Serie ‘Despachos NBA’: R.C. Burford y la dinastía Spurs

Seguimos estudiando la NBA desde una perspectiva histórica. Porque la liga que todos conocemos hoy en día ha sido construida en miles de episodios, de historias, de personajes y de pequeños detalles que han aportado su granito de arena en la confección de una narrativa global que se ha ido reproduciendo hasta la actualidad. En esta recopilación de artículos en concreto trataremos aquellas figuras que han sido clave en la evolución de la liga desde los despachos. Sí, en efecto, hablamos de los general managers. En este octavo artículo hablaremos sobre la figura de , uno de los máximos responsables de la gran dinastía en la que se han convertido los .

Primera entrega: Wayne R. Embry, el primer ejecutivo afroamericano de la historia de la NBA

Segunda entrega: La obra maestra de Jack McCloskey, los ‘Bad Boys’

Tercera entrega: el gen Colangelo

Cuarta entrega: Jerry West, el logo de las oficinas

Quinta entrega: la sonrisa de Salt Lake City

Sexta entrega: en un lugar llamado Auerbach

Séptima entrega: la irrupción de Sam Presti


La historia reciente del baloncesto en San Antonio no se entiende sin la figura de R.C. Buford. La narrativa general de los últimos 25 años de los Spurs se ha sustentado sobre los hombros de , y , y el ingenio de . En las sombras, ha sido el ejecutivo el encargado de escribir el prólogo y de tejer los hilos del gran éxito recopilado por la organización. Fue su visión sobre cómo debería funcionar una organización y su ojo clínico para captar talento lo que ha impulsado a los Spurs hasta convertirse una de las dinastías más duraderas del deporte profesional.

Como jugador, Buford se formó en las universidades de Texas A&M y Oklahoma State, aunque se definió a sí mismo como “horrible”. Si bien comprendió demasiado pronto que botar la pelota no era lo suyo, descubrió que organizar desde el banquillo, reclutar nuevo talento y trabajar desde los despachos se le daba bastante mejor. Podría haber seguido los pasos de su padre, un exitoso hombre de negocios en Wichita, quien le hubiera abierto las puertas del consejo directivo de alguna de sus empresas. Pero Buford optó por labrarse su propio camino. “Construyó una carrera para sí mismo y lo hizo así porque era inflexible”, explicó Doran Gentry, un compañero de Buford en el instituto. “Era fiel a su pasión y a su corazón. Esa ha sido la clave de su éxito.”

Larry Brown le abrió las puertas de su staff técnico en Kansas en 1983. Durante sus cinco años como entrenador asistente absorbió todas las enseñanzas necesarias de su mentor, quien fue elegido Mejor Entrenador Universitario en 1988 tras liderar a los Jayhawks al título de la NCAA. Ese mismo año, Brown fue contratado como head coach en San Antonio y Buford se fue con él. A su vez, Gregg Popovich fue contratado como asistente tras hacer campeón de la NCAA III a Pomona-Pitzer por primera vez en su historia. Entonces, ni el general manager Bob Bass ni la cúpula propietaria era consciente de la gran relevancia que adquiriría en pocos años aquel dúo.

Por supuesto, ambas personalidades, de carácter e ideales muy similares, no tardaron en casar. “Trabajé para Larry Brown durante 11 años y también con Pops. Fue un doctorado de baloncesto cada día”. Fiel a su maestro, Buford acompañó a Brown durante la breve estancia de este último en los Clippers antes de unirse al cuerpo técnico de Lon Kruger en la Universidad de Florida. Después de que los Gators alcanzaran la Final Four de 1994 fue entrevistado para el puesto de head coach en Pepperdine, donde finalmente contrataron a Tony Fuller. Una desilusión que rápidamente se mudaría de piel hacia la oportunidad de su vida.

Ese mismo año, Popovich había ascendido en el organigrama hasta el punto de ser designado como vicepresidente ejecutivo y general manager de los Spurs. Ambos habían forjado un estrecho vínculo años atrás y Pops contrató a Buford como director de scouting. Dos años después, la familia Holt compró el equipo y, desde entonces, este sólido núcleo se ha mantenido unido. “Construimos todo esto juntos. Mi papel en ello ha sido orientar todo esto hacia un proceso común. Todo funciona mejor si vamos paso a paso. Y ha funcionado porque hemos tenido buenos jugadores. El sistema nos ha ayudado a no arruinarlo después.”

Construyendo el puzzle de la dinastía

No fue hasta 2002 cuando tomó oficialmente el cargo de general manager pero su trabajo y sus decisiones se hicieron notar desde su llegada a la franquicia. Porque fue Buford el que abrió las puertas para la llegada de Tony Parker y Manu Ginóbili.

Él supo que Tony Parker iba a ser una estrella desde que lo vio jugar por primera vez. Convencer a Gregg Popovich de ello era otro asunto. Un plan en el que contó con la inestimable ayuda de Sam Presti, casi tan importante como él en la resolución final. Popovich, entrenador y jefe en la toma de decisiones del equipo en ese momento, no quedó para nada impresionado con aquel joven base francés tras su primer entrenamiento privado. Fue tal la indiferencia que despertó en él que se limitó a definirlo como “simplemente otro chico flaco más.”

Buford, que se desempeñaba como subdirector general de Popovich, creía ciegamente en el base francés y no aceptaba un no por respuesta. El scout y asesor de vídeo, Presti, también, así que hizo una segunda cinta con algunas de las mejores jugadas y movimientos de Parker. “Una vez que Pop vio que Tony si podía hacer todas las cosas que pensó que no podía hacer, abrió los ojos un poco. La segunda vez que Tony trabajó con nosotros, cinco minutos después del entrenamiento apartó a todos a un lado y dijo: ‘este chico comenzará la temporada con nosotros’.”

Como resultado de la persistencia de Buford, los Spurs seleccionarían a Parker en la 28ª posición del draft de 2001. Al quinto partido tras su debut ya se había convertido en el base titular del equipo, puesto que mantendría hasta el final de sus días en San Antonio. “Si no fuera por R.C, no habría llegado hasta aquí”, explicaría el jugador años después.

Tampoco Ginóbili. “Era como un potro salvaje. Hacía auténticas locuras. Algunas tenían sentido y otras no tanto.” Para recopilar toda la información posible del joven jugador de Bahía Blanca contactó directamente con el entonces seleccionador nacional Julio Lamas. Y no solo quiso confirmar detalles técnicos de su juego, sino también aspectos muy diversos como su coeficiente intelectual, su nivel de inglés, su ambiente familiar y su grado de educación. “Sabemos lo que queremos de un jugador. Que trabajen, con un gran carácter, orientados al trabajo en equipo, mentalmente duros, que entrenen duro y desinteresados. Hay jugadores de la NBA que no encajan en nuestro sistema y hay jugadores de los Spurs que no pueden encajar en otro lugar.”

En aquel draft de 1999, los Spurs escogieron a Ginóbili en la 57ª posición. En los despachos, no obstante, también seguían muy de cerca a Gordan Giricek. Así, Buford y Popovich acordaron enviar a Leon Smith (29º pick de aquel mismo año) a Dallas a cambio del escolta croata y una futura ronda. Manu optó por seguir en Europa hasta 2002, donde lo ganó todo con la Virtus Bolonia y se convirtió en una estrella. “Si hubiéramos sabido en lo que se iba a convertir lo hubiéramos elegido en el lugar de Giricek y no hubiéramos esperado hasta el puesto 57. Tuvimos suerte de poder seleccionarlo tan atrás”. Giricek nunca jugaría con los Spurs y sus derechos serían traspasados a Memphis.

En San Antonio rodeaban de esta manera a Tim Duncan y asentaban las bases de un equipo de leyenda que sumaría otros cuatro campeonatos (2003, 2005, 2007 y 2014) al conquistado previamente en 1999. El trío con más victorias en la historia de la NBA asentaría la columna vertebral del equipo durante 15 años. Paralelamente, el trabajo de reclutamiento de Buford tampoco disminuiría. “Tiene una capacidad única para vislumbrar el talento. Puede ver a un jugador, hacer las preguntas correctas y ser creativo para descubrir dónde, cuándo y cómo encajará cada pieza en el futuro”, afirmaría Presti. “Imagina en cada momento el desarrollo que debería tener cada jugador para beneficiarlos a ellos mismos y al equipo en su conjunto. Simplemente toma una perspectiva más amplia y global que la mayoría de las personas en puestos similares”.

Estas palabras sirven para explicar la longevidad de un proyecto que ha mantenido prácticamente inalterable su cúpula mientras otras franquicias ‘quemaban’ entrenadores y directivos a un ritmo frenético tras constantes y numerosos fracasos. El propio Buford trabajaba más que nadie, viajando una media de 120 días al año, normalmente a Europa, con el fin de reclutar todas esas piezas que él veía necesarias para mantener la competitividad del equipo. “Muchos no son capaces de juzgar a los jugadores en términos de competitividad, pero R.C. sí. Sabe quién va a ser capaz de mejorar y quién no, quién será capaz de dar un paso adelante, manejar la adversidad, soportar la presión y todo ese tipo de cosas”, declararía Popovich.

Las limitaciones propias de un mercado pequeño como el de San Antonio obligaron a Buford a agudizar su ingenio y rodearse del mejor equipo posible. El excelente departamento de scouting se especializó en el ámbito de ‘capturar’ el mejor talento posible y adaptable a un sistema muy definido, primando el rendimiento colectivo sobre los grandes nombres. Así aterrizarían los propios Parker y Ginóbili y, posteriormente, jugadores como Boris Diaw, Tiago Splitter, Aron Baynes, Patty Mills, Nando de Colo, Corey Joseph o Marco Belinelli, todos ellos componentes de aquellos internacionales Spurs campeones en 2014. Aquel año también estaría presente Kawhi Leonard, nombrado MVP de las Finales, quien había llegado a San Antonio a cambio de George Hill, sacrificado en aquel movimiento pese a ser uno de los favoritos de Popovich.

Buford ha sido un engranaje vital en todos los éxitos de unos Spurs que, hasta la suspensión de la temporada por el COVID-19, han recopilado un total de 22 apariciones consecutivas en playoffs. Pese a ello, el directivo ha optado siempre por mantenerse en un segundo plano, permitiendo que los focos recaigan sobre los jugadores y el cuerpo técnico. “Es desinteresado y quiere permanecer siempre en un segundo plano. No le gusta hablar de sí mismo. Por eso se ven muy pocas citas o declaraciones suyas. Simplemente, no quiere publicidad, explicaría Presti. “Es muy inteligente y puede ver las cosas desde fuera. Y hacerlo sin ego. Da a todos los que trabajan con él la oportunidad de hacer contribuciones. Siempre te escucha”, serían las palabras de Danny Ferry, campeón con los Spurs en 2003 como jugador y que posteriormente trabajaría en las oficinas con Buford hasta ser nombrado general manager de los Cavaliers.

En verano de 2019, Buford dio un pequeño paso hacia una nueva etapa en San Antonio al delegar sus funciones en Brian Wright. Él, por su parte, cumple funciones de CEO de la franquicia mientras se implica de lleno en la empresa Spurs Sports & Entertainment, organización, de la que es el actual presidente, dueña de los Spurs, de los Austins Spurs de la G-League y del club de fútbol San Antonio FC.

Si observamos lo coherente y metódica que ha sido la oficinal principal de los Spurs en realizar todos estos pasos, es fácil comprender el gran éxito cosechado durante tanto tiempo.


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(Fotografía de portada de Brian Bahr/Getty Images)


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