Kawhi no se fía: “Estamos concentrados; nunca sabes lo que puede pasar”

ha hablado. Eso, por sí solo, ya es noticia. Pero además ha dicho cosas, más allá de que el agua moja, el Sol sale por el este y que a un Game 2 en Milwaukee le sucede un Game 3 en Canadá. Los Toronto afrontan un escenario soñado. Ventaja de 3-1 en las Finales, próximo partido en casa y con la plantilla casi en perfecto estado de revista mientras su rival se desgañita por vaciar la enfermería a base de tiritas y betadine.

¿Es necesario recordar que hablamos de la NBA, where amazing happens una y otra vez? Bien, pues veréis: que Golden State remonte estas Finales, aún sin Durant, aún con medio Iguodala, 1/3 de Cousins y un Klay Thompson que viene y va, ni siquiera entra dentro de ese amazing. Sería, con todo el respeto del mundo a los Raptors, algo lo más natural.

Increíble y asombroso fue que los Cleveland Cavaliers lograron hace tres temporadas. Desde entonces ese es el listón, y por eso desde aquel día a LeBron James nunca se volverá a mirar bajo el cristal de la duda. Que los Warriors lo vuelvan a hacer (remontar un 3-1), con Stephen Curry al aparato, junto Draymond Green y más los que puedan estar (KD, después de todo, sí apunta a forzar el Game 5), es algo que entra dentro de lo perfectamente posible.

Sólo los Cavs de LeBron, Irving, Love y J.R.Smith han conseguido levantar un 3-1 en unas Finales de la NBA. Los únicos en la historia. Por su parte, lo más parecido que han hecho en La Bahía es un ídem en Finales de Conferencia en aquella misma y cruel temporada (2016), ante los Thunder de Westbrook y con Durant también (y todavía) en frente.

No hay piel mientras el oso esté vivo

Los Warriors son los vigentes bicampeones de la NBA, y llegan a Toronto dispuestos a salvar el primer match ball en aras del three peat. Vamos con las declaraciones de Kawhi.

En la rueda de prensa inmediata al Game 4, un reportero hacía la pregunta en nombre de todos los que habíamos visto la imagen. “¿Cómo puede ser que los quince tuviéseis esa expresión que parecía más de haber perdido el encuentro en lugar de haberlo ganado?”.

“Creo que estamos concentrados. Esto no significa nada, ya que se necesitan cuatro victorias, y nunca sabes lo que puede suceder. No debemos dejarnos llevar por el hype y por la emoción. Todavía hay un gran equipo de baloncesto al otro lado. Tenemos un objetivo en nuestras cabezas, pero todavía tenemos que alcanzarlo”.

Soul Box‘ Leonard, de por sí inmune a la sobre-excitación y el narcisismo, ha escarmentado en cabeza ajena. En la de su actual oponente. Incluso cuando un reportero le preguntó sobre si tenían un extra de presión por intentar cerrar la serie y ganar el título en Toronto evitando a toda costa tener que disputárselo en un all-in en San Francisco, el alero respondió que ni siquiera piensan en ello, y que la clave del misterio está en salir ahí cada partido, defender bien (surprise!) y divertirse (lol!)”.

¿Preparados?

De acuerdo, quizás Leonard no haya redescubierto el átomo con estas declaraciones, pero imbuirse de lo que ha dicho es fundamental para que un título que los Raptors parecen tener en bandeja de plata, no les sea arrebatado ante un rival que te lo hará pagar a la primera oportunidad; al menor resquicio de relajación.

Hoy quinto partido, y quizás el último de la temporada. Y puede que el último de KD en los Warriors. Y el último de Kawhi en una ciudad que sin duda asumirá su marcha si a cambio éste les concede el primer campeonato de su corta historia. Pero en frente estará Golden State, los aún aspirantes a dinastía. Así que yo, por si acaso, haría haciendo café.

(Fotografía de portada de Lachlan Cunningham/Getty Images)


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