Manute Bol pudo debutar en la NBA con más de 35 años

De acuerdo con Wikipedia, una de las fuentes más consultadas a la hora de comprobar datos biográficos elementales como el año y lugar de nacimiento de cualquier celebridad, nació un 6 de octubre de 1962 en Turalei, Sudán. Es decir, hace un mes y medio habría cumplido los 55 años.



Manute Bol se ha convertido en un elemento icónico del baloncesto por muchos motivos. El que más sigue asombrando a día de hoy es su altura: 231 centímetros que lo colocan como el segundo jugador más alto de la historia de la NBA, detrás del rumano Gheorghe Mureşan. Si a ello sumamos el aspecto físico propio de una farola de autovía, nos queda un jugador de ectomorfia irrepetible.

A Bol bien se le podía deslizar la mochila de los hombros sin que se diese cuenta; sin embargo, pocas veces una visión tan enclenque tuvo semejante impacto intimidador. El pívot jugó 11 temporadas en la NBA, con el pincho de merluza como plato del día. El promedio asusta: 3,3 tapones en apenas 19 minutos por encuentro. De adaptarlo al filtro de los 36 minutos, nos daría la friolera de 6,3 not in my house!

Una laguna biográfica “conveniente”

Pues bien, todo esto cobra aún mayores tintes de leyenda si las últimas declaraciones de quien iba a ser su entrenador en la universidad de Cleveland, Kevin Mackey, son ciertas.

“Yo le puse su fecha de cumpleaños porque nadie sabía cuántos años tenía cuando llegó aquí”, desvela el hoy ojeador de los Indiana Pacers. El rigor legal de aquel entonces —y aún ahora, véase el caso de Serge Ibaka— en aspectos básicos como la fecha de nacimiento de una persona, era nimio en algunas partes de África. Así pues, Bol desembarcó en EE.UU envuelto en un halo de expectación y también de nebulosa incertidumbre. En la oficina de inmigración se lavaron las manos.

Y a pesar del “favor temporal” que le hizo Mackey, Bol nunca llegó a jugar para Cleveland State debido a que, por entonces, no era capaz de hilar cuatro palabras en inglés. Finalmente fue matriculado en la Universidad de Bridgeport, en la División II, y jugó allí la temporada 1984-85 antes de ser seleccionado en el puesto 31 del Draft 1985 por los Washington Bullets.

La noticia aquí reside en que podemos estar hablando de un desfase que no se reduce a dos o tres años. “En el deporte si tienes 19 años se te abren las puertas, pero todas se cierran con 35. Probablemente él tenía entre 40 o 50 años cuando jugó en la NBA”, ha asegurado Mackey en Zagsblog.com.

“Retirado a los 50”

Esto quiere decir que cuando Bol ingresó en la Liga a sus presuntos 23 años, podía estar mucho más cerca de la edad propia de jubilación que de la de debut: unos 35 años. Lo que nos dejaría un Bol colgando las zapas a una nivel de vejez que pulverizaría todos los registros.

Nat Hickey, jugador de la predecesora BBA, se retiró en abril de 1948 con 45 años y 363 días. De ser aproximados los cálculos de su ex coach, y a pesar de una corta carrera que no llegó a la docena de años, Bol podría haberse retirado como el jugador más longevo de la historia, rondado el medio siglo de edad.

Y a sus 31 años —o a sus nuevos cuarenta y….—, en su penúltima temporada en la Liga y como jugador de los 76ers, Bol era aún capaz de hacer cosas como esta. Y no, no se trata de ningún vídeo de tapones.

Su legado: Bol Bol

Datos como una artritis precoz, una escueta vida profesional o una muerte temprana —falleció en 2010 a los 47 años— fortalecen esta renovada versión. Pero en estos tiempos, el apellido Bol vuelve a estar de moda, por un motivo diferente y de un modo redundante.

El hijo de Manute Bol, Bol Bol —no es errata, mismo nombre y apellido— amenaza con seguir los agigantados pasos de su padre.

Hace dos años, hablamos de él por primera vez en nuestra web: tenía 15 primaveras y medía 2,10 metros por entonces. A sus 18, las fuentes más fidedignas fijan su altura actual en los 2,17 metros. A su talla, acompaña un talento de mismas dimensiones. Bol Bol apunta a futura estrella de la NBA.

Bol y O’Neal, el mito comparte vestuario

En su último año de instituto antes de dar el salto a la Universidad —paso obligatorio que exige la NBA antes de presentarse al Draft—, Bol comparte vestuario con el hijo de otro mito. El más antagónico que ha existido nunca a su padre bajo los aros. Bol es compañero de Shareef O’Neal, primogénito de Shaquille O’Neal, en la AAU (Amateur Athletic Union), una de las más antiguas organizaciones deportivas de los Estados Unidos dedicada a la promoción y desarrollo del deporte amateur.

Ambos pintan la mar de bien, recibiendo numerosas ofertas de las Universidades más prestigiosas del largo y ancho del país.

O’Neal —catalogado como el 18º mejor jugador de su generación— ha elegido Arizona, mientras que Bol —4º en dicha lista— se ha decantado por los Ducks de Oregón, quienes con su fichaje, apuntan desde 247Sports.com, se han convertido automáticamente en el equipo más valorado de la NCAA por delante de Universidades míticas como Kansas, Duke y Kentucky.

En una carta publicada en The Player’s Tribune, Bol Jr. asegura que tuvo muy presente a su padre, fallecido en 2010, a la hora de elegir la Universidad en la que continuar su crecimiento. “Sé que mi padre querría que representara bien a mi familia. Y sé que querría que siguiera mis intereses fuera del baloncesto y el trabajo humanitario que comenzó en Sudán. Pero, sobre todo, sé que querría que fuera yo mismo”.

Gigantes de misma sangre y distinto patrón

“Siempre he tenido claro que soy un jugador diferente a lo que era mi padre —asegura el nuevo center de los Ducks—. Él jugaba en la pintura y taponaba todo el rato. Yo también soy alto, pero me gusta jugar en el perímetro, dar pases a jugadores que están más abiertos… En Oregón sabían qué clase de jugador soy y analizaron por qué mi estilo es diferente al de cualquier otro jugador alto”.

Bol viene de ser elegido MVP en la mediática Nike EYBL, donde ha promediado 24,1 puntos, 10 rebotes y 4,5 tapones, lanzando con un 49 por ciento de acierto desde el triple y conduciendo a su equipo a un balance final de 13-3.

Draft 2019

Atentos desde ya, pues, al Draft que anticipa el cambio de década. En 2019 —además del desventurado Michael Porter Jr si no decide dar un paso atrás tras su lesión— puede que nos encontremos dos hijos de sendos mitos dispuestos a empezar a escribir su propia leyenda en un territorio donde sus progenitores clavaron, y muy profundo, la bandera de la conquista.