Seattle presenta su ambicioso plan para resucitar a los SuperSonics

Casi cuatro años después del traslado de los SuperSonics a Oklahoma City (rebautizados como Thunder), ha iniciado, de forma oficial, su largo camino para recuperar una franquicia NBA. Mike McGinn, alcalde de la ciudad, y Dow Constantine, administrador del condado de King (cuya capital es Seattle), anunciaron este jueves en una rueda de prensa las líneas maestras del proyecto que esperan culminar con la resurreción de los Seattle SuperSonics.

Chris Hansen, un inversor de alto riesgo afincado en San Francisco, pero nativo de Seattle, se ha comprometido a aportar 290 millones de dólares (alrededor de 220 millones de euros) para la construcción de un nuevo pabellón en la ciudad, además de encargarse de la compra de un equipo de la NBA, y otro de la NHL (liga profesional de hockey hielo).

La ciudad de Seattle y el condado de King invertirán un máximo de 200 millones de dolares (unos 152 millones de euros) para levantar el nuevo recinto. “A primera vista, esta es una excitante propuesta, y podría significar grandes cosas para nuestra comunidad”, dijo el alcalde McGinn, en declaraciones recogidas por The Seattle Times. “Puede significar que los SuperSonics jueguen en Seattle de nuevo”.

Tener un pabellón moderno y adaptado a las necesidades actuales de la NBA es imprescindible para que Seattle vuelva a optar a un equipo en la liga profesional. El obsoleto KeyArena, construido en 1962, y antiguo hogar de los Sonics, no era ya considerado por la liga un recinto adecuado, y la falta de disposición de la ciudad de Seattle para construir otro fue el detonante en 2008 para que el equipo fuera trasladado por su propietario Clay Bennett a Oklahoma City. Cuatro años, después la entrada en escena de Chris Hansen ha dado un impulso para recuperar el baloncesto profesional en Seattle.

McGinn dejó medianamente claro que el objetivo del nuevo proyecto, en cuyo comité exploratorio está Lenny Wilkins, el histórico entrenador que lideró a los Sonics a su único campeonato en 1979, es adquirir un equipo ya existente (la cual cambiaría el nombre a Seattle SuperSonics), y no crear una franquicia desde cero. En esta tesitura, las miradas se dirigen a dos equipos: y .

La situación en Sacramento es límite. La ciudad, cuyo alcalde es el ex-jugador Kevin Johnson, tiene de plazo hasta el 1 de marzo para presentar un plan de viabilidad de cara la construcción de otro pabellón. Una situación muy similar a la que Seattle afrontó años antes, con el resultado que conocemos. Un rechazo de la NBA a los planes de Sacramento podría acelerar el traslado de la franquicia a otra ciudad, aunque Anaheim, que estuvo a punto de recibir a los Kings en esta misma temporada, aún no ha renunciado a darles hogar. La localidad californiana, cercana a Los Angeles, ha llevado a cabo reformas en el Honda Center (hogar de los Ducks de la NHL) para adecuarse mejor a las demandas de la NBA, y tiene la delantera a corto plazo respecto a Seattle.

Por parte de los Hornets, actualmente propiedad de la NBA al no encontrar un comprador tras abandonar el barco su antiguo propietario George Shinn, el gran obstáculo para un traslado es el contrato que ata a la NBA con el New Orleans Arena, el pabellón en el que juegan. Salvo multimillonaria indemnización, los Hornets están ligados a New Orleans hasta 2014, aunque a partir de ese año Seattle puede ser un actor importante en el futuro de la franquicia.

McGinn no quiso dar casos concretos de equipos que podrían aterrizar en Seattle, y advirtió que esperaba que esto fuera una carrera “a largo plazo”. Constantine fue rotundo: “Este no es un séptimo partido. Es el salto inicial del primer partido de pre-temporada”. Como en 1979, Seattle espera conseguir un título, esta vez en forma de una resurrección: la de los Seattle SuperSonics.


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