Warriors – Thunder: tie-break y punto de partido


Por favor, apaguen sus teléfonos móviles (no se admite ponerlo en silencio ni en modo avión), preparen las palomitas, descongelen sus refrescos (o calienten café, según su franja horaria) y olviden por unas horas que mañana es martes. Está a punto de empezar el último acto de la función. Y promete no decepcionar a nadie.

En apenas dos semanas hemos envidado sin riesgo y hemos visto nuestra apuesta truncada por dos veces consecutivas. El pase a las Finales era cosa hecha para Golden State Warriors al principio de la serie. Hace cinco días, sin embargo, pocos eran los que apostaban a favor de una remontada tras la asombrosa eliminatoria que estaba cuajando Oklahoma City Thunder.

Hoy, visto lo visto, nuestros presentimientos no valen nada. Afirmar la victoria de un equipo u otro conlleva un 50 por ciento de riesgo de errar. Estamos ante el Game 7 de la Conferencia Oeste más colosal de los últimos tiempos; paridad total, emoción absoluta.

Como llegan

Agotados seguro. Ambos equipos. Pero ultra-motivados también; y esto último hará que lo primero quede en un segundo plano esta noche. Los quejidos de las piernas permanecerán tres horas bajo el efecto de la morfina. Morfina en altas dosis que vendrá inyectada por varios frentes. El griterío de la grada hará su función en ambas direcciones; como 6º hombre y apoyo de unos, como provocación y ansias de silenciarla de otros. La imagen ondeando en el pensamiento de LeBron James y el resto de los Cavaliers esperando rival por el anillo, hará el resto.

Los Warriors han disputado 16 partidos desde que dieron comienzo los Playoffs por los 17 que han debido sudar los Thunder. Escasa diferencia en este aspecto. Además, en un partido de las características del de esta madrugada todo se anula y se iguala. La motivación por clasificarse es similar aunque conducida por distintos motivos.

Unos tienen que dar sentido al mejor registro en regular season de todos los tiempos. Criticados por multitud de costados como resultado de la impotencia ante un equipo casi invencible, Golden State quiere callar bocas por enésima vez y encadenar un segundo anillo que no amarga absolutamente a nadie.

Por su parte, los Thunder no pisan unas Finales desde 2012; demasiado tiempo para un equipo que cuenta en su nómina con Westbrook y Durant. Además, de perder hoy, podríamos estar ante el último partido en Oklahoma de su gran estrella. El futuro de KD35 en la franquicia puede depender de lo que ocurra esta noche.

Steve Kerr y Billy Donovan han mantenido una rotación relativamente corta durante toda la semifinal. Sorpresas tácticas a estas alturas se esperan pocas. Ambos conjuntos son ya sendos libros abiertos para su rival, y el ventanuco a la improvisación o a la innovación está prácticamente sellado.

Golden State

Dos victorias seguidas. Quebrando estadísticas y rompiendo vaticinios. El conjunto del Área de la Bahía lleva dos partidos demostrando —si es que aún quedaban escépticos— por qué son el elenco del 73-9. La presente eliminatoria ha sido una remontada constante. Porque no sólo han igualado un 3-1 y pueden convertirse en el décimo equipo de la historia que logra darle la vuelta a una serie de esta dimensión, sino que además han vivido esta situación de manera concentrada en los 96 últimos minutos. El Chesapeake Energy Arena ha visto vencedores a los suyos en dos ocasiones para tener que padecer a continuación el resurgir de los campeones y resignarse a que la eliminatoria se dirima en la ciudad de Oakland.

La regularidad de los chicos de Kerr exhibida durante toda la temporada se ha esfumado. Sus últimas victorias se han logrado a base de rachas certeras y fogonazos. Sin la lucidez física de Stephen Curry ni la mental de Draymond Green, ha sido un puñado de momentos microondas de los hermanos Splash lo que ha obrado el milagro del séptimo partido. Y los Warriors no pueden volver a jugársela hoy a esa única carta.

El MVP de la liga progresa en su estado físico. No estará al 100% todavía, pero en el Game 6 se le vio más fino, más ágil y más confiado.

Pero para confianza la de Klay Thompson ¡Qué vendaval! Me atrevería a decir que en estado de gracia es casi más mortal que su compañero de backcourt. Lo de la otra noche no tuvo nombre. Los punteos eran como empalizadas de medio metro para él: inútiles. Da igual cuan cerca de sus dedos se elevaran los brazos de Dion Waiters, Steven Adams o Serge Ibaka. La red fue casi siempre el único destino (11/18); 19 puntos para dinamitar todo lo conseguido por los locales en los tres cuartos anteriores.

Los Thunder les han cogido la medida, han de aceptarlo. Pero también es cierto que los Warriors han cedido demasiado tablero. No practican su juego, no implementan su estilo. Han caído en las redes de su adversario y han renunciado a una de sus mejores armas: la circulación de balón. La principal virtud de este equipo era que a dos estrellas se les sumaba un escuadrón. No obstante, ante los Thunder, la dependencia en el acierto de Klay y Steph se ha disparado.

Cierto es que ha sido suficiente para llegar hasta aquí. El dato que registra el diferencial de puntos desde más allá de 7,25 es demoledor: +54 a favor de GSW. Pero de los 108 tantos que encestaron en el 6º partido, 72 vinieron de la mano de su sideral pareja ( 77% de los puntos totales). Insisto. Arriesgar esta última mano a una noche —por muy habituales que sean— mágica de los Splash, sería algo más que reprochable sobre todo a su entrenador.

Por lo tanto sería sabio tratar de hacer lo que tan bien han hecho durante más de 90 encuentros esta temporada; ampliar el circulo de impacto. Dar relevancia a Harrison Barnes y Shaun Livingston, rescatar la aportación de Leandro Barbosa y Festus Ezeli en la segunda unidad, involucrar con mayor eficacia el poder de Green en ataque y no olvidarse que cuentan todavía en su haber con el MVP de las pasadas Finales: Andre Iguodala.

De hecho, esa es el único interrogante táctico todavía por descubrir. Kerr no ha querido revelar si hará esa variación en su cinco titular, e introducirá a Iguodala de partida confiando desde el pistoletazo en el small ball (+12 a favor de los Warriors en el Game 6 en los 11 minutos que ambos quintetos pequeños coincidieron en cancha).

Oklahoma City

La película se proyecta en el Oracle Arena… ¿y qué?

Los chicos de Oklahoma han demostrado que la palabra “inexpugnable” no tiene ningún significado para ellos en estos Playoffs. Asaltaron sin miramientos el inconquistable AT&T Center de San Antonio, y no se encogieron en cancha hostil al principio de la actual eliminatoria. Sin duda esta noche el pabellón se teñirá como nunca de amarillo y el sonómetro verá como se sobrepasa su límite de decibelios calculables. 48 minutos (o más) de rugido incontenible a favor de los suyos. Pero eso no deberá afectar en modo alguno a sus invitados venidos del interior del país.

Los cracks en su línea. Kevin Durant promedia 30,5 puntos en la serie. Russell Westbrook 28 tantos, 10,8 asistencias… y 5 pérdidas de balón.

Andre Roberson ha sido mediocre de cara al aro toda la temporada con un promedio de 4,8 puntos. Ante los Warriors, por el contrario, es el auténtico ‘Factor X’ con 9,8 (y 7 rebotes y 1,8 robos). Su acierto superior al 50% desde el triple en lo que llevamos de serie puede ser un arma de doble filo esta madrugada. Lanzar deberá hacerlo sin duda cuando vuelva a tener espacio debido a las defensas dobles que reciban Westbrook y Durant, pero no debería empecinarse si esta noche los tiros no están por la labor de entrar. Que el balón siga buscando al tirador inspirado.

Su diferencial, además, está en otro sitio. Si los Warriors no tienen rival desde el triple, es la pintura donde OKC encuentra su comodidad. En terreno pintado el conjunto de Donovan ha hecho estragos durante gran parte de la serie, sumando actualmente una ventaja de +24.

Decíamos al principio que la rotación ha sido corta, y es que Donovan no está disimulando. Contra los Warriors confía sólo en los mejores. Minutos de la morralla para todos los demás: Anthony Morrow (5,4), Kyle Singler (6,3 en tres partidos) Cameron Payne (5 en tres partidos) Nick Collison (6 minutos en un único partido).

Las claves

Resulta difícil predecir lo que ocurrirá esta noche. La veleta ha demostrado que puede cambiar en menos de cinco minutos, respondiendo a instantes transitorios de acierto puntual de cada conjunto. Pero sí hemos distinguido una serie de fallos que se han reproducido en los seis choques anteriores y que no estaría de más que los cuerpos técnicos hicieran hincapié en recordar, vigilar y apuntalar.

Los Warriors, con un estilo consagrado y ganador, tienen un roster lo bastante apto y capaz en la larga distancia como para delegar durante mayores fases del encuentro en dorsales que no sean los de los Splash. Un mejor movimiento de balón podrá, a la larga, crear espacios incluso para su propio backcourt titular, lo que implicaría más tiros despejados que, en tales muñecas, prometen un porcentaje de acierto muy superior.

La otra clave será por supuesto la defensa. El emparejamiento con Durant ha de corresponder a Iguodala, no hay otro. Asimismo las ayudas en las estampidas hacia canasta de Westbrook también pueden marcar diferencias. La zona de los Warriors deberá esforzarse en no regalarle la autopista a un galgo que pondrá la directa a la mínima ocasión.

Además, si es necesario correr un riesgo, mejor cederlo a la suerte, una vez más, del tino de jugadores exteriores como Roberson y Waiters, y concentrarse en la defensa interior y protección del aro. Ibaka, Kanter y Adams son un filón de puntos y una bocanada de aire para toda la atención que acaparan Russ y KD. Ahí, Green, Bogut y Ezeli deberán dar lo mejor de sí.

OKC por su parte tendrá que poner todo su empeño en otro apartado: la concentración. La fiabilidad ofensiva de sus dos estrellas es algo que tampoco tiene demasiada historia, y ya tuvieron al principio de la serie su noche nefasta conjunta, por lo que no conviene obcecarse en esa sección. Su defecto aparece cuando el tren está a gusto en la vía, y ellos se empeñan en hacerlo descarrilar. Mejor digamos: “él”.

Russell Westbrook ha demostrado ser una máquina de hacer absolutamente todo esta temporada. Y ante Golden State ha querido ampliar aún más su abanico, disparando sus cifras en lo que a perder balones importantes se refiere.

Si el marcador vuelve a sonreír con cierta holgura, como lo ha hecho durante esta serie en varias ocasiones, toca pausar y confiar. Pausar el juego, para evitar tiros precipitados y posesiones desperdiciadas. Y confiar en el concepto más estricto de pasar el balón. El point guard de OKC tiene una opinión tan buena de sí mismo que se empeña en resistir todo lo posible ante los double team. Resultado: robo o corte de balón tras pase en última instancia a la desesperada.

Los Thunder se convierten en los finales de partido en algo más predecible que una gala de los Goya. Necesitan huir de tanto aclarado consecutivo a los dos de siempre y seguir por la misma línea inteligentemente pisada todo el rato anterior.

Por lo demás han estado fenomenal. Adams ha hallado incluso la pócima para no caer ante las locas fintas de Curry y taponarle más de un tiro en suspensión. El peso de la anotación lo seguirá llevando el dúo habitual, apoyándose a ratos en toda la calidad que acumula su frontcourt. Tienen la tarea, eso sí, de recuperar una preciada joya que han perdido en los tres últimos encuentros: el rebote defensivo —dos intentos de triple concedidos de forma consecutiva a los Warriors son tres puntos seguros—.

Como no puede ser de otro modo, el partido se resolverá por detalles, inspiración, acierto y una dosis de fortuna.

Lo demás lo damos plenamente por hecho. Cada balón será una escaramuza, cada marcaje una sanguijuela y cada gota de sudor no derramada un pecado imperdonable.

Según Draymond Green, el Game 5 fue una batalla y el Game 6 una guerra. No sé qué calificativo deberíamos ponerle al de hoy. Por si acaso pertrecharos bien, y a los de la Península (03:00 en España; cinco horas menos en América Latina y seis en la Costa Este de los EE.UU) os lo repito; no escatiméis en café. Espectáculos como los de hoy, son imperdibles.


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