Serie ‘Despachos NBA’: en un lugar llamado Auerbach

Seguimos estudiando la NBA desde una perspectiva histórica. Porque la liga que todos conocemos hoy en día ha sido construida en miles de episodios, de historias, de personajes y de pequeños detalles que han aportado su granito de arena en la confección de una narrativa global que se ha ido reproduciendo hasta la actualidad. En esta recopilación de artículos en concreto trataremos aquellas figuras que han sido clave en la evolución de la liga desde los despachos. Sí, en efecto, hablamos de los general managers. En este sexto artículo hablaremos sobre la figura de , el arquitecto de una de las franquicias más laureadas de la historia del deporte profesional.

Primera entrega: Wayne R. Embry, el primer ejecutivo afroamericano de la historia de la NBA

Segunda entrega: La obra maestra de Jack McCloskey, los ‘Bad Boys’

Tercera entrega: el gen Colangelo

Cuarta entrega: Jerry West, el logo de las oficinas

Quinta entrega: la sonrisa de Salt Lake City


Miles de relatos, historias, artículos y libros se adentran en la vida de una de las figuras más carismáticas y reconocidas en la historia de la NBA. No es fácil escribir una pieza cuando hay tanta información disponible en las hemerotecas sobre el arquitecto de una de las dinastías más grandes y fructíferas en la historia del deporte profesional norteamericano.

Bill Russell, Larry Bird, John Havlicek, Bob Cousy o Paul Pierce fueron alguno de los principales nombres que labraron su exitosa trayectoria, pero no podemos entender la historia de los sin hacer especial mención a Red Auerbach. Durante casi 57 años, la NBA se tiñó de su ingenio, su perspicacia, su explosivo carácter y su visión vanguardista. Odiado por sus rivales, en Boston se convirtió en una auténtica celebridad. Con Auerbach al timón, los conquistaron un total de 16 campeonatos, nueve de ellos como entrenador y otros siete desde las oficinas de la franquicia, las cuales no abandonó hasta su fallecimiento en 2006.

La filosofía como entrenador de Red Auerbach era muy simple: tan solo una estadística era importante. Al final del partido, quería que la cifra del contador de puntos de su equipo fuera mayor que el de su oponente. Y para ello, el logro individual era sustituido por el éxito colectivo, una de sus mayores premisas como líder.

Como hilo conductor utilizaremos su libro ‘Basketball for the Player, the Coach and the Fan’, escrito hace casi siete décadas. En él, Auerbach enuncia un dodecálogo de principios  básicos y fundamentales que debe tener en cuenta todo jugador dentro del marco de las relaciones con sus compañeros, tanto dentro como fuera de la cancha. Una lista que, pese a la lejanía temporal, puede ser fácilmente aplicable en la actualidad.

1. Tienes que llevarte bien con tus compañeros, en caso contrario resultará bastante sencillo para ellos no involucrarte y dejarte al margen del juego.

El viejo refrán que recorría la liga afirmaba que Red jugaba al ajedrez mientras que el resto de entrenadores y directivos lo hacía a las damas. El icono Celtic se hallaba varias décadas adelantado a su tiempo. Y en su equipo no había distinciones de ningún tipo en una época en la que Estados Unidos estaba fuertemente azotada por la segregación racial.

Auerbach fue el primer ejecutivo de la NBA en seleccionar en el draft a un jugador afroamericano. Fue Chuck Cooper, en 1950. También fue el primer entrenador en presentar un quinteto inicial íntegramente compuesto por jugadores afroamericanos y el general manager en contratar al primer entrenador negro (Bill Russell) en la historia del deporte profesional estadounidense.

El compañerismo que quería en su equipo era predicado con su propio ejemplo. Siempre defendió a sus jugadores ante cualquier tipo de amenaza externa, ya fuera deportiva, económica e, incluso, física. Un partido de pretemporada en 1983 que enfrentó a Celtics y 76ers fue interrumpido por una tangana a pie de pista en la que estuvieron involucrados jugadores como Larry Bird, Cedric Maxwell, Gerald Henderson, Marc Iavaorni y Moses Malone. Los casi 210 centímetros de altura de este último no amilanaron a un Auerbach que se postró delante de él para espetarle un “Golpéame a mí. Adelante.” Esto fue visto como una provocación y Auerbach recibió una multa de 2500 dólares, la más elevada entre todos los implicados.

2. Mostrar una predisposición natural a poner bloqueos a tus compañeros. De esa manera, ellos lo harán lo mismo por ti.

Los Celtics presentaron uno de los juegos más corales durante las primeras décadas de vida de la NBA. Un baile de cuerpos, bloqueos y movimientos que facilitaban la capacidad productiva del equipo y permitía, en todo momento, el disponer de un jugador en buena posición para lanzar a canasta.

Sus enseñanzas funcionaban sobre la pista y fuera de ella él era el encargado de cubrir a sus jugadores. En 1965, Wilt Chamberlain se convirtió en el primer jugador de la liga en firmar un contrato por 100.000 dólares. El pívot fue el gran rival individual de Bill Russell a lo largo de su carrera y Auerbach no tardó ni un segundo en decantar la balanza hacia su pupilo. En respuesta a ese acuerdo, el magnate de Boston cerró un acuerdo de 100.001 dólares con Russell.

3. Demostrar a tus compañeros que solo realizarás buenos lanzamientos y en posición idónea para ello. Evita parecer demasiado hambriento de protagonismo y gloria.

Pese a estar en numerosas ocasiones en medio de los focos y protagonizar diversos episodios que despertaban la ira de rivales y el desagrado de la cúpula de la NBA, Auerbach era un hombre relativamente discreto, de costumbres definidas y rutinas muy particulares.

Su ‘folclore’ personal se reducía a siete obras básicas: el puro de la victoria, la comida china, una conducción temeraria, el amor por el arte, la pasión por los muebles asiáticos, su colección de abrecartas y su afición desmedida por la serie Hawai 5.0. Y esta última iba completamente en serio: que nadie, bajo ninguna circunstancia, lo molestara durante el tiempo que duraba cada capítulo o toda su furia recaería sobre quien se atreviera a hacerlo.

También demostró una conmovedora devoción por la Universidad George Washington, su alma máter, donde completó sus estudios en Ciencia de la Educación. A su vez organizó el Red Auerbach Basketball Camp, cuya segunda semana terminaría convirtiéndose oficialmente en el training camp para los novatos de los Celtics.

4. No ‘amasar’ en exceso la posesión de la bola. Atención a los jugadores que se mueven y cortan a canasta.

Auerbach evitó a toda costa centrarse en las individualidades. Siempre miró el ‘paquete completo’. Si bien muchos de sus jugadores fueron estrellas consagradas de la NBA, los Celtics se convirtieron en la primera franquicia que popularizó el concepto del jugador de rol. Mientras la energía de los rivales iba menguando, Auerbach incorporó el uso del ‘sexto hombre’ y las rotaciones establecidas supusieron una revolución en la liga en aquellos antediluvianos años 50. El sexto hombre sería una de las señas de identidad de aquel equipo, con Ramsey como su primer protagonista.

El técnico se enorgulleció en definir a su equipo como la representación de una filosofía basada en el trabajo colectivo, el reparto de las responsabilidades y la victoria grupal. “Los honores individuales están bien, pero ningún Celtic ha hecho todo lo posible para lograrlos”, declaró en una entrevista recogida por ESPN. “Nunca hemos tenido al máximo anotador de la liga. De hecho, ganamos siete campeonatos sin colocar a ninguno de nuestros jugadores entre los diez máximos anotadores. Nuestro éxito nunca se basó en las estadísticas.”

5. Dribla con cabeza y un fin lógico. No permanezcas continuamente aglomerando la posesión de la pelota y driblando sin sentido mientras tus compañeros se mueven.

Dinamismo. Inteligencia. Movimiento. Picardía. Auerbach instruyó a sus jugadores la capacidad de meterse en la cabeza de los demás con el fin de jugar a su favor. Para ello utilizó pequeñas técnicas psicológicas y ‘oscuras’ que han dado pie al ‘trash-talking’ actual y a esas pequeñas triquiñuelas de pillo.

Entre tantas otras, Red enseñó a sus jugadores que, si detectaban algún indicio de indecisión en el cuerpo arbitral sobre quién recaía la posesión tras un balón dividido, deberían correr rápidamente a coger la pelota, transmitiendo la impresión de que no había ninguna duda de que la posesión era suya. Del mismo modo, si la posesión finalmente era para el otro equipo, devolverían la bola al árbitro de la forma más lenta posible para disponer del tiempo suficiente para completar el balance defensivo.

Y si el otro equipo dispusiera de un gran anotador muy difícil de defender, la propuesta de Auerbach era la de enfatizar a sus compañeros su condición superflua y minimizada para minar su moral. En definitiva, hacer creer que la gran estrella era la que asumía todos los tiros porque ellos eran inútiles y no podían apoyarlo.

6. Ayuda en defensa. Cambiar de hombre cuando sea necesario. Solidaridad y apoyo al compañero.

A Red le gustaba ir al grano. Su tiempo era muy valioso y su ingenio era capaz de resumir grandes discursos en apenas un par de palabras cargadas de significado. Pocas semanas después de dar comienzo la temporada 1974-75, Auerbach se vio obligado a abandonar la calidez de su despacho para cumplir un pequeño trámite como entrenador ante la baja por enfermedad de Tom Heinsohn. John Killilea, entrenador asistente, estaba explicado una serie de conceptos a aplicar en pista pocos minutos antes de un partido ante los Blazers. Cuando Killilea terminó su exposición, Auerbach se dirigió al equipo en términos mucho más concisos. “Todo eso estuvo muy bien. ¿Queréis ganar este partido? ¡Dominad la pintura y sed duros en defensa! ¡Y ahora salid de aquí!”.

7. No castigues verbalmente a un compañero cuando su atacante anote con facilidad. Muy a menudo la culpa de una canasta en contra es de todo el equipo, no de un solo jugador.

Auerbach tenía una habilidad especial para mantener la armonía del equipo. La unidad del mismo era fundamental y el baloncesto representa perfectamente la noción de juego en equipo. Una sola pieza, por muy buena que sea, es incapaz de alcanzar el éxito. Si esta fallaba, la responsabilidad se repartía entre todos. Y no había lugar alguno para el reproche.

En 1984, Rick Carlisle afrontaba su temporada rookie. Durante los últimos minutos de una victoria ya asegurada ante los Mavericks, Derek Harper se libró de la marca de Carlisle con un corte a canasta para finalizar la jugada con una cómoda bandeja tras una puerta atrás. Al acabar el encuentro, Auerbach entró al vestuario y se acercó a Carlisle, quien esperaba en silencio la bronca. “Te superó, ¿no?”, le preguntó el coach. “Si”, respondió el novato, sorprendido por su tono conciliador. “Así es como aprendes. La próxima vez lo harás mejor.” Se dio la vuelta y antes de marcharse, añadió: “Por cierto, buen pase a [Scott] Wedman.”

Tiempo después, el ahora técnico de los Mavericks reconoció que esperaba un lenguaje mucho más duro, pero que aquel cumplido le sirvió para ganar confianza y mantener un buen nivel de juego durante los siguientes meses.

8. No busques en la cancha siempre al mismo compañero. Evita la predisposición a los favoritismos y tensiones.

Siempre buscaba la forma de mejorar el equipo. Adoraba a sus chicos, pero era el general manager de una de las franquicias más emblemáticas de todos los tiempos y tenía que actual como tal. Y, por supuesto, quería ganar. Por ello, estaba constantemente buscando la forma de atraer al mejor talento posible, para el que siempre tenía un consejo, una anécdota graciosa o una advertencia.

“Red siempre estaba hablando. Sabía cómo manipular y dirigir la situación hacía sus intereses. Te hacía dudar y reflexionar”, explicaría Doc Rivers en una entrevista. “Por aquel entonces yo era jugador de los Hawks e iba a ser agente libre. Estaba en plenas negociaciones para renovar. Un día estaba en un restaurante y Red se me acercó. No se dirigió a mí por mi nombre. Solo me dijo ‘creo que sería muy prudente si no firmas esa renovación’. Después se marchó. Supongo que esa era su forma de decirme que tenían interés por mí.”

Aunque Paul Pierce nunca jugó para Auerbach ni le conoció en el apogeo de sus poderes como presidente de los Celtics, el alero quedó cautivado por su energía y cercanía nada más aterriza en la NBA. “Recuerdo la primera vez que vine aquí. Él estaba en un torneo de golf. Me senté y hablé con él durante una hora. Solo estaba pensando ‘Red Auerbach está usando su tiempo para hablar conmigo, un rookie que todavía no ha hecho nada en la NBA’. Fue algo especial que recordaré el resto de mi vida.”

Más divertida fue la pregunta que le hizo a Danny Ainge en una de las primeras conversaciones que tuvieron tras su reclutamiento desde la Brigham Young University de Utah. “¿Cuántas mujeres tenéis los mormones?”

9. No discutas con tus compañeros de equipo los defectos de un miembro de la plantilla.

¿Para qué discutir con tus compañeros si puedes hacerlo con el resto de componentes de la competición? Red era un mal perdedor y en la victoria se regodeaba hasta la saciedad. Los árbitros no lo soportaban y la cúpula de la organización estaba cansada de sus constantes desaires. Pero también les interesaba una figura como él.

“Hace años, cuando la cúpula de la NBA me criticaba por cien cosas distintas, pensé en hacer algo para agravar todavía más la situación. Era un abuso. Así que decidí encender un puro en pleno partido. Recibí una notificación por parte de la liga. ‘No nos parece bien que fumes en el banquillo’. Les dije que pararía cuando otros entrenadores dejaran de fumar cigarrillos. Para entonces, me gustó la idea y la gente de Blackstone quería que promocionara sus puros. A algunos de los entrenadores no les sentó bien. Pensaron que era a una referencia a ellos. Les expliqué que era un acuerdo con la empresa, que ganaba dinero. Eso los tranquilizó. ¿Por qué evitar que un tipo haga dinero? Sin embargo, los aficionados no lo interpretaron así.”

Por si fuera poco, las condiciones adversas a las que se enfrentaban los equipos que visitaban el Garden fueron atribuidas a Auerbach, pese a que tanto los Celtics como él no tenían el control de las instalaciones. Entre otras cosas, se les acusaba del insoportable clima de los vestuarios, la variación de un extremo al otro de la temperatura del agua de las duchas, de la condición resbaladiza del piso o la falta de toallas.

10. Evita dar la impresión de demasiado apego al entrenador a menos que seas el capitán del equipo.

En 1956, Auerbach protagonizó la que posiblemente haya sido la operación más determinante de su carrera y una de las que mayor impacto ha causado en la historia de la NBA. Los Celtics habían caído eliminados ante los Royals en las últimas tres temporadas, siendo incapaces de alcanzar las Finales. En consecuencia, buscaban añadir esa pieza definitiva para optar a todo.

Así, Auerbach puso sus ojos en el draft, en una camada en la que destacaba, por encima de todos, un chaval que había guiado a la Universidad de San Francisco a dos torneos consecutivos de la NCAA. El entrenador sabía que aquel chico, Bill Russell, era la respuesta a sus oraciones. Fue difícil, pero finalmente se hizo con el gran objeto de su deseo después de enviar a Ed Macauley, seis veces All-Star, y a un rookie Cliff Hagan a St. Louis, quien había seleccionado a Russell en la segunda posición. El pick que disponían los Celtics, el 13º, fue utilizado para reclutar a K.C. Jones, otro pilar fundamental de aquellos imbatibles Celtics.

Otra de las grandes virtudes de Red fue su capacidad de comprender, diferenciar y acoplar las distintas personalidades individuales de cada plantilla. No trató nunca a Bob Cousy como lo hizo con Tom Heinsohn. Al igual que su relación con Heinsohn no fue igual que con Sam Jones, ni la de este con Frank Ramsey, K.C. Jones o Satch Sanders. Y, mucho menos, la relación de ninguno de ellos alcanzó el grado de complejidad y simbiosis que la que estrechó con Bill.

Russell declaró en muchas ocasiones que nunca habría sido el jugador que fue si hubiera jugado para cualquier otro entrenador. Y, a su vez, el pívot fue la respuesta a los deseos de Red y se convirtió en su general y voz dentro de la cancha. Auerbach conocía a Russell mejor que nadie y sabía cómo era, tanto profesional como, más importante, personalmente. Sabía cómo apelar a su orgullo cuando necesitaba una respuesta suya y cuando retroceder. Y los anillos llegaron, once en total, por lo que los reproches, celos o envidias nunca tuvieron cabida.

11. Nunca te relajes en los calentamientos previos al partido. Da siempre el 100%. Eso hará que todos te respeten.

Si bien su plantilla era como una gran familia, eso no significaba, ni mucho menos, que no exigiera lo máximo de ella. En 1980, Auerbach protagonizó otro gran acierto tras seleccionar a Kevin McHale en la tercera posición del draft. Tenía mucha fe en él y quería resultados desde el primer momento.

“Tan pronto como llegué a Boston, Red me dijo: ‘el entrenamiento empieza en 20 minutos. Tenemos que irnos. Firma el contrato’. Creo que ni siquiera lo leí. Red condujo hasta donde estaba programado el entrenamiento, en el Hellenic College en Brookline. Estaba feliz de salir vivo de aquel coche [nunca se le dio bien el conducir bien]. Al entrar al lugar me dijo: ‘Te elegí porque pensé que eras bueno. Ahora sal y demuéstramelo.”

12. Recuerda que no existen amigos en el equipo contrario.

No era ningún secreto para nadie el hambre competitiva que irradiaba la figura de Auerbach. Durante un traning camp a inicios de los 80, la plantilla de los Celtics dedicaba parte del tiempo a disputar pequeñas competiciones de raquetbol (muy similar al squash). Larry Bird y Kevin McHale sabían cómo se las gastaba su jefe, así que decidieron no poner demasiada resistencia para caer derrotados ante Red. Menos condescendiente con él fue Danny Ainge, quien venció tras partidas consecutivas. Los Celtics tenían un entrenamiento en pista inmediatamente después, pero Auerbach no dejó marchar a Ainge hasta que le logró vencer para, posteriormente, jactarse de ello durante todo el training camp.

Si así de competitivo era con sus pupilos, con sus rivales era incluso peor. La década de los años 80 estuvo marcada por la grandísima rivalidad y enemistad existente en Celtics y Lakers. Pat Riley, entrenador de la franquicia oro y púrpura entre 1982 y 1990, fue testigo directo de ello.

“Recuerdo una vez en el All-Star Game. Me subí a un ascensor y él estaba dentro, solo. Coincidió justo en mitad de nuestra feroz lucha por campeonatos en los años 80. Y ni siquiera me miró. No dijo nada. Me enseñó que de eso se trataba. Mostrar respeto sin mostrar absolutamente nada.”


Red Auerbach fallecería el 28 de octubre de 2006, apenas cuatro días antes de que los Celtics comenzaran oficialmente la temporada. Antes de partir, el gran representante del Celtic Pride tuvo tiempo de retar a la mismísima muerte. “Decidiré cuando irme.”


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Todo este plan editorial lo llevaremos a cabo para entretenernos y pasar mejor estas semanas de encierro que nos quedan a casi todos. ¡Salud!

(Fotografía de portada de Elsa / Getty Images)


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