Durant no evita el segundo desastre de los Rockets

Los Lakers volvieron a frenar al alero a base de lanzar dos defensores continuamente

Foto del autor

Por Aitor Darias

Publicado el

A veces, cuando el coche no tira, hay que llevarlo al taller. Y normalmente, lo que el mecánico te dice es que hay que cambiar no sé qué válvula, apretar un par de tuercas, echarle aceite en no sé dónde, y, sobre todo, pagarle 300 euros. Pero después de todo eso, resulta que te montas otra vez y el coche sigue sin tirar. Porque si el mecánico fuera objetivo, lo que te diría es que lleves esa tartana al desguace, lo despieces y te compres otro.

Pues a los Rockets tras el Game 1 les dijeron que con Kevin Durant la cosa iba a tirar mejor. Que, aunque es cierto que hay cosas que resolver, ante unos Lakers tan limitados la presencia del alero les daría el impulso suficiente para evitar el desastre y volver a Houston con la serie empatada y algo de confianza recuperada. Y sin embargo, KD está de vuelta… y el coche sigue sin tirar.

Los de Udoka se la han vuelto a pegar en Los Ángeles en un choque preocupantemente similar al primero. Uno en el que Doncic y Reaves siguen viendo los toros desde la barrera, en el que todo el ataque de los Lakers pasa por LeBron a sus 41 años, Marcus Smart y Luke Kennard, y en el que el ataque visitante sigue sin tener ni medio atisbo de inspiración. Uno en el que han vuelto a perder, esta vez por 101-94 y en el que la única diferencia es que la situación se pone todavía más complicada.

Más barro que brillo

Y lo peor para Houston es que ni siquiera da la sensación de haber un increíble mérito de los Lakers en lo que está ocurriendo. En otra realidad podríamos hablar de un equipo que no está echando de menos a sus dos estrellas y que está respondiendo de maravilla a las bajas, pero en esta los de Redick están evidenciando una cantidad de dificultades enorme. Solo que, por algún motivo, menos que su rival.

Porque, como ocurrió en el Game 1, los angelinos tuvieron problemas en el cuidado de balón, fueron aniquilados en el rebote ofensivo y perdieron por goleada la batalla de las posesiones. Hoy algo menos que en el primer encuentro, pero la dinámica fue similar. Pero es que ni por esas. A veces las luces de neón de Los Ángeles pueden cegar, pero en esta serie los Rockets se están cegando la bombilla de un Bar Manolo de carretera comarcal.

Y eso, repetimos, a pesar de un Durant que arrancó el choque con acciones esperanzadoras pero que volvió a ser víctima del mismo dos contra uno continuo que en tantos problemas lo puso ya en liga regular. Un ajuste tan previsible como la lluvia en un viaje a Londres pero que volvió a pillar al alero sin paraguas. Al alero y, sin excusarlo a él ni a sus 9 pérdidas o su 1/5 en tiro en toda la segunda parte, a todos los demás, desde Udoka a sus compañeros, que nunca parecieron saber qué hacer al respecto.

Comida de aprovechamiento

Los Lakers no están tampoco para tirar cohetes, pero están al menos sabiendo encontrar los recursos necesarios para competir y no les importa lo bonitos que sean. Si LeBron tiene que irse cuatro veces seguidas al poste para jugarse un fadeaway, pues a ver si hay suerte. Si Marcus Smart pierde un balón porque se tira para dentro y no encuentra a nadie a quién dárselo, pues es lo que hay. Si Vanderbilt tira dos triples seguidos porque no se genera otra cosa, pues es que alguien tendrá que tirárselos.

Hay, por así decirlo, una especie de autoconsciencia en las enormes limitaciones que sufren ahora mismo, una que permite no frustrarse cuando las cosas no salen en ataque y seguir ejecutando el plan en defensa. Lo que, sumado a que LeBron ha abrazado el rol de líder, Smart vuelve a mostrar su mejor cara, y Kennard está con toda la confianza que no había exhibido en su carrera, hace que las cosas, aunque a trompicones, vayan saliendo.

Así, una serie que empezó con la pregunta de si los Lakers podrían comprarle el tiempo suficiente a Doncic y a Reaves tiene de repente a los angelinos a solo dos victorias de la siguiente fase y convencidos ahora sí plenamente de que es posible ganar esta serie sin sus dos estrellas. Y a Houston con la terrible sensación de que todo lo que no sea ganar el Game 3 supondrá no solo quedar colgando del precipicio sino seguramente una sonora crítica por parte de su público.

(Fotografía de portada: Jayne Kamin-Oncea-Imagn Images)

TE PUEDE INTERESAR