Wembanyama deja al mundo sin palabras

El francés da el Game 1 a los Spurs con una actuación de otro mundo

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Por Aitor Darias

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A veces es difícil saber qué decir. Llevas un rato rebanándote los sesos porque el diccionario castellano contiene casi de 100.000 términos y ninguno parece ajustarse a lo que acabas de ver sobre una pista de baloncesto. Se te vienen a la cabeza miles de frases que por un lado sonarían a tópicos grandilocuentes pero que en realidad ni siquiera se acercarían realmente a describir lo que ha pasado. Así que te quedas con las únicas dos palabras capaces de encapsular lo ocurrido: Victor Wembanyama.

El francés se ha estrenado en unas Finales de Conferencia con una actuación que trasciende la matrícula de honor. Nos ha acostumbrado ya a que todo lo que pase sobre el parqué esté condicionado por su presencia, pero verlo en este escenario, ante los vigentes campeones y favoritos al título, y delante del recién nombrado MVP es algo que resulta a ratos inconcebible. Es realmente para no creérselo, en el sentido literal de la frase y no en el figurado con el que habitualmente se emplea.

Y es que Wemby ha terminado con 41 puntos, con 24 rebotes, con 3 tapones y con un sinfín de acciones decisivas en el clutch que han conducido a los Spurs a una victoria en Oklahoma City por 115-122. Una que ha llegado tras dos prórrogas, tras un duelo increíble entre dos equipos absurdamente buenos y tras una oda al baloncesto para los ojos de los aficionados neutrales. Y, por su puesto, tras una exhibición, recital, alarde o el término que más os guste de un joven que viene decidido a marcar una era.

Caruso para todo

Mark Daigneault tardó apenas dos minutos en reconocer que todo su plan de partido iba a tener que adaptarse a lo que Wembanyama quisiese. Con un parcial de 0-7 de salida para San Antonio y un terrible atasco a la hora de atacar una defensa con el galo como ancla, el técnico tuvo que renunciar de inmediato a su quinteto inicial con dos grandes y plantear el choque en base a dos cuestiones. Cómo atacar a Wemby y cómo frenar a Wemby.

Y la respuesta fue la misma: Alex Caruso.

Porque aunque Victor fue el hombre de la noche, el base se habría quedado con esa posición si el triunfo hubiera acabado cayendo del lado de OKC. Daigneault le pidió que fuera su perro de presa en defensa, usando su fuerza y agresividad para compensar su falta de centímetros en la defensa sobre Wembanyama, y Mitch Johnson le exigió que fuese el mejor de los Thunder en ataque dejándolo liberado para poder lanzar el dos contra uno a Shai y que Wemby pudiese proteger la pintura. Y Caruso respondió a ambos.

En ataque, lo hizo con un sensacional 8/14 en triples que le permitió irse a los 31 puntos y castigar esa decisión de los texanos, que sin embargo nunca entraron en pánico y se mantuvieron firmes en ella porque su objetivo, contener a Gilgeous-Alexander, se estaba cumpliendo. Como ante los Lakers, el canadiense se vio muy encerrado y sin espacios para operar, lo que le forzó un partido muy discreto para sus estándares. Uno que, sin los triples de Alex, habría sido mucho más fatal para OKC.

Y sin embargo, donde más brilló el ex de los Bulls fue en defensa. La diferencia de altura con Wembanyama es de casi 30 centímetros, pero compensó cada uno de ellos con su capacidad para anticipar pases, negar la recepción cerca del aro, empujarlo fuera de la pintura, meter manos sobre balón si intentaba botar. En una noche en la que el francés dominó, él fue el único que consiguió ponerlo en aprietos. Algo que estuvo cerca de dar a los Thunder el triunfo pese a sus muchos problemas.

Fue la defensa lo que devolvió a los locales al partido tras verse 10 abajo en el último cuarto, una defensa que no se entiende sin su omnipresencia. Ver a Wemby emparejado con él hacía a los Spurs querer buscarlo continuamente, pero a la vez no eran capaces de encontrarlo en posición de ventaja ni de ver pases claros porque parecía haber dos Carusos a su alrededor. Cuando parecía que los texanos lo tenían en la mano, fue él quien cambió el rumbo del choque y dio a OKC la oportunidad de ganarlo.

El problema es que solo se puede contener al pívot durante un tiempo limitado.

Las veces que haga falta

Algo que sorprende de estos playoffs de Wembanyama es la versatilidad que está sabiendo aplicar a su juego. No porque esté haciendo de todo, ya sabíamos que era capaz de ello, sino por cómo está sabiendo cuándo hacer qué. Ante Minnesota, se le vio jugar mucho por fuera, tratando de alejar a Gobert del aro para generar espacios y castigar las limitaciones de su compatriota. Y hoy, frente a un equipo más falto de centímetros y que ejerce su poderío físico sobre todo en el backcourt, decidió dominar la pintura.

Solo una de sus canastas llegó desde fuera de la zona, en la que se hizo gigante contra lo que lanzase, incluido un Caruso con el que sufrió pero al que terminó dominando en una lección de cómo encontrar soluciones sobre la marcha. Sus tramos de atasco no fueron en vano, pues le permitieron ir aprendiendo cómo se movía el base a la hora de intentar cortar y negarle pases para terminar contrarrestándolo. Ya fuese con fintas, ofreciendo nuevos ángulos o forzando cambios tras bloqueos, acabó encontrando el camino.

Y una vez que lo hizo, fue directo a ganar el partido. Todas las veces que la situación demandase.

Y no fueron pocas. Wembanyama anotó 16 de sus puntos entre el último minuto del cuarto periodo y las prórrogas, un tramo en el que fue todo lo clutch que un solo jugador puede ser. En el tiempo reglamentario, su canasta a falta de 12 segundos estuvo cerca de dar la victoria a los suyos, pero Shai consiguió forzar la prórroga poco después. En el tiempo extra, los Thunder soñaban con el triunfo al verse tres arriba, pero su triple desde 8 metros lo impidió.

Y en la segunda prórroga… todo y más. Anotó tras penetración, corrió en transición para forzar una falta y sumar desde el tiro libre, bailó a Caruso para recibir en la pintura y clavarle un poster a Holmgren, dejó el choque medio sentenciado con un alley oop y terminó de rematarlo con un tapón a Jalen Williams. Imposible hacer más en menos. Ahora sí, el triunfo era suyo.

Pero con todo, aun con la sensación de haber terminado una guerra mundial, este es solo el Game 1. Avanzar a las Finales requiere tres victorias más como esta, que deberán ser igualmente peleadas y que exigirán lo mejor del francés y del resto de jóvenes, que hoy, comandados por Harper y Castle, demostraron una vez más un enorme talento pero también algo de inexperiencia a la hora de manejar el cierre de un duelo con tanto en juego. Aunque no tanto en juego como los siguientes.

(Fotografía de portada: Alonzo Adams-Imagn Images)

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