Zach LaVine abre el curso pulverizando las expectativas

“Mi salto y mi velocidad están de vuelta”. Eso dijo el pasado 11 de septiembre. Por aquel entonces quedaba más de un mes para que comenzase la temporada regular y aún creyendo cada letra de su afirmación, costaba pensar que su inicio de campaña estuviese a un nivel como el que estamos viendo: 32,3 puntos por partido para ser el tercer máximo anotador de la NBA.

Y es que LaVine se ha convertido en la gran alegría de la franquicia de Illinois. Inmersos en plena reconstrucción, la gerencia de los mostró plena confianza en este chico de Washington al firmarle cuatro años y 78 millones de dólares, un contrato que el propio LaVine defendió de palabra en julio, y que ahora se ha tornado en un enorme acierto –si es que antes no lo era–.

Porque LaVine no solo está rindiendo de forma excelente, sino que lo está haciendo tras doce meses de baja y jugar únicamente 24 partidos la campaña pasada. Con esos datos parecía que su arranque sería de puesta a punto para ir poco a poco alcanzando su mejor momento. No ha sido así. Desde el primer día (30 puntos) ha ido marcando un ritmo que suena más a All-Star que a un jugador que debe encontrar su mejor momento. No son solo puntos. es un ejercicio de talento e intensidad que le están haciendo destacar en todas las facetas del juego.

En ataque, como ya decíamos, son 32,3 puntos que llegan con un 61,8% en tiros de campo (el mejor del equipo) y un 45% en triples (tercero mejor del equipo). Pero cuando se trata de defender tampoco se esconde; tanto es así que se va hasta los 1,3 tapones por noche (primero del equipo igualado con Wendell Carter Jr.). Sí, cierto es que a nivel colectivo aún no han llegado las victorias, pero no lo es menos que LaVine ha aterrizado en los Bulls para liderar una nueva etapa.