones para West. Él ha llegado a Golden State pasando primero por San Antonio, un puente construido con muchos quilates. Y lo hizo poniendo por delante lo realmente importante, aunque parezca simplón y redundante, cuando hablamos de baloncesto: el propio baloncesto.

Uno de los olvidados

A recordar un ítem bien importante en este punto. David West formó parte (18º) del Draft 2003, del que se dice que fue uno de los mejores de la historia (James, Bosh, Wade, Anthony, Diaw, Barbosa, Korver). El hacer una carrera sin estridencias, de fondo, estando en un segundo plano, ha provocado que alguna vez hayamos podido olvidar lo bueno que realmente es.

Era el talento interior que había detrás de la dirección de Chris Paul cuando ambos estaban en Nueva Orleans. Pero, sobre todo, era la contención de aquellos Pacers que fueron de los pocos que pudieron poner en algún problema serio a los Heat de LeBron James.

No es por el dinero

En el verano de 2015 el mundo se paró para David. Tenía que decidir qué hacer y dónde ir, en qué equipo jugar. Optó, entonces, por el camino que no muchos hubieran escogido.

“Para mí no fue para tanto. Sorprende por la naturaleza de las personas. Somos una sociedad que se rige por el dinero y eso es lo que está en la mente de tanta gente”

West se salió de un contrato de 12,6 millones de dólares en 2015. Lo hizo para pasar a cobrar 1,4 en 2015 y 1,6 en 2016. Un sablazo a su bolsillo que él mismo se propinó para seguir al máximo nivel.

“El baloncesto es una de esas cosas que no comencé a jugar originalmente por dinero y por la que sigo teniendo la pasión de seguir jugando. Y estoy orgulloso de estar completando el círculo: comencé jugando por nada, simplemente porque me gustaba competir, y voy en camino de terminar de la misma forma”

De todas formas, y sin querer hacer más ruido, el jugador de Nueva Jersey le quita hierro al asunto. Él pudo hacerlo:

“Simplemente tenía la oportunidad de tomar una decisión basada en muchas cosas. He visto a otros chicos, especialmente en el final de su carrera, escoger el dinero para maquillar otros errores cometidos en el pasado, pero yo no estaba en esa situación”

Lo que no cuenta es que se dice en los mentideros de la competición que, además de ser bien respetado por su labor como jugador, es uno de los miembros más caritativos de la NBA. No ya por la decisión de la que hablamos, sino altruístamente con los más necesitados.

Buscando lo importante

David West es uno de los muchos jugadores que sigue sin haber ganado un campeonato hasta el momento. Y es ahí donde reside buena parte de aquella decisión tan drástica —en lo que a su cuenta corriente se refiere— que tomó hace dos años. Quiere ponerse el anillo más preciado, ése que vale más deportivamente que económicamente.

“Durante toda mi vida deportiva he sido muy estratega con lo que he hecho con el dinero y cómo lo he invertido. El futuro era brillante y me encontré sabiendo que el dinero ya no era lo importante en este punto. Estaba buscando una buena atmósfera de baloncesto donde pudiera aprender y competir definitivamente en lo más alto”

David West sería una herramienta importante en cualquier equipo que se precie. Ya lo está demostrando este año, una vez más, como ya analizamos aquí. Pero es más que un jugador de baloncesto, por lo menos de los que estamos acostumbrados a ver.

Supervisor

Un ente fuera de lo establecido. Así es. De las bondades como jugador, de lo que ayuda en ambos lados de la cancha, ya se ha hablado muchas veces. Pero no de que está graduado en Comunicación o de sus conocimientos sobre la historia afroamericana de Estados Unidos. Es uno de esos casos de erudición entre tanta ropa ancha, música a todo volumen y zapatillas molonas.

El libro que está leyendo ahora mismo, según han publicado algunos periodistas que siguen la información de los Warriors, se llama “Ego is the enemy”. Toda una declaración de intenciones, que en su caso ya son hechos probados.

Es, como decimos, un profesional respetado. Algunos de sus compañeros, como también se ha filtrado, le apodan ‘Supervisor’ por lo pendiente que está de todos los detalles, esperando a que todo esté en orden para dar su beneplácito.

El próximo año cumplirá quince temporadas como profesional. Y es que a eso podemos reducir lo que West representa para la NBA, un verdadero profesional. No todos pueden decir tal cosa de sí mismos. No es que la reputación siga intacta, es que va al alza.

Warriors-Spurs

En la eliminatoria que está disputando en estos momentos se enfrenta a su ex-equipo. Pese al esfuerzo económico no pudo conseguir el campeonato con los Spurs, pero ahora aquella experiencia se ha vuelto crucial para que lo logre con los Warriors.

Mike Brown, que está supliendo al lesionado Steve Kerr en las funciones de entrenador principal, confesó que West ha sido de mucha ayuda a los técnicos a la hora de preparar la eliminatoria. Se sabe los trucos. Y, a colación, en pretemporada se le preguntó por ser entrenador por Popovich o por Kerr, a lo que respondió en tono jocoso que la diferencia son “los gritos”.

En la polémica con Pachulia también ha querido mediar. Es otra de las tareas de un jugador con la buena fama que él atesora. No olvidemos que el año pasado abroncó a Zaza cuando estuvo a punto de lesionar a Kawhi Leonard y este año le ha tocado la otra cara de la moneda. Saber lidiar con estas peculiaridades tampoco es fácil.

Ha sido un camino -que aún continúa- lleno de cosas buenas. Pero está llegando la hora de que se le abran las puertas del cielo. También al padre de familia, al supervisor, al trabajador, al loco de los libros, pero sobre todo al jugador de baloncesto.