Argentina le disputará a España el oro en la final del Mundial

Ha vuelto a suceder. Ejercer de matagigantes y hacer un favor enorme al resto de selecciones eliminando a los Estados Unidos, no implica colgarse el oro de un Mundial de baloncesto. Ni siquiera, esta vez, un pase a la final. Al igual que le ocurrió a Grecia en 2006, que se las prometía muy felices tras un triunfo histórico ante los norteamericanos para caer luego contra España en la pelea por la gloria en Japón, repite guión , incapaz hoy de replicar frente a la gesta acometida en cuartos de final.

Final hispana. Final de ganas. Llevaban meses soportando como un martillo pilón el mismo prólogo e idéntica cantinela; la ausencia de nombres, de estrellas, y el recordatorio de que todo tiempo pasado fue mejor. La furia roja, el Olimpo albiceleste, las generaciones doradas de dos países venidos a menos… se repartirán el oro y la plata. España y Argentina. Mañana sería el día ideal para desactivar la pestaña de los comentarios en la web.

Otra vez ellos

Si y venían siendo héroes y vanguardia de su selección durante todo el torneo, ¿por qué hoy iba a ser diferente? Fueron incluso más. Espectacularmente más. Lo de Scola, en particular, es de Regreso al Futuro… o al pasado, yo que sé. Qué manera de reírse de la edad.

Pero vamos por partes. Con el comienzo, equilibrado, y con una primera mitad en la que se sucedieron los intercambios de golpes y donde Argentina, a base de tesón y defensa, mantuvo a raya a los franceses. Un triple postrero del Facu de los que encienden el alma, les permitía embocar el vestuario con una ventaja de +7 (39-32), contestando así al buen hacer de Labeyrie y Fournier.

El tercer cuarto recordó al que tantas veces vimos en los Warriors de hace dos temporadas. Te permitían llegar vivo al descanso para, sin anestesia, destrozarte justo a su vuelta. Esto, más o menos, ha sucedido hoy. El aro se encogía hasta el tamaño de un sacapuntas ante los lanzamientos de los muchachos de Vincent Collet, mientras que Vildoza, Scola, Deck y Lapprovitola se conjuntaban para abrir una distancia que empezaba a acomodarse entre los 10-15 puntos.

Reaccionaba entonces Francia y reaccionaba Gobert, devolviendo la emoción tras volver a rebajar la horquilla por debajo de los diez. También sacaba toda su calidad Frank Ntilikina (16 puntos), cuya reivindicación ya abandona el concepto de lo efímero y adopta un tacto sólido y real.

Entonces Scola se disfrazó de Nowitzki. Dos triples centrales consecutivos del Luifa más dos lanzamientos de un punto. En un abrir y cerrar de ojos, había puesto sello y membrete ante cualquier conato de remontada gala. 28 puntos, 12 rebotes y jaleo de mil demonios en todos los cuerpos de scountings de la NBA, preguntándose cómo demonios le dejaron escapar rumbo a China.

Orgullo y agradecimientos

“Defendimos como unos caballos, sabíamos que iban a anotar, hicimos grandes defensas, entraron en nuestra dinámica, en ese juego y sabíamos que podíamos quebrarlo, realmente el equipo argentino es muy bueno y lo está demostrando, quizá para el resto es una sorpresa pero para nosotros no. Hay que tomar dimensión, no sabemos donde estábamos parados. Es tremendo el agradecimiento, es increíble”, declaraciones de Campazzo al término del encuentro.

“Difícil de superar esto, pero todavía tenemos chances. Uno puede pronosticar cosas pero después puede pasar o no. Algunos me decían que estaba loco, que exageraba”, Scola, el hombre tranquilo.  

Cerramos la ronda de reconocimientos con el coach Hernández: “Manu (Ginóbili, presente en la grada junto a Kobe Bryant) me dijo que no sé lo que hice, esto es maravilloso, impresionante, es el mejor equipo que yo he dirigido en mi vida, no tenemos un segundo de distracción, hay jugadores en alto nivel, somos valientes, habrá que empezar a pensar que los nuestros son de nivel, acá con huevos solo te quedás en primera ronda”. 

Mañana, España y Argentina en la final más inesperada aunque, quizás, la más merecida y apasionada.

(Fotografía de portada de Lintao Zhang/Getty Images)


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