Chuma Okeke ¿la primera piedra de la reconstrucción de los Magic?


Dentro del gran panorama del deporte americano, tal vez no exista torneo que se viva con los nervios a flor de piel como se vive el March Madness. Y pese a ello, resultaba insólito ver cómo Bruce Pearl rompía a llorar durante su entrevista al descanso del partido que enfrentaba a Auburn y Kentucky por el Elite Eigth. Una intervención ante la prensa de todo menos rutinaria. El entrenador de los Tigers solo fue capaz de pronunciar un nombre antes de derrumbarse: “Chuma…”.

Chuma Okeke era el líder del equipo en el campeonato nacional. O al menos lo estaba siendo hasta que, con 25 puntos en su casillero a ocho minutos de sellar la victoria contra North Carolina en el Sweet Sixteen, un mal apoyo en una acción de tiro acababa con su cuerpo retorciéndose de dolor en el suelo. El ligamento cruzado de su pierna izquierda se quebraba a mitad de camino.

Para una universidad como Auburn, llegar vivo a esas alturas no es la norma. De hecho, aquella era únicamente la segunda aparición de la historia del programa entre los ocho mejores del país. Primera desde 1986. Tantos sueños había depositados en el cruce que Chuma no se veía capaz de estar presente sin poder jugar. Vería a sus compañeros desde la habitación del hotel.

La espera se hacía eterna entre las cuatro paredes del dormitorio, y Okeke no podría aguantar mucho más. El pitido inicial le hizo extender su mano hacia el teléfono móvil. Tenía que acudir al partido a toda costa. Un buen rato después, trayecto escoltado por la policía mediante, Chuma y su familia estaban en el Kansas City’s Sprint Center apoyando a los compañeros del joven alero. La noticia fue compartida inmediatamente por Pearl en el vestuario ante la euforia de un grupo que remontaría una desventaja de cinco puntos para alzarse con la victoria. La Final Four aguardaba, y Chuma Okeke había vuelto a ser el líder de su equipo. Esta vez sin pisar el campo.

Su ascendencia espiritual en el grupo terminó de convencer a unos Orlando Magic que ya le seguían la pista y que le escogerían en el draft de 2019 como su elección de primera ronda. La franquicia de Florida no dudó en tener paciencia con el chico, que recuperaría ritmo de juego en la G League a la espera de firmar un contrato seguro a comienzos de la presente temporada.

Oportunidad abrupta

Una calma que la organización ha perdido con el proyecto que les ha llevado las dos últimas campañas a puestos de playoffs. Las marchas de Vucevic, Gordon y Fournier obligan ahora a comenzar una reconstrucción para la que apenas se han planificado plazos aún. Y el mismo Okeke ha aprovechado el reinicio para hacerse con un puesto en el quinteto titular. A priori de manera definitiva por lo que resta de temporada. Los dubitativos primeros meses de carrera NBA han alcanzado su recompensa.

Su introducción en la dinámica del equipo ha sido paulatina en lo que llevamos de regular, disputando aproximadamente 22 minutos por partido en los que ha registrado números bastante discretos. O al menos así era hasta su reciente explosión.

Desde la descomposición de la plantilla, Okeke ha incrementado su aportación numérica de forma exponencial. En sus reasignados 32 minutos por partido ha mejorado sus cifras en puntos de 4,9 a 15,6, a los que añade 6,2 rebotes y 3,2 asistencias. Todo ello multiplicando por cuatro su volumen de tiros y mejorando sus porcentajes hasta situarse en un 50% en tiros de campo y un 40% en triples.

Sin embargo, el caso del alero —o ala-pívot— de los Magic no es el de un jugador que aproveche la tesitura para asumir galones que le vienen grandes. De hecho, su rol en pista está muy acotado a ser un anotador de apoyo y a la defensa de perfiles de alero físico. Y no es porque sobren los jugadores auto-suficientes, sino porque Okeke es muy consciente de su papel en pista. Toda su aportación es consecuencia de seguir las pautas que la pizarra de Steve Clifford le tiene asignadas. Las cuales, al menos de momento, están lejos de asumir protagonismo con balón. Siendo el segundo jugador que más puntos aporta en este tramo, tan solo ocupa el séptimo lugar en porcentaje de uso —19,1% de jugadas acaban con tiro, asistencia o pérdida del rookie—.

Sin nadie a los mandos

Ahora mismo Orlando es un campo de probaturas en el que la única jerarquía existente es la libertad otorgada a Terrence Ross para tirar. Desde que es titular, Chuma no ha repetido un quinteto de inicio. Pero sean quienes sean sus acompañantes, esto repercute más bien poco en su comportamiento en pista.

Okeke ejecuta todas sus acciones desde detrás de la línea de tres puntos. Es raro verle recibir balones interiores o en poste alto, aunque demuestra cierta soltura en estos lances. Apenas corta hacia canasta. La mayoría de sus ataques al aro vienen después de que un pase le encuentre en ventaja exterior y con su defensor llegando. Acción en la que Okeke puede camuflar su falta de explosividad en el primer paso. Posiblemente derivando de sus problemas de rodilla, a esto se le une su facilidad para quedar desequilibrado en contactos camino del aro, que no le permiten finalizar limpiamente sus bandejas.

El novato también sufre cuando tiene que echar el balón al suelo con la ventaja sin generar, acabando muchos de sus intentos de penetración obligados a parar en seco y reiniciar jugada. Sin embargo, sí que tiene una buena lectura del 2×2 con interiores en situaciones similares al p&r, pese a no prodigarse demasiado en ellas. Su habilidad en el pase se extiende a encontrar los cortes de sus compañeros desde cabecera, jugada que sí repite con asiduidad.

Potencial defensivo en la escasez Magic

Al otro lado de la cancha la aportación de Chuma quizás sea la mayor constante defensiva que ha encontrado Orlando en los últimos partidos. En un contexto defensivo complicado, Okeke se ha demostrado capaz de ser un buen defensor sobre balón gracias a su corpulencia y potable movilidad lateral, sobre todo defendiendo cerca del aro. Cualidad a la que añade una buena lectura de las ayudas desde lado fuerte a la hora de provocar la pérdida. Sin embargo, todavía tiene despistes típicos de rookie en su defensa del lado débil, los cuales se pudieron ver en su pasado partido ante Nuggets.

El rebote es otro de sus puntos fuertes, consiguiendo la mayoría de sus capturas desde su inteligencia en el posicionamiento y no imponiéndose físicamente. Prueba de ello son sus casi dos rebotes por noche en tablero ofensivo, un dato altísimo para un jugador que, como he comentado, acostumbra a vivir lejos del aro. Igualmente interesante resulta su capacidad de correr después de coger el rebote defensivo, donde sí se siente con confianza para botar el balón él mismo y encontrar a sus compañeros en transición.

En el cómputo global, Chuma Okeke aparece como un jugador limitado. Es difícil calcular cuánto de estas limitaciones se deben a las mellas físicas derivadas de la lesión, pero su realidad actual es lo que es. Pero no por ello deja de ser un perfil tremendamente válido en su contexto. El alero necesitaba una oportunidad como esta para demostrar, especialmente a sí mismo, que es capaz de jugar a buen nivel en esta liga. Su salto estadístico no es ni mucho menos intrascendente, pues de momento está permitiendo competir casi todas las noches a una plantilla pobre y sin rumbo.

Dentro de una franquicia que ha renunciado a su futuro inmediato y que vive en un limbo a la espera de la próxima offseason, nunca sobran los perfiles como Chuma Okeke. Un jugador cuyo juego y carácter bien podrían definirse desde un altruismo extremo que dota de estabilidad a todo lo que le rodea.

(Fotografía de portada de Al Bello/Getty Images)


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