Dos meses después de su último partido, Stephen Curry ha vuelto a la acción para tratar de insuflar algo de vida a los Warriors en este final de liga regular. Y si el objetivo era ese, su vuelta puede considerarse un éxito. El base estuvo activo, veloz, acertado, hizo notablemente mejor al equipo. Fue, en resumen, el Curry que conocemos en un regreso lo tuvo todo… menos la victoria.
Tras acariciarlo con las manos, Golden State ha dejado escapar el triunfo ante los Rockets y ha caído por 116-117, dejando a Steph a las puertas de lo que habría sido un retorno sobresaliente. El base brilló con 29 puntos, 5 triples y 4 asistencias en 26 minutos, pero a la hora de la verdad, cuando tuvo en sus manos el triunfo final que habría puesto la guinda a una prometedora noche, su potencial triple ganador se estrelló contra el aro.
Y aunque una victoria no habría cambiado la situación de los californianos en la clasificación, sí habría dado una importante dosis de confianza a un equipo necesitado de ella.
Y confianza es precisamente lo que siguen acumulando en Houston con su sexta victoria consecutiva. Tras una temporada con muchos problemas y altibajos, los de Udoka parecen haber empezado a encontrar sensaciones en el tramo final y de hecho, con este triunfo, han logrado firmar su mejor racha de la temporada, una que los afianza en la quinta posición del Oeste y les permite soñar incluso con algo más. Lo cual ha ocurrido de la mano de un viejo conocido de los Warriors.
Kevin Durant ha sido, con 31 puntos, 8 asistencias y 8 rebotes, el gran artífice del triunfo texano, convirtiéndose en el ganador de otro espectacular duelo ante su antiguo compañero. Su talento ofensivo permitió a los Rockets sobrevivir al arreón final de los Warriors, que llegaron a remontar 14 tantos en el último cuarto, y encontrar las suficientes canastas en el clutch como para escapar con el triunfo, algo que logró por sus virtudes como anotador pero también como asistente.
De hecho, a diferencia de lo que viene siendo habitual en su carrera, KD participó en la acción ganadora como generador y no como finalizador, preparando todo para que fuera Alperen Sengun quien diera el golpe final. La pizarra de Udoka le permitió atraer la atención de dos defensas y de crear un enorme espacio en el centro de la pintura que no dudó en usar para asistir al turco, que, con la canasta que lo llevó hasta los 24 tantos, se encargó de tumbar a los locales.
Momento fraternal
El choque dejó, con todo, un curioso momento al permitir a Curry vivir un momento especial con su hermano. Pese a que llevan meses siendo compañeros, Stephen y Seth no habían compartido todavía la pista en partido oficial, una oportunidad que les ha llegado finalmente esta temporada en un momento que el mayor de los hermanos ha definido como especial.
«Ha sido un año muy difícil para los dos, de hecho ha sido peor para él que para mí. El otro día bromeando dije que éramos los Hermanos Rehabilitación. Pero tener este momento juntos, estar en pista hablando de a quién defendíamos, me ha traído recuerdos de cuando estábamos en el instituto, que fue la última vez que jugamos juntos. Si os soy sincero, creo que todavía no lo he asimilado, pero es un sueño hecho realidad» reconoció Steph.
(Fotografía de portada: Cary Edmondson-Imagn Images)





