El Comisionado David Stern representa a las franquicias en la negociación

Lockout II: Pánico en la NBA

Largas reuniones, propuestas sobre la mesa, miradas suspicaces… falta de acuerdo. La persecución contrarreloj por un acuerdo de trabajo que estabilice de una vez por todas la NBA y evite el costoso lockout continúa. Pero tal huelga, de alguna forma, ya ha empezado.

No habrá Summer League este mes de julio en Las Vegas, ni partidos internacionales de franquicias de la Liga por Europa y Asia en octubre. De hecho, hasta en el Draft que se celebra mañana, faltarán como poco diez grandes promesas del baloncesto universitario norteamericano. Varios scouters y entrenadores asistentes ya están siendo despedidos, y algunas importantes órdenes de venta de merchandising están a la eterna espera de confirmarse. Los planes de contingencia ya han empezado. Reina de incerteza.

La Liga y los representantes de los jugadores se reunieron ayer de nuevo en Manhattan para otra sesión de regateo, la quinta en 14 días. Tratan de cerrar un nuevo Convenio Colectivo que, de alguna forma que hoy todavía se desconoce, contente a todas las partes. El problema es que el Convenio actual expira en tan solo ocho días. Llegada la fatídica fecha del 1 de Julio y absente entonces todavía el acuerdo, la NBA pasará a ser la segunda liga profesional norteamericana (tras la NFL) cerrada cara a la temporada que viene. Modo pánico, activado.

Porque lo que ha habido hasta ahora es mucha más actividad que progresos. La esperanza de evitar el lockout se desvanece un poco más a cada día que pasa. Los intereses son demasiado grandes, cientos de millones de dólares al año están en juego (miles, en la vida del supuesto nuevo Convenio), y las consecuencias, avanzándose sintomáticamente a los acontecimientos, ya han empezado.

En el recién pasado mes de mayo, Los Angeles (una de las franquicias NBA más rentables), informaron a cuatro de sus entrenadores asistentes y a la mayoría de sus scouts que iban a prescindir de ellos cara a la próxima campaña. Más tarde, despidieron al asistente de General Manager, Ronnie Lester, junto con su equipo de trabajo, tras casi tres décadas de servicio al conjunto angelino. Aunque no ha habido todavía comunicado oficial al respecto, es lógico pensar que todos estos despidos se deben a una política de disminución de gastos fijos, cara al esperado lockout. Otros analistas, sin embargo, han leído tal reestructuración en términos más políticos: un aviso al sindicato de jugadores sobre que los propietarios de las franquicias van muy en serio si de lo que se trata es de llegar a un acuerdo o “cerrar” la NBA un año.

Otras franquicias de la Liga tienen, de momento, una actitud más contemplativa al respecto, pero más despidos, reajustes y recortes estarán a la orden del día si la pesadilla del lockout se convierte pronto en realidad.

Los jugadores no quieren ceder pues está parte de su salario en juego. Los propietarios tampoco pues, a pesar de que éste no va a ser un problema de abonos ni venta de tickets, sí lo puede ser, y muy gordo, de patrocinio, derechos de TV, merchandising y publicidad en general. El clima está muy caldeado, pues a tan solo unos pocos días de vencer el Convenio Colectivo actual, parece que nadie quiere dar el primer paso hacia atrás, básico para poder alcanzar algún acuerdo que haga que la próxima temporada no se paralice, y los millones de fans de todo el mundo se desmoralicen sin remedio alguno.

Sin Liga de Verano ahora en julio en la que los rookies, agentes libres y jóvenes entrenadores puedan evolucionar; sin partidos internacionales en octubre por los que el negocio de la NBA pueda seguir abriendo fronteras, potenciando fidelización y, al fin y al cabo, haciendo caja; y sin reunión anual de árbitros en septiembre que sirva de puesta en común de la normativa y aplicación de la misma… el Draft que mañana tiene lugar en el Prudencial Center de Newark (NJ) es la más nítida imagen del daño que el lockout puede hacer a la Liga.

Jared Sullinger, Harrison Barnes o Perry Jones… son nombres que hoy no nos dicen absolutamente nada. Sin embargo, son jugadores de los que se comprarán miles de camisetas NBA a partir de Octubre de 2012. Los tres, considerados unánimemente como unos de los jugadores más talentosos que existen en el panorama universitario estadounidense, decidieron alargar un año más su estancia en el baloncesto amateur y prolongar su salto al profesionalismo hasta el Draft de 2012. Y el temor al lockout es aquí la única causa de ello.

Permanecer en el college significa un calendario de partidos para la próxima temporada garantizado, así como acceso regular a entrenadores, preparadores físicos y gimnasios. La estructura de un alto programa de preparación física y técnica. Llegar a la NBA en un año de lockout significa, sin embargo, no tener acceso a nada de eso, ni a partidos en los que, supuestamente, potenciar tu nivel durante algunos largos meses.

Desconocemos todavía qué es lo que exactamente va a suceder en la temporada que, crucemos los dedos, debe empezar el próximo mes de octubre. Pero tirando de realismo, parece que cada vez debemos ir haciéndonos más a la idea que el cierre patronal puede que sea una posibilidad real. Ahora que, a nivel deportivo, la NBA está a un nivel de interés como el que no tenía en muchos años, sería una auténtica lástima.


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