Por qué Jimmy Butler hace historia en las Finales 2020


Se nos ha repetido por activa y por pasiva: lo hecho por Jimmy Butler el pasado domingo —Game 3 de las Finales 2020— era un auténtico Rembrandt. La obra culmen, por el momento, de una estrella atípica a la que no hace falta anotar en grandes cantidades para constatar el calibre de su armamento. Esa vez sí lo hizo y hay que ser muy conscientes de que el tercer partido de Butler ante los Lakers resultó algo que jamás habíamos visto en la NBA.

Como todavía existen incrédulos —o descreídos, que es peor—, a continuación recordamos parte del contenido para adultos que Jimmy Butler exhibió sin pudor durante el tercer choque de las Finales.

Para empezar, solo LeBron James y Jerry West habían conseguido un triple-doble de 40 puntos o más en unas Finales —Butler hizo 40-11-13—, según el portal StatMuse. Pero ninguno de sus predecesores lo consiguió con un 70 por ciento de acierto en tiros de campo, como sí hizo el enviado de Pat Riley.

Nadie había dejado esas estadísticas con semejante porcentaje de tiro en unas Finales. Never, ever. Y solo un puñado de elegidos —Chris Webber, Charles Barkley, Magic Johnson y Wilt Chamberlain— lo hicieron en algún momento de temporada regular o noche de playoffs que no fuera Finales.

Lo de Butler es histórico no, lo siguiente, amigos/as.

Tal tino valió a Jimmy Buckets para registrar el tercer mejor porcentaje de lanzamiento en unas Finales habiendo cosechado la cuarentena o más. Solo Wilt Chamberlain (74,1 en 1970) y Kyrie Irving (70,8, en 2016, hace cuatro días) estuvieron por encima. Eso sí, ellos sin triple-doble.

Luego está la cuestión de que a Butler le importen un pimiento los cánones. Como decía Elio Martínez el lunes en la resaca del partido, “a él le da igual lo que tú pienses, por eso lleva progresando toda la vida ignorando a los que perciben la realidad de forma diferente a la suya”. Solo así se explica que el escolta de los Miami Heat se convirtiera en el primer jugador con 40 tantos en unas Finales que no intenta ni un solo triple. Solo habían hecho eso antes dos pívots: Shaquille O’Neal (cinco veces) y Kareem Abdul-Jabbar.

Sí, nadie levantaba tal carnicería interior desde Shaq en el año 2002. Penetraciones, bandejas, absorber contacto para guiñar un ojo al tablero, mates, doblar pases para triples de compañeros… El repertorio de Butler debería formar parte de una muestra internacional a partir de ahora.

Léase entre líneas que ningún jugador con estatura menor de siete pies había conseguido lo que Butler el otro día. Ni LeBrones, ni Emejotas, ni nadie. Con eso, por favor, no se interprete que considero a Butler superior a las dos deidades. No se me ocurriría. Pero sí que su actuación no tiene parangón en muchos aspectos.

Por encima de LeBron

Para seguir elevando la etiqueta de lo que vimos el domingo, Jimmy Butler anotó o asistió en 73 de los puntos (total de 115) de los Heat. Empató con tal dato el segundo mejor registro de monopolio en la historia; solo por detrás de los 74 de Walt Frazier para los Knicks en la clausura de las Finales de 1970, según Elias Sports Bureau.

En combate singular de las Finales, nadie (NUNCA, ni un compañero) había superado la cosecha de LeBron James en puntos, rebotes y asistencias. Lo consiguió por primera vez Jimmy Butler.

  • PUNTOS: 40-25
  • REBOTES: 11-10
  • ASISTENCIAS: 13-8

El monstruo vino a vernos pero esta vez había cambiado su partida de nacimiento. También apareció cuando más se le necesitaba: participó en 24 de los 30 puntos de su equipo durante el último cuarto. Pocas veces desoye su cita con los finales apretados.

Para entendernos, hablamos de una noche loca en el sentido más olímpico del término —no de los Juegos—. Algo absolutamente monumental, histórico y que, de acuerdo a los datos, es posible que no hubiéramos visto antes en un escolta que disputa las Finales. Vale, en uno no llamado Michael Jordan.

Butler desplegó su mayor exhibición en el momento de mayor necesidad para su equipo. CC: a quienes todavía no ven una superestrella entre la palmera californiana que Jimmy gasta por cabello.

Butler es ganar

“No me podría importar menos el triple-doble. Jugamos a esto para ganar. Estoy feliz de que mis compañeros tuvieran tanta confianza y fe en mí para salir ahí y jugar así; pero como siempre digo, si tengo garantizada la victoria, esto [el triple-doble] no podría importarme menos”, podía declarar el propio Butler en palabras recogidas por USA Today.

Ni estadísticas, ni gaitas. Él está ahí para ganar. Aunque eso significara quedarse en 12 puntos (no 40) cada noche. “Todo el mundo recuerda a quien gana. Es así. No les importan los puntos que metas. Solo recuerdan si ganaste o perdiste. Nosotros estamos aquí para ganar. Lo digo todo el tiempo, y lo pienso, los chicos que tenemos siempre están para ganar; para nada más”, añadía.

Ahora, si fueras compañero de vestuario de Jimmy, atrévete a decirle que no crees en la victoria final. Te arranca las orejas y se las echa al siguiente café que vaya a encasquetar dentro del gremio.

Ni LeBron James, algo juguetón al término del Game 1, amilana el indómito carácter de Jimmy Butler. Prueba de ello es el pique que la estrella de los Heat devolvió al ’23’.

Seguro que Jimmy tenía guardado alguna clase de conjuro anti-James. El Rey cerró su camino al anillo hasta en tres ocasiones cuando él actuaba en Chicago. Aunque, como gran estrella que es, a Butler le pone actuar con LeBron delante.

“Es la competición en su máxima expresión. Creo que LeBron ha sacado lo mejor de mí muchas veces. Le respeto por eso, pero esto es diferente ahora, diferente grupo de tipos que tengo alrededor y que estamos aquí para ganar. No nos vamos a agachar”.

En las Finales

En sus tres primeros encuentros en unas Finales, Butler promedia 29,3 puntos, 7,0 rebotes, 10,3 asistencias, 1,7 robos y 58/40/90 en tiros. Que se dice pronto. Solo Michael Jordan llegó a un mínimo de 29 tantos y 10 asistencias en sus tres primeros partidos en las Finales —1991—.

Y más importante aún, Butler pudo rescatar de las cloacas a su equipo para rascar una victoria sin dos de los tres jugadores más importantes de Miami. Para hacernos una idea de lo mermados que están los Heat, sobre todo por dentro: en tres partidos de Finales han recogido solo 14 rebotes ofensivos: es el valor más bajo desde que se tienen registros (1973-74).

Hablamos de un jugador cuya mentalidad competitiva sufre hasta tal punto en la derrota que desarrolla jornadas de entrenamiento enfermizas. Butler acostumbra a levantarse a las cuatro de la mañana para entrenarse en diferentes aspectos que desea mejorar. Todo muy estilo Kobe Bryant. Cuando tiene que ir al entrenamiento colectivo de su equipo, Butler está ya literalmente empapado. Casi agotado. Y he ahí una buena razón por la que la estrella de los Heat luce tal desparpajo en los finales de partido.

“Eso es lo que hacemos en los Heat. Nos enorgullecemos de ello y lo amamos. Adoro el trabajo y le digo al entrenador todo el tiempo que estoy listo para todo. Todo lo que sea que me pida, podré hacerlo”, decía Butler y recogía el diario USA Today. No existe nada que crea no poder hacer.

Un competidor entre un millón. Y eso que no hemos ahondado en su desapacible infancia, cosa que explica su actitud en una cancha de baloncesto —y fuera—. Eso para otro día…

Los triples de los Lakers

A modo de asidero para estudiar opciones de cara al inminente Game 4 de este martes, un breve recordatorio: se volvió a cumplir la regla de que los Lakers solo pierden partidos de playoffs este año (14-4 hasta ahora) cuando yerran desde la línea de tres puntos.

El domingo se convirtieron en el primer equipo que falla al menos 25 triples (28 y 31) en dos noches de Finales seguidas. Su porcentaje (33,3%, 14 de 42) les arrastró a la derrota de la serie. Como ya es sabido, solo habían caído en esta postemporada cuando los tiros de tres habían hecho la cobra: 15,6% (Game 1, Portland), 28,9 (Game 1, Houston) y 23,1 (Game 3, Denver).

Ya lo saben, ellos y sus rivales: sin acierto de tres, no hay tu tía para los Lakers. Menos aún con un Anthony Davis amansado por la melodía flautística de Jimmy Butler.

Por cierto, resultó emocionante el andamio anti-Davis que Erik Spoelstra y los Heat dejaron en el Game 3. Una estructura con ayudas casi permanentes y situaciones de hasta tres jugadores pendientes del ala-pívot, que se vio obligado a lanzar (fallar) desde fuera.

Podemos observar este fenómeno en la imagen colgada por Gonzalo Vázquez.

Esta noche, cuarto asalto. Y que nadie dude que el último capítulo pertenece a la historia de la televisión, por mucho que las audiencias estén pinchando más de la cuenta.

(Fotografía de portada: Douglas P. DeFelice/Getty Images)

Nota: este es un tipo de artículo de los que publicamos en Extra nbamaniacs. Esta vez lo sacamos en abierto. Suscríbete a Extra nbamaniacs si quieres tener acceso a más contenidos especiales.


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