Los Cavaliers sobreviven gracias a una noche ofensiva memorable

Las Finales de 2017 siguen vivas. Tras perder los tres primeros partidos de la serie, los evitaron la barrida gracias a una exhibición ofensiva memorable. Una obscena primera mitad, rompiendo récords de anotación, lanzó a Cleveland a la victoria por 137-116 ante Golden State, poniendo el parcial de la serie en un 3-1 de malos recuerdos para los . La serie volverá ahora a Oakland para un quinto partido del próximo lunes en el que algunos fantasmas pueden sobrevolar el Oracle Arena.

Otro arranque explosivo


13 puntos (8-5) en 75 segundos. El principio de partido ya presagiaba otra noche de anotación frenética, en la misma línea que en los duelos anteriores. Un ritmo en el que los Warriors se sienten a gusto, y al que los Cavaliers no estaban dispuestos a renunciar. En el ruidoso “Q” de Cleveland, nada resignado a la derrota, los Cavs abrían el partido con ventaja, particularmente con un J.R. Smith (15 puntos, con 5/9 en triples) muy mejorado de vuelta a casa.

Un tiempo muerto de Steve Kerr buscaba evitar una escapada temprana en contra de sus Warriors, pero Cleveland abría hueco hasta colocarse con un 27-11 favorable. Era el mejor momento del equipo de Tyronn Lue hasta entonces en toda la serie, acertados desde la línea de triple, y recuperando incluso al mejor Tristan Thompson (5 puntos y 10 rebotes) en la pelea por el rechace. LeBron James, más distribuidor que rematador de salida, aprovechaba también para adelantar a Michael Jordan como tercer máximo anotador en Finales.

Durant contra todos


Por los Warriors, la circulación de balón no funcionaba, con demasiadas pérdidas tempranas y ataques sin mordida. Cleveland conseguía que fuera (16 puntos, con 6/16 en tiros de campo, y 14 rebotes), el finalizador menos temible de los All-Stars rivales, el que se viera obligado a mirar al aro, dejando sin anotar en los primeros 7 minutos a Kevin Durant y Stephen Curry.

Era inevitable que los Warriors despertaran, particularmente a medida que los Cavaliers movían el banquillo para dar descanso a sus estrellas. Kevin Durant (35 puntos) no tardaba en tomar el control ofensivo de Golden State, y la ventaja se reducía minuto a minuto. Pero el mal inicio de Stephen Curry (0 puntos en el primer cuarto, 14 en total), las excesivas faltas recibidas y una técnica formalmente a Steve Kerr (aunque anunciada en el momento para Draymond Green) rompían el buen momento de los Warriors y su concentración.

Imparable Irving


Pese a lo mucho que perdonaba Cleveland desde la línea de tiros libres, los locales anotaban 49 puntos (por 33 de los Warriors) en los 12 primeros minutos, la máxima anotación de la historia en un cuarto de Finales. También el máximo en un primer cuarto de la historia de los playoffs y, en definitiva, el arranque más anotador tras 12 minutos de cualquier partido oficial, contando temporada regular, en casi 27 años. Una auténtica barbaridad que Golden State tenía que parar con urgencia.

Pero la tensión entre los Warriors y los árbitros no ayudaba, aunque Dahntay Jones les hacía un favor ganándose también una técnica desde el banquillo de los Cavs. Eso sí, Cleveland aguantaba incluso con un descanso algo más prolongado de lo habitual LeBron James. A su vuelta, el brutal acierto en el triple de los Cavs, con un desatado Kyrie Irving (40 puntos) como jugador más destacado, ampliaba la ventaja a los 20 puntos. Por primera vez en lo que apuntaba a una inmaculada e inédita racha de victorias en playoffs, los Warriors se encontraban en un hoyo de difícil salida.

Una mitad para el recuerdo


LeBron James, sumando algunos arrebatos imparables de agresividad, movía el balón con eficacia. La contrapartida llegaba en el lado contrario de Kevin Durant, el único jugador que sobrevivía a la imprecisa noche de pase de unos Warriors que pierden mucha magia sin una distribución fluida. Sin buenas posiciones de tiro, tanto Stephen Curry y Klay Thompson (13 puntos) parecieron por momentos jugadores menores. Demasiado lastre para reducir una ventaja que los Cavs conservaban con eficiencia.

Los récords seguían cayendo. Al descanso, Cleveland había anotado 86 puntos, el máximo en cualquier mitad jamas jugada de playoffs, incluyendo Finales, y en cualquier partido oficial NBA desde 1991. De ellos, 67 eran propiedad de Kyrie Irving, LeBron James y Kevin Love. Los Cavaliers necesitaban una exhibición ofensiva de primer orden para sobrevivir al menos por tres días más, y la encontraban de sus mejores jugadores.

Tercer cuarto de alta tensión


Tras el descanso, los Warriors golpeaban rápido, obligando a Tyronn Lue a pedir tiempo muerto rápido para evitar que sus rivales encontraran el ritmo. Dos triples inmediatos de Kyrie Irving y Kevin Love (23 puntos, con 6/8 desde fuera del aro) hacían válida la estrategia. Los Cavaliers seguían gustándose, físicamente aguantando mejor que en otros partidos. LeBron James se permitía incluso un maravilloso mate con auto-pase contra tablero en tráfico. La tensión, eso sí, era evidente, con el propio James llevándose una doble técnica compartida con Kevin Durant por una extendida discusión entre ambos.

Y los árbitros no ayudaban a evitar el caos. Una discutible técnica por reaccionar a una falta en contra de Draymond Green parecía expulsarle del partido. En la señalada en el primer cuarto, la mesa de anotación había interpretado la falta técnica a Steve Kerr como atribuida a Green. La extraña situación terminó con el ala-pívot manteniéndose en la cancha, pero dejando una mala imagen de los árbitros nada deseada por la NBA, y cortando el ritmo de un duelo aún por decidir.

Baloncesto pese a todo


El baloncesto seguía quedando en un doloroso segundo plano en un tercer cuarto demasiado combativo. Zaza Pachulia rozaba la expulsión por dos golpes a la entrepierna de Iman Shumpert en la lucha por un balón. E incluso un espectador en primera fila (Todd Leebow, amigo personal de Rich Paul, agente de LeBron James) era invitado por el personal seguridad a abandonar el partido por una discusión con Matt Barnes, siempre dispuesto a entrar en acción extra-deportiva.

Al menos, los buenos devolvían el baloncesto al primer plano. Un intercambio de triples entre Stephen Curry y LeBron James cerraba un cuarto menos frenético (un más mundano 29-28 de parcial), con Cleveland todavía 19 arriba con 12 minutos por jugarse. Una ventaja que podría ser suficiente ante otro equipo, pero ni de lejos ante estos Warriors.

El remate final


Los Warriors reducían la desventaja aprovechando el descanso de LeBron James al abrir el último cuarto. Los Cavs no podían permitirse muchos minutos sin su estrella, pero siempre quedaban los triples. Cleveland batía a más de 9 minutos del final el récord de más canastas anotadas desde fuera del arco, terminando al final con un monstruoso 24/43. La inspiración de Kyrie Irving, maravilloso en el uno contra uno, confirmaba que el vigente campeón no iba a rendirse en estas Finales sin pelear.

Tras llegar sin aire al final del tercer partido, las constantes interrupciones arbitrales para revisión ejercían de involuntaria ayuda para mantener el aliento de los Cavaliers. La ventaja seguía más cerca de los 20 puntos que de los 10 durante el último cuarto, pese al intento de los Warriors de enlazar una racha que les metiera de lleno en el partido. La defensa de Cleveland, siempre activa cortando las líneas de pase, no lo permitía.

“Cavs in 7!”

LeBron James, soberbio en todas las facetas del juego, lograba su noveno triple-doble en unas Finales (segundo en la edición de 2017, y tercero en un partido con la eliminación en juego), superando el récord histórico de Magic Johnson. Sus 31 puntos, 11 rebotes y 10 asistencias (por solo 2 pérdidas) eran la rúbrica para un partido en el que los Cavs se ganaron la supervivencia a lo grande, con una actuación a ambos lados de la cancha simplemente majestuosa.

Kevin Durant hizo un esfuerzo titánico por el lado de los Warriors, pero dos triples de J.R. Smith y Kyrie Irving a 3 minutos del final suponían la sentencia definitiva al partido. Completar unos playoffs invicto seguirá siendo uno de los últimos hitos fuera del alcance de cualquier en la NBA. Ya con el fondo de banquillo en cancha, los aficionados locales celebraban la victoria con un canto con sabor a himno: “Cavs in 7!“.

El fantasma del 3-1


Al final, la ventaja de 21 puntos rompía drásticamente con la dinámica anterior en la serie. El recuerdo de las Finales de 2016, donde Golden State vio como los Cavs remontaban un 3-1 en contra, va a estar presente en el ambiente de unas Finales todavía abiertas. Eso sí, los Cavaliers saben el nivel de genialidad necesario para superar a estos Warriors. Solo tres partidos más de leyenda podrá completar quizás la mayor proeza jamás vista en la NBA.


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