Un GM anónimo critica severamente el empoderamiento de los jugadores


En un reciente artículo publicado en The New Yorker se exponía el cambio que ha supuesto para la NBA la sociedad entre LeBron James y su agente Rich Paul. El fenómeno tiene su origen una vez más en el verano de 2010 y el afamado The Decision que James organizó para anunciar su destino en aquella agencia libre. Los detractores coinciden en situar allí el germen de casos como los de Kawhi en San Antonio o James Harden en Houston. El empoderamiento de los grandes jugadores con respecto a las franquicias y la propia NBA desagrada hasta el punto de ser “lo peor que le ha pasado al deporte profesional”.

Estas declaraciones las vierte un directivo anónimo de una de las 30 franquicias que componen la NBA. Sus argumentos esgrimen que “va en contra de todo el trabajo que la NBA ha hecho para darle poder a sus equipos. Los jugadores parten con ventaja en cualquier situación”. Aunque hay parte de verdad en estas palabras, la opinión queda totalmente descontextualizada.

El sistema de las grandes ligas estadounidenses parte de la base de que la competición, el producto, está por encima de cualquier individuo o franquicia. Y sí, la NBA es la que más subvierte esta idea porque en ella el talento individual es más diferencial que en el resto de deportes. Pero el hecho de que los jugadores partan con ventaja en cualquier negociación no es cierto. Las condiciones de las que gozan los jugadores han sido alcanzadas a través de convenios a los que se han llegado con acuerdos entre todas las partes implicadas.

Además, los presuntos abusos de algunas estrellas pueden causar mucho ruido alrededor, pero son escasos. Son mucho más frecuentes situaciones en las que un jugador pasa por tres franquicias en la misma jornada sin recibir ni un mensaje de texto. Es más, la actual temporada se ha jugado en condiciones precarias para los jugadores, pero era la única forma de mantener a flote el negocio del que todos participan.

El punto es que ninguno de estos escenarios es positivo o negativo per sé, son parte intrínseca de un sistema de límites económicos flexibles. Que los jugadores de una liga que depende tanto del talento individual absorban más poder en la era de la individualización que impulsan las redes sociales es natural. Por mucho que existan detractores del nuevo paradigma, ellos mismos son partícipes de un sistema en el que lo raro era lo contrario.

(Fotografía de portada de Elsa/Getty Images)


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